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España y Pearl harbor

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ESPAÑA Y EL ATAQUE

La reacción española al episodio en el Pacífico merece más atención. La gran

pregunta que surgió en aquel momento fue: ¿y si el Eje no gana la guerra?

 

Artículo dentro del Dossier “Hacia Pearl Harbor” en Historia y Vida (Barcelona), nº 585, (Dic 2016): 27-49

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 Al tratar la guerra del Pacífico y Pearl Harbor, los libros españoles apenas se refieren a una felicitación del ministro de Exteriores, Ramón Serrano Suñer, pero la reacción española tuvo muchos matices adicionales. Entre otras razones, porque España ya era consciente entonces de que solo llamando a la puerta americana podría conseguir el petróleo que desesperadamente necesitaba, y Estados Unidos ya había diseñado un plan de ventas controladas para que el combustible se consumiera únicamente en España, sin pasar a manos alemanas o italianas. Washington tenía la idea clara, expresada en el Acta de Defensa Nacional, de que era necesario evitar que España se echara en brazos del Eje, y Pearl Harbor ayudaría en ese propósito. Las negociaciones entre españoles y estadounidenses para aumentar la venta de petróleo se cancelaron a raíz del ataque sorpresa nipón, y no solo desencadenaron nuevas restricciones en España, sino una urgencia que favorecía a los americanos.

 

Hagan sus apuestas

 

Ese parón en el suministro petrolífero estaba enmarcado en las elucubraciones que se hacían en España sobre el resultado de la guerra. Y estas elucubraciones no fueron tan favorables al Eje como parecen indicar la felicitación del ministro de Exteriores o el comentario del representante japonés en nuestro país, Yakichiro Suma, que aseguró que le dolía la espalda de tantos parabienes. Antes bien, predominó la especulación. Cabía la posibilidad de que el ataque nipón hubiera destrozado toda la flota americana (de lo que habría tardado varios años en recuperarse), pero tampoco estaba claro si el potencial industrial americano se podía adaptar rápidamente a las necesidades militares, porque los submarinos alemanes estaban hundiendo numerosos buques y convoyes estadounidenses. Washington, además, tendría que defenderse a izquierda y derecha, en el Pacífico y en el Atlántico. El gigante norteamericano, por otra parte, era visto por los españoles como un lugar repleto de gentes de diversas “razas”, seguramente incapaces de sumarse en un objetivo común. Los negros, los judíos y los emigrantes de países europeos (la emigración asiática había sido detenida o expulsada y todavía no habían comenzado a llegar africanos o habitantes de Oriente Medio) parecían una mezcla más proclive a la división que a formar un frente común contra el invasor, además de que las comunidades alemana e italiana eran especialmente influyentes. Pudiera ser que Japón anulara a Estados Unidos, o no… Y a ello se agregaban los crecientes reparos por la falta de una victoria definitiva alemana en la URSS o los contraataques británicos contra las tropas italianas en Libia.

 

Dudas sobre Alemania

 

En pocas semanas, no obstante, los españoles que apostaban por el poderío estadounidense se reafirmaron en su posición, igual que sucedió con un sector del régimen fascista en Italia. Pearl Harbor, por ello, obligó a reformular la pregunta del millón: ¿podrá no ganar Alemania la guerra? Hasta hacía poco era cuándo la ganaría, pero las tornas habían cambiado. [49]

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