Florentino Rodao

 

EL ESTALLIDO DE LA GUERRA DEL PACIFICO Y SUS REPERCUSIONES EN
EL CONTEXTO POLÍTICO ESPAÑOL
España y el Pacífico, Antonio García-Abásolo (ed.)
Córdoba, Asociación Española de Estudios del Pacífico, 1997, pp. 283-194.

INTRODUCCIÓN

La bibliografía sobre la participación española en la II Guerra Mundial ha estudiado de forma muy fragmentaria el comienzo de la Guerra del Pacífico. El 7 de diciembre de 1941 se ha considerado como un hecho adicional entre las numerosas batallas ocurridas entonces, más que como un punto y aparte en el desarrollo de la II Guerra Mundial. Javier Tusell, por ejemplo, señala en su libro Franco, España y la II Guerra Mundial: “Para los Españoles […], la definitiva ampliación de la guerra no supuso nada nuevo”[2]. Las razones vienen de la escasa atención que, relativamente, la prensa hispana prestó a la extensión de la guerra al Pacífico: las hostilidades ya habían comenzado en Europa hacía más de dos años, el propio Japón ya estaba desde 1937 guerreando en China y, además, estaba excesivamente alejada de los escenarios en Europa, considerados los principales.

Pearl Harbor, no obstante, influyó bastante a España, tanto para su relación con los países beligerantes y neutrales como en las disputas dentro de las diferentes familias políticas del régimen. Vamos a tratar de analizarlo estudiando su impacto desde la perspectiva de la política exterior, del análisis militar y de la política interna española.

 

1.- LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA Y LA GUERRA DEL PACÍFICO.

Las noticias sobre el ataque japonés en Pearl Harbor hicieron creer a muchos españoles que la victoria definitiva del Eje tenía ya el camino despejado. Al igual que japoneses, italianos o alemanes, pensaron que la anunciada destrucción de la flota norteamericana sería suficiente para inmovilizar a este país durante varios años. El ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer, quien fue visto radiante tras conocer la noticia, fue uno de ellos[3]. Muestra de ello es que, tras recibir la visita del embajador norteamericano Alexander W. Weddell y del ministro japonés, Suma Yakichirô (el apellido antes del nombre), envió un telegrama de felicitación a Tokio por sus victorias[4] y dio instrucciones al personal a su cargo para que hiciera lo mismo a la Legación japonesa en Madrid[5]. La prensa oficial apoyó fervorosamente a Japón y el influyente “Semanario de Política Exterior y Economía”, Mundo, lo expresó con el florido lenguaje usado entonces: “La presente conflagración universal servirá de instrumento al orden nuevo, que España apetece: es la fe y la esperanza, que nos hacen varonilmente superar las duras pruebas por las que el mundo todo está pasando”[6].

Mientras tanto, el Ministro de España en Tokio con rango de Embajador, Santiago Méndez de Vigo y Méndez de Vigo, tuvo una actitud bien diferente a la de Serrano Suñer. Tras haber cenado la noche anterior con su colega y vecino, Joseph C. Grew, embajador de Washington, Méndez de Vigo fue a buscarle en cuanto oyó las noticias de la radio informando del ataque japonés en Hawai’i, Filipinas y Guam. Grew había salido a una entrevista con el Ministro de Exteriores nipón, en la que fue informado de la ruptura de las negociaciones nipo-norteamericanas, pero no del comienzo de la guerra y, cuando regresó, fue el propio Méndez de Vigo quien le dijo las noticias de la radio a la puerta de la Embajada[7].

El diferente comportamiento de Serrano Suñer y Méndez de Vigo muestra la diversidad de la opinión española ante el ataque japonés. No obstante, la posición oficial de Madrid ante el conflicto no tuvo excesivos problemas en ser definida y el 18 de diciembre, tras un Consejo de Ministros, el Ministerio de Exteriores difundió la postura oficial: “España, como en la fase anterior del conflicto, mantiene su posición de no beligerancia”[8]. Ello, después de haberse entrevistado Serrano Suñer con los embajadores británico, luso, japonés y del Vaticano; el ministro habló sobre la postura española, pero también hubo de buscar información lo más reciente posible sobre Japón, porque los últimos informes directos desde su representación en Tokio estaban fechados en los meses de agosto y septiembre[9]. A falta de información reciente de primera mano, la posición oficial se decidió, aparentemente, atendiendo a razones generales, tal como indicaba la propia nota oficial. Si hubo discusión sobre ello, no pudo ser mucha, porque la falta de información impedía una concreción mayor.

Las diferentes actitudes ante la Guerra del Pacífico se vieron por primera vez a propósito de la toma del Timor portugués por las tropas aliadas desde Australia, para evitar la ocupación de la parte holandesa de la isla aprovechando la neutralidad lusa. Mientras que Arriba aprovechó para criticar a Gran Bretaña[10], ABC apuntó la difícil posición de Lisboa: su neutralidad podía hacer innecesaria la ocupación de su colonia, pero tampoco el Pacto Mutuo con el Reino Unido podía evitar la utilización de esta isla como base contra Japón[11]. Finalmente, el día 20 de febrero de 1942, las tropas niponas acabaron ocupando toda la isla; declararon que no había interés sobre las colonias portuguesas y añadieron oficiosamente que su ocupación estaba motivada por la presencia de tropas enemigas. Para entonces, no obstante, los conflictos internos impidieron que la prensa española se ocupara sobre Timor, tal como veremos en el caso de Filipinas.

 

1.1- LA GUERRA LLEGA A FILIPINAS.

Filipinas provocó mayor atención que Timor. No sólo influyeron los lazos históricos, sino también los fuertes intereses españoles en las islas e incluso la futura independencia, prevista para 1946. España buscaba una mayor influencia aprovechando la prevista salida norteamericana y había visto la rivalidad entre Japón y Estados Unidos como algo relativamente conveniente para sus intereses, prefiriendo la hegemonía de Tokio como mal menor (y transitorio). La parte correspondiente del libro de José María Cordero Torres sobre los Aspectos de la Misión Universal de España, afirma que no atenta “a los derechos de España la organización regional de las comunidades políticas del Extremo Oriente bajo la supremacía de los países más adelantados a él, a condición de que no se dé a esta organización un carácter hostil al interés legítimo de España”[12]. Sin una cierta aquiescencia nipona, no podía pensarse en el “mandato civilizador” asignado en el mismo libro a Filipinas sobre otros territorios malasios y micronesios.

Esta postura pro-nipona en las Filipinas había sido consecuencia de la imagen ideal de Japón generada durante la Guerra Civil. Se había sentido una fuerte identificación con este país y como consecuencia se vislumbraba una colaboración mutua, tanto frente a la ocupación americana como frente a británicos y holandeses.

La imagen ideal de Japón, no obstante, acabó en el verano de 1941, cuando se percibió que Tokio no valoraba ninguna antigua potencia colonial y que llevaba su propio camino para la construcción de ese Nuevo Orden, tal como demostró el hecho de no haber seguido a Hitler en la declaración a la Unión Soviética. Los japoneses ejercían un dominio absoluto sobre el Asia Oriental en el que no dejaban hueco a amigos ni a enemigos. La condición que señalaba Cordero Torres no se cumplía y fue significativo un artículo aparecido cuando los tambores de la guerra ya estaban preparados; el mismo 7 de diciembre de 1941, la página sobre “Hispanidad” de la revista Mundo, mostraba una preferencia del dominio norteamericano frente al japonés en Filipinas y llegaba a asegurar que la influencia española podía convivir con la potencia colonial de entonces:

“Pero sin humor de reconquistas, sin altiveces desproporcionadas a lo posible, España puede convivir, en lo social, con la influencia definitiva que hoy obra sobre el Archipiélago […] El instrumento existe, debe ser manejado con el cuidado de no despertar suspicacias en el todopoderoso interventor político e internacional […] por esto, nuestra preocupación y nuestro tacto deben ser para conservarlas [Filipinas] dentro de nuestra espiritualidad, que es todo lo que pretende la HISPANIDAD”[13].

El comienzo de las hostilidades provocó que ese cambio en las imágenes se plasmara en la postura oficial de Madrid y se proclamó, por primera vez, el deseo de unas Filipinas independientes: “Nuestro anhelo más vivo de españoles se cifra en la superación de la fatalidad geográfica y en la continuidad de la vida independiente, civilizada y cristiana de Filipinas”[14]. Aunque se aceptaba que Japón ocupara las colonias holandesas o británicas, o el denominado “pueblo malayo”, no ocurría lo mismo con las Filipinas, un pueblo “civilizado y cristiano[…], formado a los pechos de España”[15]. Esta postura fue asumida por las diferentes facciones y ni siquiera entre los ambientes más pro-japoneses en España se percibió como un dato positivo la ocupación de Filipinas. Se escribió con sentimiento sobre el hecho que la antigua colonia española hubiera caído de pleno, sin desearlo, en el campo de batalla de las otras dos influencias que podían competir con la hispana; la japonesa y la norteamericana:

“La fatalidad geográfica pone a las Islas Filipinas en medio de la lucha por el dominio del Pacífico. Los Estados Unidos querían hacer de ellas una barrera y el Japón las necesita como un puente hacia los mares del sur. El vástago más remoto de la Hispanidad se halla ante la encrucijada más grave de su destino”[16].

Las noticias reflejadas en la prensa mostraron de nuevo las diferentes afinidades, pero también el carácter de test político donde las discrepancias eran lo suficientemente importantes como para luchar por los contenidos de las noticias. La actuación del Cónsul General de España en Manila, José del Castaño y Cardona, fue complicada. Falangista militante, sus telegramas tendieron a despejar la preocupación en la península ante los avances nipones, coincidiendo con la política del Ministro Serrano Suñer, y el 11 de diciembre, por ejemplo, afirmó que todos los españoles estaban bien y que la mayoría preferían permanecer en Manila[17]. El Ministerio de Exteriores publicó algunos de estos telegramas tranquilizadores, pero por su lado el periódico ABC sacó noticias llegadas por medio de la delegación de la agencia EFE en Nueva York, hablando de una monja española fallecida en la ciudad de Iloilo, en la isla de Panay[18].

Exteriores trató de terciar por medio de la difusión de un extenso comunicado, con la idea de que sería “un buen material para guiar los sentimientos populares”[19]:

“Con el fin de tranquilizar a los españoles que tienen parientes o intereses en Filipinas, y como ampliación de la nota ayer facilitada, en la que se comunicaba que una religiosa española había sido la única víctima de esta nacionalidad en los bombardeos realizados sobre el Archipiélago Filipino, hay que añadir que otras fuentes informativas aclaran que esta religiosa ha sido solamente herida.

Con este motivo, el gobierno de Tokio, al poner de relieve el escaso número de víctimas civiles ocasionado por los bombardeos de la aviación nipona, declara que ésta busca exclusivamente los más rigurosos objetivos militares en sus ataques a las Filipinas, ya que tan sólo un herido casual hay que lamentar en la colonia española, que cuenta con cerca de cincuenta edificios de instituciones religiosas, a más de varios centros culturales y numerosos establecimientos comerciales”[20].

El carácter pro-japonés de la nota no dejó sin reacción a la Embajada estadounidense, la cual emitió un comunicado expresando su sorpresa porque la nota estaba “dando una impresión falsa” y pidiendo le fuera concedido a su punto de vista tanta publicidad como a la nota anterior, desdeñándola como “nota del ministro de Japón”[21]. El Ministerio de Exteriores fue claramente perturbado por el texto de la nota y negó tajantemente ser intérprete del gobierno japonés como una acusación maliciosa, afirmando también que sus informaciones habían incluido algunas radios norteamericanas. Sus preferencias volvían a quedar claras, no obstante, en uno de los primeros párrafos: “en cuanto lleguen los japoneses, Castaño podrá telegrafiar libremente”[22].

El embajador de Washington, siguió difundiendo información sobre los ataques aéreos japoneses enviando copia de sus notas verbales a todas las representaciones diplomáticas[23]. Sin embargo, el ministro Serrano Suñer desactivó la polémica; entre otras razones, porque pudo confirmar por medio de su propio cónsul en Manila las noticias sobre destrucciones de iglesias a causa de los bombardeos japoneses. Ya no fueron publicados en la prensa más telegramas desde Manila y sus órdenes a la capital filipina fueron informar a los japoneses de las localizaciones de los edificios para evitar una destrucción mayor[24].

 

1.2- PEARL HARBOR Y AMÉRICA LATINA

Dos hechos claves en las relaciones españolas de la posguerra tuvieron lugar poco después de Pearl Harbor. Uno de ellos fue la puesta en marcha de la “Unión Ibérica”, tras una entrevista entre el dictador portugués, Antonio de Oliveira Salazar y el español, Francisco Franco, como un intento de lanzar un bloque de naciones neutrales[25]. Las entrevistas de Serrano Suñer y las referencias de la prensa a Timor ya nos han mostrado el papel de referencia que tuvo Lisboa en la relación con Japón, que se vería aumentado según transcurría el conflicto y las tensiones aumentaban[26]. El otro hecho clave, y el más importante, fue la III Conferencia de Cancilleres americanos, celebrada en Río de Janeiro durante los últimos días de enero y primeros de febrero de 1942. Allí, la mayoría de los gobiernos americanos se solidarizaron con Washington y decidieron romper relaciones con el Eje, llegando algunos incluso a declarar la guerra. Los deseos hispanos de mantener neutrales a los regímenes de América Latina fracasaron definitivamente y sólo Chile y Argentina mantuvieron esa neutralidad deseada por España; aún así, no obstante, el status legal de Washington era diferente al de Tokio[27].

Río de Janeiro fue un fuerte golpe para el aislamiento de España frente a estos países: el panamericanismo liderado por Washington derrotó definitivamente las ansias de panhispanismo abogado por Madrid. Las relaciones y la posible influencia hispana en América Latina llegaron a su punto más bajo, en buena parte como consecuencia de esa afinidad hacia Japón con que fue vista la posición española. La victoria estadounidense fue gracias a haber encontrado un enemigo común para todo el continente, y de nuevo encontramos en la página de Rodolfo Reyes dedicada a la “Hispanidad” en la revista Mundo un fuerte resentimiento hacia el entonces amigo de España: “esa agresión ha existido, es verdad, pero en Asia, sobre posiciones cubiertas por la bandera norteamericana[…] pero no sobre suelo americano”[28]. Por primera vez se reconoció la parte de culpa nipona en Pearl Harbor.

Además, España fue la potencia defensora de los intereses de los ciudadanos japoneses en buena parte de América, lo que ayudó a aislarla más aún a lo largo del continente. Meses más tarde, el embajador español en Washington, Francisco José de Cárdenas, le señaló a Suma durante una visita a Madrid que esa designación había sido objeto “de toda clases de desprecios”[29]. El reproche a Japón por el deterioro de las relaciones con Latinoamérica, por su lado, no se limitó a conversaciones personales, sino que fue asumido por el Ministerio de Exteriores después de la salida de Serrano Suñer. Así, poco después de asumir Jordana el cargo de nuevo, fue emitida una nota oficial en relación con las “campañas antiespañolas” en la que se explicaba el carácter humanitario de la representación de los intereses japoneses, “ante la reiteración de la campaña que en algunos países de América viene desarrollándose desde hace meses contra los representantes de España por su actuación, especialmente a partir de la entrada de Japón en la guerra”[30]. Esa espina clavada por Japón estaba haciendo mucho daño a la política exterior española.

 

1.3- EL CADA VEZ MÁS DIFÍCIL SENTIMIENTO PRO-JAPONÉS

A lo largo de los primeros meses de la guerra, las victorias militares niponas extendieron la Esfera de Co-prosperidad Oriental como una balsa de aceite. El sentimiento de admiración hacia Japón, obviamente, se manifestó a distintos niveles, pero es interesante observar que la prensa española no lo utilizó excesivamente, si lo comparamos con los períodos anteriores.

Así, un editorial de Arriba aparecido pocos días después de la caída de Manila, si bien criticaba a los Estados Unidos, se cuidaba de halagar abiertamente a Japón[31]. Serrano Suñer, por su parte, evitó dar publicidad a una nota japonesa sobre la tranquilidad entre la colonia española en Manila; el texto acababa señalando: “pueden hacer Uds. público un telegrama como de procedencia del cónsul general español en Manila en el sentido de que la colonia española en Filipinas se encuentra bien y sin novedad (…) esperando haga uso de este telegrama en la forma que mejor le parezca a Vd….”[32]. La acusación norteamericana de “sostener y proteger los actos inhumanos cometidos por Japón” parece que le afectó a Serrano Suñer y decidió no dar publicidad al primer telegrama de Castaño desde la Manila japonesa, llegado al día siguiente de la nota mencionada con anterioridad.

El falangismo militante, también, se cuidó de exagerar su pro-japonismo. Las razones de ello parecen ser dos: las presiones estadounidenses y la tensión sobre Filipinas. El cese temporal del suministro de petróleo por parte de Estados Unidos tuvo que ver en ello; las conversaciones para volver a suministrarlo comenzaron en enero y en ellas España debió admitir que funcionarios americanos controlaran la distribución para impedir su desvío a las naciones del Eje. La amistad hispano-japonesa no pudo dejar de estar relacionada con el enfriamiento de la postura de Washington, aunque nunca hemos encontrado documentación que lo mencione expresamente, y el enfriamiento del sentimiento pro-nipón siempre hubo de ser una de las contrapartidas más sencillas que se guardara España para conseguir concesiones americanas.

Filipinas, por su parte, siguió amargando las alegrías falangistas por las victorias niponas. La información remitida a mediados del mes de enero de 1942 por el Ministro Méndez de Vigo en Tokio mostró con crudeza los intereses enfrentados de japoneses y españoles, al informar de críticas contra el período español en las Filipinas, en las que se venía a afirmar que “Japón había liberado al pueblo filipino de la opresión de los regímenes pasado de Estados Unidos y España”[33]. Por su lado, las nuevas autoridades de Manila pusieron las mismas restricciones a Castaño para enviar telegramas al exterior: no podía enviarlos en código y había de usar también la lengua inglesa. La única diferencia fue que llegaban por medio de Tokio en lugar de hacerlo por Washington.

La anterior admiración ideal hacia Japón probó estar basada más en ilusiones que en realidades. Así, cuando Castaño sugirió en dos ocasiones al Ministerio intermediar con el poder japonés para intentar evitar el sufrimiento y la destrucción en la población civil de Manila “en atención a los sentimientos afectivos tradicionales de los españoles al pueblo filipino e inspirado por motivos humanitarios”, Exteriores no quiso tomar ninguna medida, sabedores quizás de lo difícil que sería influir ante las autoridades niponas[34].

La amistad se había puesto a prueba, y si se resolvió la tensión fue gracias a la flexibilidad española, conveniente ante una estrella en ascenso como entonces parecía Japón. Serrano Suñer, en los primeros momentos del conflicto, le comentó al ministro Suma: “en vista de la emergencia de los tiempos, hay que hacer la vista gorda sobre algunos de estos asuntos”[35], pero después no pudo evitar preguntarle informalmente, en una comida, sobre las condiciones de la colonia española en Filipinas y sobre estos ataques al período español. Suma se dio cuenta pronto de cómo Tokio estaba forzando la amistad de Madrid y afirmó en un telegrama a su Ministro: “simplemente no hay excusa para esta forma de desperdiciar la ocasión de nuestras relaciones con un país amigable y este reabrir de viejas heridas. Por favor, tome las medidas oportunas para que, en un futuro, sea observada más firmeza en la publicación de tales artículos”[36].

El sentimiento pro-japonés, por tanto, sufrió una modificación a partir de los momentos posteriores a Pearl Harbor; pasó a dominio de lo privado, dejó de ser postura oficial y pasó a estar asociado irremisiblemente con Filipinas. Fue la primera vez que ocurrió; hasta el comienzo de la guerra, Japón y las Filipinas eran los países que centraban la atención en el llamado Extremo Oriente, por razones diferentes y sin que la percepción de un territorio tuviera especial conexión con la del otro. La visión del Imperio Japonés abarcaba también la de China y el resto del Asia Oriental, mientras que el archipiélago magallánico influía en la visión del resto del Sudeste Asiático, principalmente el insular. No obstante, una vez Japón conquistó la antigua colonia española, ya no fue posible disociar los dos países y la atención se vio entrelazada. En esta mezcla, fue Filipinas y los intereses económicos españoles allí los que hegemonizaron el interés hacia Japón; al contrario de lo que ocurrió en el plano militar, las Filipinas pasaron a atrapar a Japón dentro de su esfera de interés.

 

2.- LA GUERRA DEL PACÍFICO COMO HECHO MILITAR.

La pregunta principal tras la extensión de la Guerra al Pacífico era respecto a los Estados Unidos, el “todopoderoso interventor” al que se refería Roberto Reyes: si habían sido atenazados o no por el ataque japonés, y durante cuanto tiempo. Esta era una pregunta que interesaba en todo el mundo, pero en España preocuparon especialmente dos aspectos:

 

2.1- EL MAR COMO ESCENARIO DE BATALLA.

Cualquier intento de participación española en la II Guerra Mundial, o de mantenimiento de la propia independencia territorial, estando las Islas Canarias tan alejadas de la península, habría de tener al mar como escenario fundamental. Así, los mapas de islas sobre el Océano Pacífico, separadas por tan extensas superficies marinas, interesaron especialmente a los estrategas españoles. Franco ya le expresó en 1939 al Conde Ciano que consideraba el problema naval como el más importante ante una posible guerra y en la propia Asia Oriental, Alvaro de Maldonado, primero cónsul de España en Manila y después en Shanghai, también se refería a las lecciones a aprender en Asia: “El caso del Japón es para nosotros una buena lección todavía aprovechable y llena de enseñanzas, solamente volviendo los españoles sus ojos hacia las rutas del mar, se podrá colocar a España en el puesto que le corresponde entre las primeras potencias mundiales”[37]. La prensa española, en consecuencia, dedicó principalmente esta atención renovada hacia Japón informando de los ataques de la que era considerada como una de las principales potencias navales del mundo[38].

Singapur fue el punto clave sobre el que confluyeron las miradas españolas y el propio Franco le expresó a Suma, en una de las pocas ocasiones en que hablaron: “estoy seguro que pronto Singapur caerá también. Entonces la Guerra en el Pacífico estará acabada, pienso yo”[39]. No acabó la guerra y la prensa pasó a prever un ataque en el subcontinente indio, que tampoco se produjo[40]. Finalmente, cuando se produjo la primera no-victoria japonesa en la Batalla del Mar del Coral, entre las costas de Australia y de Papúa Nueva Guinea, los españoles dejaron de mostrar su apoyo, en parte por considerar que Japón había tomado una estrategia equivocada. A pesar de la victoria total proclamada por la propaganda japonesa, por primera vez se equiparó su fiabilidad a la de los comunicados aliados refiriéndose a “dos confusas batallas en el Mar del Coral y en los alrededores de la isla Midway”[41]. La percepción del fin de su expansión marítima hubo de influir mucho en las expectativas futuras y ello quizás fuera la razón en que se basó Franco para mostrarse distante ante los aliados respecto a la suerte que corriera el Imperio Japonés. En una fecha tan temprana como el verano de 1942, el dictador español le señaló al embajador nortemaericano, Carlton J. Hayes, que una paz en Europa sería aconsejable para Estados Unidos, puesto que permitiría concentrar todas sus fuerzas en el Pacífico[42].

 

2.2- UN POSIBLE ATAQUE A LA UNIÓN SOVIÉTICA.

La posibilidad de que Japón declarara la guerra a la Unión Soviética fue uno de los principales capitales de Japón para esa simpatía con la que contó en el primer año de guerra. A pesar del Pacto de Neutralidad firmado por el ministro de exteriores nipón Matsuoka Yosuke en Moscú, se pensaba que Tokio atacaría por la espalda a la URSS, al igual que había hecho Alemania en el verano de 1941. La posibilidad no era desechable, Japón tenía su poderoso Ejército de Kantô (Kwantung, en chino), estacionado en Manchuria y los rumores no dejaron de aparecer: el propio ministro español en Tokio dio motivos para esa esperanza, señalando en febrero de 1942 que tras los últimos éxitos “se generaliza la opinión de que Japón ayudará a Alemania en su próxima ofensiva a Rusia atacando a Vladivostok”[43]. El propio general Franco, por su parte, se refirió a ello en otra conversación con Suma: “Pienso que, en su estrategia contra los Estados Unidos y contra el Reino Unido y su pacto de neutralidad con los Soviets, la posición de Japón en el Extremo Oriente, aunque complicada, es excepcional y, sin su positiva ayuda, temo que la guerra va a durar mucho tiempo”[44].

Pasados los primeros meses y viendo que el ataque a la URSS no llegaba, al régimen español no le importó ser plataforma para sugerir de forma más abierta, e incluso provocar, que Tokio tomara ese paso decisivo. La prensa no se recató de abonar la idea de un ataque japonés en Vladivostok[45] y los embajadores italiano y alemán en Madrid le sugirieron separadamente a su colega japonés “casi por coincidencia” la idea de atacar a la URSS, en vez de a China o a India, para “acelerar el fin de la Guerra”[46]. Por otro lado, la red de espionaje española para Japón, Tô, entregó unas informaciones tendentes a hacer creer a Tokio que su situación militar se iba a agravar: unas presuntas conversaciones de paz entre Estados Unidos, Alemania e Italia, y el supuesto almacenaje en Siberia del armamento enviado por Estados Unidos a la Unión Soviética. El objetivo pudo ser empujar a Japón a atacar a Rusia, según aventuraba el servicio norteamericano de contraespionaje[47].

El caudal de simpatías por esa posición ventajosa para hacer una pinza contra la URSS fue disipándose según pasaba el tiempo y las últimas esperanzas española de ese ataque por sorpresa se desvanecieron en la primavera de 1943. No cabe duda que tanto falangistas como conservadores se sintieron decepcionados con el Imperio Japonés.

 

3.- LA POLÍTICA INTERNA ESPAÑOLA Y EL COMIENZO DE UNA NUEVA GUERRA.

Las tensiones dentro de las diversas familias del franquismo (principalmente, los militares, conservadores de vieja escuela más proclives a la neutralidad, frente a los falangistas, jóvenes fascistizados admiradores de Alemania, aunque estaban mucho más cercanos al Fascismo italiano) estaban a flor de piel cuando estalló la Guerra en el Pacífico[48]. Por ello, no fue extraño que se convirtiera en argumento para la batalla política interna y que la Falange intentara utilizarla en su favor. Desde un principio habían sido los principales portadores del sentimiento pro-nipón y, además, la entrada de este nuevo contendiente podía dar alas a la seguridad de la victoria del Eje en el conflicto, a pesar de los recientes reveses militares en Europa. La información de las primeras victorias niponas, en concreto, ayudó a diluir el efecto de las derrotas italianas en el norte de Africa[49].

Hubo, no obstante, segundas lecturas en función de los intereses políticos de la Falange:

 

3.1- JAPÓN COMO COMPENSACIÓN DEL DOMINIO ALEMÁN

Se puede vislumbrar una segunda lectura a esa propaganda pro-japonesa, más bien en clave anti-alemana. Para el reforzamiento del poder interior de los falangistas no sólo eran convenientes las victorias militares de sus aliados, sino también compensar la hegemonía, cada vez más aplastante, de los alemanes dentro del Eje. Por tanto, la aparición de una tercera pata que añadir al Eje Berlín-Roma fue una buena noticia para aquellos que, dentro de los países totalitarios, se sentían cada vez más refractarios ante la dominación casi absoluta de los alemanes, entre los cuales entraban tanto los falangistas españoles como los fascistas italianos. Quizás esto pueda explicar la alegría que mostró Mussolini por la entrada en guerra de Japón, a pesar del escaso beneficio que podía suponer para Italia la participación de los Estados Unidos; el ministro de exteriores Ciano apuntaba al respecto en su famoso diario: “Mussolini es siempre projaponés, y lo es cada vez más cuanto menos le gustan los alemanes”[50].

 

3.2- ACERCAMIENTO DE LA FALANGE A LA IGLESIA

La Falange, además, buscó acercarse a la Iglesia Católica, otra de las familias del franquismo, por medio del aparente interés que los japoneses tomaron por el mantenimiento de la religión en los territorios ocupados. Serrano Suñer, en consecuencia, buscó un posible papel de España como intermediario con el poder político japonés para el mantenimiento de la religión católica en Filipinas.

La de Falange no fue una opción irreal. La prensa hispana ya había cubierto extensamente las aparentes buenas relaciones de Japón con la Iglesia Católica desde antes de comenzar la guerra, destacando su reconocimiento en el propio Archipiélago nipón, a pesar de que los españoles hubieran tenido que dimitir porque se habían nombrado delegados nativos para ocupar sus puestos[51]. Tras estallar las hostilidades se siguió teniendo ‑principalmente por parte del Ministerio de Exteriores o Gaimushô‑ un gran interés por desarrollar el ángulo religioso como forma de atraer a la población a su nueva dominación. En Tailandia cultivó los sentimientos budistas y en Filipinas hizo lo propio con el catolicismo, aunque estaban en contra, en general, del poder que la Iglesia Católica tenía sobre los propios filipinos[52]. Aunque el principal objetivo era asegurar la dominación, Japón se preocupó de llevar a las islas un gran número de misioneros católicos japoneses y de concluir un acuerdo de intercambio de representantes con el Vaticano en marzo de 1943, lo que permitió a la propaganda japonesa invocar el apoyo del papa Pío XII “por la causa de la paz y de la eliminación del comunismo”[53].

Durante los primeros meses de la guerra, es difícil encontrar críticas entre los españoles sobre el trato ofrecido a los misioneros. Tanto el conservador Méndez de Vigo como el falangista José del castaño aplauden su actitud[54], e incluso el padre dominico Juan Labrador, Director del Colegio de San Juan Letrán, dio en su Diario de Guerra a los japoneses una buena calificación con respecto a la política religiosa: “recibo la seguridad de que los japoneses respetarán las creencias religiosas de los pueblos conquistados. Hacen hincapié en la afinidad espiritual existente entre estas razas y la nipona como orientales que son […] en general se puede decir que han cumplido su promesa”[55].

La utilización propagandística del respeto del ocupante japonés hacia las religiones, por tanto, es posible de entender. Se habló también muy favorablemente del establecimiento de relaciones formales entre el Vaticano y Tokio[56] y del papel de España como puente con la cultura musulmana[57]. Mundo llegó incluso a afirmar: “La Iglesia del Japón es hija de la Iglesia española, y cuando no tuviésemos otros títulos ante el mundo, éste bastaría para granjearnos un lugar preeminente”[58].

Mantener viva esta llama propagandística ocasionó los principales motivos de discordia de Serrano Suñer con Japón cuando, como ya hemos visto, la prensa nipona se llenó de comentarios contrarios a los anteriores colonizadores en el archipiélago [Estados Unidos y España por igual] como forma de justificar su ocupación. El Ministro español sólo ordenó una queja formal contra un artículo del periódico de Tokio, Hochi Shimbun, que aseguraba que España, por medio de la religión católica, había hecho esfuerzos para extender su poder político[59]. Además, la única pregunta oficial a Japón durante su período de gobierno en relación con la colonia española fue inquiriendo sobre unos curas católicos en Pampanga[60].

 

3.3- POSICIÓN POLÍTICA DE SERRANO SUÑER

Por último, también es necesario recalcar que Ramón Serrano Suñer hubo de pensar, siquiera en los primeros días de la guerra, en reforzar su propia posición personal al acordar con Japón una amplia colaboración en América Latina. España fue un factor clave en la estrategia japonesa de evitar que estos países le declararan la guerra y Serrano Suñer se prestó a ello aceptando el encargo de representar los intereses japoneses, tal como ya hemos señalado, y formar una red de espionaje en beneficio de Japón[61]. No sabemos las compensaciones que pensara Serrano Suñer para un apoyo tan importante, pero de alguna manera se desmarcó de Berlín y de Roma, cuyos gobiernos estuvieron remisos a las propuestas niponas de formulación de políticas conjuntas respecto a Iberoamérica, recelosos ante una política de Japón mas allá de la esfera asignada en Asia Oriental[62]. La política en Latinoamérica, sin embargo, dio al traste con las ambiciones de Serrano Suñer: Pearl Harbor provocó tal sentimiento de solidaridad con los Estados Unidos que llevó al traste cualquier posible beneficio como compañero de viaje de Japón.

 

4.- CONCLUSIONES

Pearl Harbor fue un resplandor que cegó a los españoles. Su efecto, no obstante, fue muy breve y al apagarse dejó mas sombras que luces sobre la relación mutua. La Falange se había apresurado a coger el guante y a utilizar las noticias procedentes del Pacífico para sus fines políticos, pero los triunfos del Mikado pronto se convirtieron en un clavo ardiendo. A medida que pasó el tiempo, las ventajas dejaban de ser tales y los inconvenientes afloraron con más y más fuerza; un ejemplo de ello pudieron ser los sueños de obtener un mayor protagonismo en América Latina, para los cuales la campaña anti-franquista promovida tras Pearl Harbor fue la “puntilla final”[63]. Pronto afloró con fuerza ese recelo hacía Japón como país no-occidental y, en sólo tres años, España pasó de ser uno de sus principales admiradores europeos a tentar una declaración de guerra contra Tokio, obviamente con el objetivo principal de acercarse a los aliados por medio de esta puerta trasera en Oriente. España comenzó a pensar en el camino aliado a partir de Pearl Harbor, y este viaje comenzó por la senda antijaponesa.

El comportamiento español hacia la entrada de Japón en la Guerra, además, no fue un hecho puramente bilateral. Tanto Tokio como Madrid tenían unos regímenes cercanos a Hitler, no tanto en un plano ideológico como en esa búsqueda común de ese Orden Nuevo y ambos habían sido tratados fríamente por Berlín cuando Hitler pensaba que no necesitaba de nadie más para obtener la victoria total. A finales de 1941, de nuevo, ambos países fueron colocados en una posición semejante en la consecución de esa victoria final sobre el Imperio Británico: el ataque y la previsible caída de Singapur tras la entrada de Japón hizo pensar de nuevo en la necesidad de que entrara España para poder tomar Gibraltar.

Quizás la mejor demostración de esa asociación de ideas entre España y Japón sea un apunte fechado el 11 de diciembre de 1941 en el diario del ministro de exteriores italiano y suegro de Mussolini, Galeazzo Ciano. En medio de la euforia por la entrada de Japón en el conflicto mundial y el supuesto aniquilamiento de la flota estadounidense, escribía: “Por la tarde, [el ministro de exteriores alemán, Joachim von] Ribbentrop pide asociarse a la decisión alemana de declarar la guerra a los Estados Unidos, junto a los países del Pacto Tripartito. ¿Y España­?”[64]. Pearl Harbor rompió definitivamente la semejanza entre Japón y España, tanto de cómo se percibia la posición ante el conflicto mundial desde sus propios gobiernos como de la visión desde el exterior. Tokio tomó el camino bélico mientras que Madrid buscó, ante todo, la permanencia del régimen y una acomodación, cada vez más subordinada, a las potencias aliadas. Ya no fueron consideradas en un mismo plano como dos potencias periféricas y en 1945, incluso, España quiso declarar la guerra a su antigua potencia aliada.

 

Citas

[1] ABREVIATURAS

AEET: Archivo de la Embajada de España en Tokio.

AMAE: Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores. España.

MS: Magic Summaries

PRO,FO: Public Record Office, Foreign Office. Reino Unido.

AGA: Archivo General de la Administración. Alcalá de Henares.

[2] Temas de Hoy, Madrid 1995, 284.

[3] PRESTON, Paul: Franco. A Biography, Basic Books, New York 1994, 448. Se ha escrito que Francisco Franco sintió la misma alegría que Serrano Suñer, pero no está demostrado. El Jefe de Estado negó posteriormente una afirmación de Salvador de Madariaga acusándole de haber ordenado él mismo un telegrama de felicitación a Japón.

[4] SAÑA, Heleno: El Franquismo sin mitos. Conversaciones con Serrano Suñer, Rialp, Barcelona 1982, 243. Ver también “A los 50 años de Pearl Harbor”, por Daniel Arasa, La Vanguardia, 7-XII-1992.

[5] ARMERO, J.M.: La política Exterior de Franco, Planeta, Barcelona 1978, 122. No hemos encontrado documentación sobre ello en el AMAE.

[6] Mundo, núm. 84, 14-XII-1941. Había titulado “¿Guerra en el Pacífico?” el editorial de su número de 7-XII-1941.

[7] Grew, Joseph C.: Ten years in Japan: A contemporary record drawn from the Diaries and Official papers of ___, United States Ambassador to Japan, 1932-1942, Simon & Schuster, New York 1944 (reimpreso en Arno Press, New York 1972; Edición en español: Diez años en Japón, Peuser, Buenos Aires 1945.) Grew no indica en sus memorias quien le informó del comienzo de la guerra aunque si afirma que propuso a España (es decir, a Méndez de Vigo), para representar los intereses norteamericanos en Japón durante el conflicto del Pacífico, en virtud de la resolución de la Sociedad de Naciones que establecía el nombramiento de potencias neutrales para defender los intereses de los ciudadanos residentes en naciones enemigas. Ver mis “España y la Guerra del Pacífico”, El País, 8-XII-1991 y “Difícil y sin apoyos políticos. La Representación por España de los intereses japoneses durante la Guerra del Pacífico, 1941-1945”, en Espacio, Tiempo y Forma. Serie V, Historia Contemporánea. UNED, Madrid 1995, vol 9, pp. 179-194.

[8] En Arriba, 19-XII-1941.

[9] Ver el informe sin firma al Director General de Política Exterior, Madrid, s.f. [diciembre de 1941]. La última valija diplomática antes de la guerra había llegado a Madrid el 23 de noviembre.

[10] Arriba, 17-XII-1941 y también es interesante otro artículo en Arriba, por Eugenio Montes: “Portugal entre la inercia y la necesidad”, 21-XII-1941.

[11] ABC, Madrid, 21-XII-1941. Sobre las protestas portuguesas y el revés que significaron para las relaciones con Gran Bretaña, WOODWARD, Sir Llewellyn: British Foreign Policy in the Second World War, Her Majesty’s Stationery Office, London 1970, vol. III, 42 y ss.

[12] Madrid, Vicesecretaría de Educacón Popular, 1942, Cap. XII, 93. Sobre ello, también BARCIA TRELLES, Camilo: Puntos Cardinales de la Política Internacional Española, Ed. Nacional, Madrid 1939.

[13] “Filipinas”, por Roberto Reyes, en Mundo, 7-XII-1941.

[14] Mundo, núm. 85, 24-XII-1941.

[15] Ibíd.

[16] Mundo, núm. 85, 24-XII-1941.

[17] AMAE, Leg. 2910, exp. 8. Tel en inglés de Castaño a Serrano Suñer. Ver nota del Ministerio en la prensa del 13-XII-1941. Una circular a la colonia para refugiarse en ibíd, tel de 27-XII-1941.

[18] ABC, 30-XII-1941. Esta noticia no fue publicada por Arriba.

[19] MS de 26-V-1943.

[20] En la prensa del 31 de diciembre. ABC simplemente lo titula: “Comunicado del Ministerio de Exteriores”, mientras que Arriba lo hace con el titular: “La única víctima española de los bombardeos de Filipinas está sólo herida”. Incluso durante estos momentos, la mayoría de la información que se recibía sobre el desarrollo de esta guerra era de procedencia norteamericana.

[21] Se enviaron copias a diferentes representaciones, incluida la Agencia EFE. AMAE, Leg. 2910, exp. 8. Nota 1399 de Weddell al Ministerio de Exteriores, Madrid, 31-XII-1941.

[22] Castaño había sido privado por las autoridades norteamericanas de la posibilidad de enviar mensajes cifrados. Se le acusó a Suñer de “sostener y proteger los actos inhumanos cometidos por Japón”. La nota fue contestada “aún cuando el tono y la intención empleados por VE excusaría la respuesta”. Proyecto de comunicado a la agencia EFE, Madrid, 30-XII-1941.

[23] AMAE, Leg. 2910, exp. 8. Nota Verbal 1404 de la Legación de Estados Unidos al Ministro de Exteriores, Madrid, 5-I-1942.

[24] AMAE, Leg. 2910, exp. 8. Tel de 28-XII-1941.

[25] Se habló de una “Unión Latina” o “Bloque latino”, con la que se trataría de facilitar la disminución gradual de la participación italiana en la guerra. MARQUINA BARRIO, Antonio: “La Etapa de Ramón Serrano Suñer en el Ministerio de Asuntos Exteriores”, en Espacio, Tiempo y Forma, serie V, vol. I, Madrid 1989, p. 166. También se habló de algún tipo de bloque iberoamericano neutral, que incluso habría contado con la aquiescencia alemana, según RUHL, Klaus-Jôrg: Franco, Falange y “Tercer Reich”. España durante la II Guerra Mundial, Madrid, Akal 1986 (1ª ed. 1978), p. 76, en DELGADO, Lorenzo: Imperio de Papel. Acción Cultural y Política Exterior durante el Primer Franquismo, Madrid, CSIC 1992, p. 310. También ver el capítulo en el libro citado de Tusell, “La Hispanidad, pilar del nuevo orden europeo en América”, pp. 245-260.

[26] Ver mi Tesis Doctoral: Relaciones Hispano-Japonesas, 1937-1945, Universidad Complutense, Madrid 1993, cap. V.1.b, 523-527.

[27] Sobre ello, AMAE, Leg. 1562, exp. 10. Informe de la sección de Ultramar y Asia, Madrid, 2-II-1942.

[28] Núm. 93, 15-II-1942.

[29] Conversación de 14-XI-1942, en MS de 19-XII-1942. Ver con mayor detalle en nuestro Difícil y sin apoyos políticos, art. cit., p. 188.

[30] Circular del Ministerio de Exteriores enviada a la Legación en Tokio. Madrid, 9-XI-1942. AEET.

[31] 4-I-1942.

[32] AMAE, Leg. 1913, exp. 5. Nota verbal confidencial de Miura Fumio (Legación del Japón) a Sandoval, Madrid, 20-I-1942.

[33] MS de 26-V-1943. No hemos encontrado copia de estos telegramas en el AMAE.

[34] Ibíd. Telegrama de Castaño a Serrano Suñer, Manila, 28-XII-1941.

[35] Conversación de diciembre de 1941, en MS de 16-V-1943.

[36] Las preguntas fueron el 16-I-1942. MS de 26-V-1943.

[37] AMAE, Leg. 1737, exp. 13. Despacho 64 a Ministro de Exteriores, Shanghai, 7-VI-1942.

[38] “La Marina Japonesa, la Tercera del Mundo”, Mundo, núm. 23, 13-X-1940. Al acabar la Guerra, Carrero Blanco se quejaba de la escasa información que se había recibido en España sobre las operaciones de desembarco en Filipinas, señalaba, “solo caben conjeturas”. Guerra Aeronaval en el Mediterráneo y en el Pacífico, Madrid 1947, 144. El Ministerio de Marina recibió escasa información y solo cabe destacar un informe sobre los submarinos japoneses de dos hombres de dotación. Ver AGA, Marina, exp. 23582. Varios informes y exp. 23586, Agregado Naval a Ministro de Marina, Londres, 18-XII-1941.

[39] Conversación mantenida el 3-I-1942, aparecida en MS de 23-X-1942. También, ver el editorial en Arriba: “Defensa de Singapur”, 8-I-1942.

[40] Ver, sobre ello, Arriba, “La Amenaza japonesa en el Indico”, por Luis Carrero Blanco (sin firma), 13-III-1942. Editoriales en Mundo: “Sir Stanfford Cripps en la India” núm. 98, de 22-III-1942; “El Imperio británico y la India”, núm. 101, 12-IV-1942 y “La Guerra en el Mar”, núm 99 de 29-III-1942.

[41] “La lucha en el Pacífico Norte”, Arriba, 16-VI-1942. También en el mismo periódico, en la crónica aérea del “Coronel JAF”, sobre la batalla de Midway, en 18-VI-1942. Para la crónica de Mundo sobre la batalla del Mar del Coral, núm. 106, 17-V-1942.

[42] HAYES, Carlton H.: Wartime Mission in Spain: 1942-1945. MacMillan, Nueva York 1945, 30 y ss.

[43] AMAE, Leg. 1913, exp. 5. Telegrama 21 de Méndez Vigo a Serrano Suñer, Tokio, 12-II-1942. Quizás este telegrama es la razón de una felicitación del jefe del Gabinete Diplomático de Serrano Suñer, Felipe Ximénez de Sandoval, al segundo de la Embajada japonesa, Miura Fumio, por los “éxitos obtenidos estos últimos días” en ibíd. Madrid, 16-II-1942.

[44] En MS 23-X-1942. También el Ministro de Marina, Salvador Moreno, le expresó a Suma la opinión de que sería inteligente para los japoneses consolidar sus conquistas mientras que miraba cuidadosamente a Rusia. Conversación del 5-V, en MS de 8-V-1942.

[45] Mundo, núm 91, 1-II-1942. También sobre ello, “El Japón intentara, seguramente, alejar el peligro que para él representa Vladivostok” en Mundo, núm. 103, 26-IV-1942 y “Posibilidades de un conflicto armado entre la URSS y el Japón. Vladivostok constituye un peligro en Oriente. No solo amenaza a Japón, sino también a Manchukuo y Corea. Los anglosajones juegan esta carta al discutir con los soviets la futura ayuda”, en Mundo, núm. 117, 2-VIII-1942.

[46] En MS de 7-VIII-1942.

[47] MS de 15-II y 28-III-1943. Ver Rodao, Relaciones Hispano-japonesas, op. cit., caps. IV.2.d y V.2.a.

[48] Tusell se refiere a una estabilidad en la situación interna española entre noviembre de 1941 y junio de 1944 (op. cit., 281-282), pero también señala más adelante que “el panorama de la política interna española empezó de nuevo a moverse en torno a diciembre” [de 1941] (300-301). Ver también Marquina Barrio, La Etapa de Ramón Serrano…, art. cit. p. 165.

[49] Es interesante el editorial de Mundo recopilando la evolución del conflicto en el año 1941, por la hábil mezcolanza de los avances de unos con las derrotas de los otros. núm. 85, 21-XII-1941. Arriba muestra la misma idea en los editoriales tras la toma de Hong‑kong. “Un Golpe mortal” e “Intrepidez olímpica” de 26 y 27-XII-1941.

[50] Diario, 1939-1943, Rizzoli, Milan 1946, Entrada de 3-III-1942,(523). No es sólo Mussolini; Ciano, aunque personalmente prefiere a los alemanes, comenta que “por parte de algunos, se acentúa la nota nipona para hacer el despecho a Alemania”. Ibíd., Entrada de 15-III-1942 (528). También, sobre la favorable impresión hacia Japón por la entrada en la Guerra, MS de 5-VIII-1942. Son bien conocidas las malas relaciones de Serrano Suñer con los nazis alemanes y su ministro de Exteriores Joachim von Ribbentrop.

[51] “La Iglesia Católica, reconocida en el Japón”, Comentario en Arriba, 17-VII-1941 y “El reconocimiento oficial por el Japón de la Iglesia Católica, motivo de gozo y orgullo para los españoles.” en Mundo, núm. 65, 3-VIII-1941.

[52] Ver las Recomendaciones de la Hitô Chôsa Iinkai (Comisión para el Estudio de las Islas Filipinas), a la Administración Militar de las Islas, en la Tesis Doctoral de YU, Lydia: Japanese Attitudes Toward the Philippines. 1900 to the 1940’s. Sophia, Tokyo 1988, 246‑249. Ver también MS de 30-V-1942.

[53] HALLIDAY, Jon: A political history of Japanese Capitalism, Pantheon, New York 1975, 147; AGONCILLO, Teodoro: The Fateful Years. Japan’s adventure in the Philippines, 1941-1945, García, Quezon City 1965, 470 y ss y STEINBERG, David: Philippine Collaboration in World War II, Univ. of Michigan Press, Ann Harbor 1967, 51‑53.

[54] Castaño se refiere, por ejemplo, a un trato excelente de los japoneses a los agustinos de Floridablanca en Pampanga [Ver también MS de 30-III-1942] y Méndez de Vigo a la perspectiva de una estancia beneficiosa del obispo japonés, Monseñor Taguchi, en Manila. AMAE, Leg. 2910, exp. 9. Méndez Vigo a Serrano Suñer, Tokio, 5-V-1942 (Llegado a España el 24-IV-1945)

[55] Copia mecanografiada en el Convento de Santo Tomás [Avila]. Entrada del 8-II-1942, (43). Publicado en inglés, A Diary of the Japanese Occupation, Santo Tomás University Press, Manila 1989. 295 pp.

[56] Mundo, Núm. 100, 5-IV-1942.

[57] El ejemplo más claro en Arriba, 12 -XII-1941. También, “La atracción de los musulmanes una de las bases de la política exterior Japonesa”, en Mundo, Núm. 127, 11-X-1942; “El Islam en el Japón”, por Taleb, en Arriba, 23-I-1941 y “Las islas de Mindanao y Joló, habitadas por musulmanes, han sido ocupadas fácilmente por los japoneses. Japón consagra gran atención al islamismo, religión que es profesada por varios de los pueblos que considera como espacio vital”, en Mundo, núm. 89, 18-I-1942.

[58] Núm. 106, 17-V-1942.

[59] MS de 26-V-1943.

[60] AMAE, Leg. 2910, exp. 9. Despacho 5 de Castaño a Méndez Vigo para Serrano Suñer, Manila, 5-V-1942; también MS de 30-V-1942.

[61] Sobre ello, mis “El Trampolín Tecnológico. El “Incidente Laurel” y España en la II Guerra Mundial, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, Madrid, UNED, Tomo VII, pp. 387-405 y “España, espiada por Estados Unidos durante la II Guerra Mundial”, en Historia 16, Madrid, 1995, pp. 17-24.

[62] El caso de México aparece evidente. Ver MS de 1-VI-1942. Sobre las propuestas japonesas de independencia árabe y de la India y la actitud remisa de Alemania ver referencias en el Diario, 1939-1943…, op. cit., Entradas de 14-IV y 3-V-1942 (548). Ver conversación entre el Ministro de Exteriores y el Embajador de Berlí en Tokio, en MS de 13-VII-1942.

[63] Delgado, op. cit, 309 y 314.

[64] CIANO, Galeazzo, Diario, 1939-1943, Milán, Rizzoli, 1946, p. 481.

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