Florentino Rodao

 

LA VANGUARDIA – 30/05/2002

 

Un amigo coreano, después de tiempo sin verle, me señaló la cabeza y me espetó sin más: “¡Tío, te estas quedando calvo!”. Me reí, en parte porque ya lo tengo asumido (además, aún queda lo suficiente para decir que sólo tengo entradas), pero sobre todo porque, viviendo en un país tan comedido como Japón, eso sólo podía salir de un coreano.

Y es que la espontaneidad, el apasionamiento, decir lo que uno piensa y disfrutar abiertamente, son algunas de las características de los coreanos. Tienen además un refrán que es anatema en Japón: “Si te peleas con un amigo, podrás llegar a ser más amigo aún”, y que a uno le recuerda el: “Amores reñidos son los más queridos”, aunque demostrando que la familia quizás no es tan importante como en Europa.

El comentario entre los que -desgraciadamente pocos- visitan el país es que son los mediterráneos de Asia. Eso es difícil ser comprendido por los coreanos. Los veinte grados bajo cero de los inviernos y los veranos húmedos y lluviosos se puede comparar bien poco con el clima alrededor del Mare Nostrum. Prefieren, no obstante, definirse como peninsulares. Eso quizás es menos entendido aquí, que dejamos pocos términos medios entre la insularidad y la continentalidad, pero lo usan para diferenciarse tanto de los insulares japoneses como de los continentales chinos, rusos y de otras etnias mongolas. Además, para explicarlo, siempre ponen el ejemplo de la península Ibérica, de Italia o de Grecia. Será por algo.

 

 

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