Política Europea hacia Asia: Problemas y Perspectivas

 

Florentino Rodao

 

Desarrollo [Development] (Madrid: Sociedad Internacional de Desarrollo), Num. 25 (1996): 49-52.

 

 

Europa y Asia han tenido unas percepciones mutuas ambivalentes hasta hace pocos años. Mientras que los países asiáticos veían a los europeos con una mezcla de admiración y odio, producto de los recuerdos y las experiencias de la etapa colonial, los europeos han sentido frente a las naciones antiguamente colonizadas un desdén poco disimulado y se han considerado, de alguna manera, como sus hermanos menores.

Pero la hegemonía europea sobre estas colonias ha acabado. Tras la Guerra del Pacífico, Estados Unidos ha pasado a jugar un papel crucial, compartiendo y llegando a hegemonizar ese sentimiento de admiración y de odio, mientras que la creciente penetración japonesa en el campo económico ha reducido las posibilidades de las empresas europeas. En consecuencia, la Unión Europea siente actualmente que está perdiendo el tren del brillante futuro que se vislumbra sobre Asia y la imagen predominante es de caminar a remolque de las políticas de Washington y Tokio. La documentación propia de la Unión Europea (UE) lo expresa claramente: “Europa se arriesga a tener una posición marginal en Asia”.

No obstante, las percepciones son sólo parte de la realidad y, analizando los acontecimientos recientes y las estadísticas comerciales, no hay suficientes motivos para ese sentimiento de frustración. Tal como comentaba recientemente la revista The Economist, las empresas europeas están teniendo un comportamiento aceptable en Asia en relación con Japón o Estados Unidos y el principal problema europeo en Asia viene de la propia debilidad política. No hay que buscar enemigos fuera, sino dentro. La UE, consciente del hecho, ha elaborado una política hacia Asia, aunque dividiendo los tipos de relación con las naciones de ese continente. Japón es visto más bien como un competidor en el terreno asiático y por ello se le señala aparte, separando las estadísticas sobre este país de los datos globales de Asia dentro los folletos editados por la UE. Corea del Sur y el área económica china (China, Taiwan, Hong Kong y Macao) son también países especiales. Los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) forman un bloque cada vez más compacto con una identidad geográfica y política bien definida. Los países del Sur de Asia son considerados también como un bloque y, por último están los casos especiales como Australia y Nueva Zelanda, y Corea del Norte.

 

EUROPA ANTE EL AUGE ASIÁTICO

Los antecedentes del reciente cambio en la percepción europea de Asia han sido diversos. En el plano económico no es necesario hablar de cifras; en este mismo volumen se recogen suficientes como para demostrar el presente y el futuro de este continente. Es interesante darse cuenta, no obstante, que la confirmación del despegue asiático ha sido a lo largo de la primera mitad de la presente década, coincidiendo con una fuerte crisis económica en Europa. Mientras muchas empresas en el viejo continente iban a la quiebra, los problemas en Asia eran casi opuestos: el crecimiento ha sido superior al previsto. Faltaban (y faltan) mano de obra especializada, capital para invertir y toda clase de infraestructuras. Los problemas para crecer más, por tanto, son estos cuellos de botella y la prueba más visible son los atascos de tráfico en ciudades como Bangkok, Jakarta o Shanghai, probablemente los peores del mundo. Precisamente esta coincidencia con la crisis en Europa ha sido una de las razones que ha certificado el auge asiático.

Hay motivos adicionales al puramente económico para considerar Asia como objetivo prioritario. Con el fin de la Guerra Fría, la solución de conflictos es más complicada y hace necesario actuar lo antes posible ante las amenazas a la estabilidad. Las disputas territoriales o los enfrentamientos larvados, como el caso de las islas Spratly o del recelo entre Pakistán e India son sólo parte de esas amenazas y quizás el peligro más importante son los cambios tan grandes en la correlación de fuerzas dentro del mismo continente, que involucran a potencias de primer orden y son mucho mayores que los experimentados por Europa a lo largo de la posguerra. Por otro lado, la UE se refiere a tres megatendencias para el siglo XXI, a las que ha de adaptarse: el establecimiento de un sistema multilateral de Comercio, la reestructuración de las relaciones políticas internacionales y la emergencia de un marco global cultural. Bajo estas condiciones, el ascenso de Asia es el hecho más importante y siente que ha de verlo más como una oportunidad.

Ha sido tarde, no obstante, cuando la UE se ha decidido a dar el paso de plasmar la previsiones de estas megatendencias en una nueva política europea. “Hacia una nueva estrategia para Asia” fue el título del documento de la Comisión Europea aprobado en la reunión del Consejo Europeo de Essen en diciembre de 1994 que, por primera vez, califica como prioritaria la relación con Asia y la establece bajo los principios de partenariado, diálogo político y mejora de imagen. Señala dos orientaciones principales en su estrategia: elevar el perfil de la UE y aumentar el entendimiento mutuo por medio de lazos entre las instituciones civiles y reforzar su presencia económica en la región. La primera etapa consistiría en establecer primero los lazos personales entre representantes de algo nivel, después se esforzaría por comprender los esfuerzos esenciales de partenariado y la última etapa sería de intensificar las relaciones mutuas sobre la base de una amplia plataforma enraizada en la sociedad civil, tales como Cámaras de Comercio, Universidades o Asociaciones.

Se considera que la Unión se beneficiará si presta atención a los siguientes principios: convergencia gradual de puntos de vista, cooperación descentralizada, diálogo basado en el respeto mutuo y el interés común y beneficio recíproco en el reforzamiento de los lazos.

Durante esta primera etapa en la que estamos se sigue la estrategia marcada: se ha formado el Grupo de Personas Eminentes para estudiar los problemas de la Comunidad, se ha celebrado el Forum Asia-Europa y la búsqueda de la intensificación de los contactos de alto nivel ha culminado con la ASEM (Asia Europa Meeting), en Bangkok, los días 1 y 2 de marzo. En un plano económico, las cantidades destinadas muestran que la nueva política esta ampliamente asimilada: 100 millones de Ecus a la Cooperación Regional, 1.000 millones a la cooperación bilateral con la ASEAN y 400 millones en el presupuesto de 1995 para la cooperación con Asia.

 

TEMAS PARA UNA COOPERACIÓN

Europa busca, tal como declaraba Manuel Marín en la ASEM, “desmitificar ciertas percepciones dominantes en relación con Europa y a Asia, evitar clichés, intentar acercar a los dos continentes e identificar condiciones sobre la base de que compromisos conjuntos entre las dos regiones pueden llevarse a cabo”. Así, para discutir algunos de los temas claves para el futuro de las relaciones se preparó el Forum Europa-Asia (o Asia‑Europa, el anagrama de la reunión era políticamente correcto de forma deliberada) en Venecia, entre los días 17 y 18 de enero de 1996. Reunió alrededor de 80 especialistas, cuya composición daba buena idea de qué puntos de vista se querían escuchar: un tercio de profesores de Universidad, otro tercio de empresarios y otro tercio de especialistas varios, principalmente consultores internacionales. En cuanto a nacionalidades, había un número semejante de europeos y de asiáticos, pero entre éstos dominaban abrumadoramente los venidos del Sur y del Sudeste de Asia, con solo dos personas invitadas de Japón y otras dos de Corea.

La discusión se organizó en torno a cinco paneles, con una media de quince participantes, que debían de haber preparado el tema tras recibir un informe previo. Se buscaba provocar discusión sobre los temas que afectan al futuro de las relaciones y preparar recomendaciones en torno a:

1) Intercambio de Tecnología. Si en un principio fue desde Asia en dirección a Europa, después fue al revés. Se discutió cómo concebir este intercambio para que vuelva a crecer en beneficio mutuo, si es más conveniente que la adquisición de tecnología se desarrolle gradual o rápidamente, en qué áreas cada región tiene una ventaja comparativa, cual es la mejor forma de elaborar un marco legal apropiado, qué ajustes en las infraestructuras tecnológicas son necesarios para crear una sinergia tecnológica y cómo obtener lazos útiles para el desarrollo tecnológico, incluidas las industrias de media o baja tecnología. Se solicitó que los intercambios se produjeran dentro de las redes ya existentes, afirmando que lo que está en juego actualmente son las relaciones entre los negocios globales y las políticas globales.

2) Solución de Problemas en Asia. Cuáles son las características de los modos asiáticos de gobierno y de solución de problemas, si son resultado de experiencias históricas y hasta qué punto han sido modificados por la influencia europea. Se propuso discutir sobre cómo se puede beneficiar Europa de la experiencia asiática en resolver problemas, particularmente en las relaciones entre el Estado, la sociedad civil y las empresas al tratarse de culturas diferentes. También, sobre cómo se podrían acomodar los partners europeos a los procesos en los que predomina el consenso. En los debates se habló de la experiencia europea de limitar conflictos internos a raíz de la Conferencia de Helsinki, pero se pensó que la validez de una idea semejante en Asia sería limitada. Se decidió también desaconsejar las medidas tendentes a imponer marcos multilaterales dentro del Estado, así como establecer claramente normas de igualdad, beneficio mutuo y no-interferencia en asuntos internos.

3) Unidad y diversidad de Asia: Una aproximación Geopolítica. Se intentó discernir entre los denominadores comunes dentro de la cultura, la política y la economía de los diferentes países, ver el papel de las comunidades de expatriados y de los nuevos procesos de desarrollo institucional y económico. También, qué elementos de la experiencia europea pueden ser útiles en el proceso de integración asiático y en los peligros engendrados por la creciente dualización de las sociedades, motivada por el crecimiento económico y las crecientes diversidades de renta, así como en qué medida afecta la globalización a los procesos de integración regional y a la interacción con las culturas minoritarias. Se analizó profundamente la situación en el sur de Asia, donde las tensiones entre India y Pakistán son suavizadas por la creciente interdependencia económica y las redes de contactos cada vez más nutridas. También, se vió que algunos problemas son mutuos, tales como la creación de trabajo y la necesidad de una estabilidad social, por lo que se calificó como necesario reforzar el diálogo político, con el fin de trabajar colectivamente. Un grupo de especialistas deberían trabajar colectivamente para mejorar los contactos entre la sociedad civil y se recomendó que la UE participara más activamente dentro del Foro Regional de ASEAN (ARF), donde sus ministros de Exteriores discuten cuestiones de seguridad junto con Estados Unidos, China, Rusia, Japón, Australia y la propia UE.

4) Comprensión de los valores asiáticos. El problema más difícil es definir cuándo son asiáticos y cuando dejan de serlo, por lo que el moderador se esforzó en explicar en la sesión plenaria que el objetivo era estudiar los “Valores en Asia”. Se habló de cómo tener en cuenta la diversidad de tendencias y orientaciones culturales de cada población, el valor de los intelectuales asiáticos y de los líderes religiosos, y su evolución actual. El actual proceso de urbanización, globalización e industrialización, las leyes del capitalismo y el ensanchamiento de la clase media afectan en el mantenimiento de estos valores, pero es discutible en qué dirección. Se discutió si estos valores pueden ser una alternativa para los sistemas institucionalizados de ayuda pública, pero principalmente se trató de identificar los valores comunes a Europa y a Asia, más que los valores propios de cada continente. Para aumentar los lazos culturales, se recomendó incrementar lo antes posible los intercambios universitarios, señalando la esperada puesta en marcha del programa de intercambio de estudiantes, como Marco Polo o Confucio y la posible implicación de otros sectores de la sociedad en el reforzamiento de esos lazos, tales como medios de conunicacion, ONGs, municipios y ejecutivos.

5) Religiones en relación con el progreso. Quizás fue el panel con la temática más difícil, siendo el que tuvo el menor número de panelistas. Se intentó discernir las características comunes de las religiones asiáticas y cómo han contribuido a formar las sociedades actuales, así como estudiar una posible comparación entre el papel del Confucianismo en Asia con el del Protestantismo en Europa. Se planteó la política a tomar por Europa ante la creciente expansión de las religiones asiáticas en Europa, la posible financiación de actividades y si las religiones han sido un impedimento o, al contrario, un instrumento en favor del progreso. Se planteó también hasta qué punto las religiones mayoritarias suponen un peligro para la supervivencia de las culturas minoritarias, la propia libertad religiosa como uno de los derechos humanos y cómo podría ser útil la experiencia europea de las herencias religiosas en el diálogo con Asia. El asociacionismo de carácter religioso está muy desarrollado en ambas regiones y sería interesante estudiar qué tipo de reconocimiento les podría ser extendido; ello puede tener aspectos positivos en las relaciones mutuas, pero también aspectos negativos en el surgimiento de sectas y de las llamadas nuevas religiones. Las discusiones se centraron principalmente en el caso del Islam y en los malentendidos, que según algunos participantes impiden una correcta visión de su aportación al progreso. Se habló sólo colateralmente de la importante contribución del Taoísmo o del pensamiento de Confucio al progreso económico en China y se recomendó dar más importancia a las culturas asiáticas dentro de las instituciones educacionales europeas y en las redes de información.

Quizás la conclusión general del Forum es que ha llegado el momento de que los europeos dejen de considerarse como profesores y que empiezen a ver Asia como un lugar donde también se puede aprender. La capacidad para resolver problemas basada en el pragmatismo, en el consenso y en la noción del bien común, el gran número de expertos en administración, ciencia y tecnología y la creciente autoestima gracias a la articulación de su propia identidad cultural avalan esta necesidad de aprendizaje bidireccional. Aún falta mucho camino por andar, no obstante, y el panel sobre religiones lo mostró claramente, porque mientras unos trataban de analizar cómo podían servir las religiones para el futuro de Europa y Asia, otros se esforzaban en atacar la propaganda negativa contra el Islam en Occidente.

Las discusiones y las recomendaciones del Forum han transpirado en la ASEM, tanto en los resultados como en la misma organización. Siguiendo los deseos de los asiáticos, no hubo temas de discusión en el pleno, ni decisiones mayoritarias, ni búsquedas de resultados concretos. Los acuerdos finales, por su parte, han plasmado una serie de iniciativas sobre las que es necesario esperar desarrollos futuros. Algunos de los acuerdos son típicos de este tipo de encuentros, como aumentar la seguridad regional; algo que no deja de ser una buena idea pero con escasa operatividad si no se cuenta para ello con Washington. Muchas de ellas no habrían necesitado de encuentros multitudinarios para ponerse en marcha, como la cooperación contra el terrorismo y contra el tráfico de drogas, o apoyar el fortalecimiento de la ONU. Para otras iniciativas, no obstante, el apoyo explícito y conjunto desde las altas instancias gubernamentales reunidas en un cónclave como la ASEM puede ser clave para que esos buenos deseos reciban el impulso necesario para que lleguen a buen término. Así ocurre con el Forum de Negocios Asia-Europa, para promover la cooperación entre los sectores privados, con la creación de un programa como el Confucius o Marco Polo para promover los intercambios universitarios, o con la puesta en marcha de un grupo de estudio para elevar los intercambios tecnológicos y la cooperación en agricultura, la protección del medio ambiente y las pequeñas empresas. También se tentaron posibilidades de acuerdos políticos, como podría ser el de ayudar a la transición de economías con fuerte aparato estatal, como la india, la china o la vietnamita, que necesitan apoyos amplios, mas allá de las ayudas puramente técnicas. Se han creado también otros instrumentos que estarán siempre pendientes del apoyo político, tales como Fundaciones ‑siempre en países del Sudeste Asiático- con el fin de promover estos intercambios de tecnología o culturales, que serán positivas siempre que sepan labrarse su campo de actuación y crear lazos duraderos.

Además, la propia reunión de la ASEM ha servido para promover contactos informales de los líderes europeos con empresarios e inversores. También ha dado pie el encuentro para reuniones informales de carácter bilateral, ideales para solventar problemas; el caso más aireado ha sido el de Timor Este, entre Portugal e Indonesia, pero también se han reunido los primeros ministros de Corea y Japón, Ryutaro Hashimoto y Kim Young Sam, para hablar sobre los islotes de Takeshima/Tokto, así como el presidente de Filipinas, Fidel Ramos, con el Primer Ministro chino, Li Peng, para hablar de las islas Spratlys. Otros encuentros a alto nivel hablaron de temas menos candentes pero con mayor contenido a largo plazo, mientras que en algunas ocasiones traslucieron restos de la relación desigual existente hasta ahora; Mahatir y Kohl dejaron de verse porque los alemanes insistían en que el malasio fuera a visitarle, aunque era el europeo el que había pedido la entrevista y, puestos a razonar protocolariamente, Mahatir lleva más tiempo en su cargo que Kohl.

Quizás el resultado más positivo ha sido la propia celebración de la reunión y establecer el calendario para un buen número de reuniones en las que los ministros de economía, funcionarios de inversiones, etc, serán los protagonistas. Reunirse para seguir discutiendo y programar nuevas reuniones. Puede parecer una banalidad, pero también indica que Europa está aprendiendo de esa forma asiática de resolver problemas. En definitiva, la forma ha sido más importante que el fondo; la ASEM ha sido principalmente un ejercicio de relaciones públicas.

 

IMÁGENES Y REALIDADES ENTRE EUROPA Y ASIA

En Relaciones Internacionales, no obstante, esas formas son una parte esencial de la relación. Las imágenes valen más que las mil palabras del refrán; más aún entre territorios tan alejados geográfica y culturalmente como Asia y Europa, donde una buena cantidad de tópicos, como el del exotismo, siguen teniendo la validez de antaño. Resolver cuestiones de forma, por tanto, irá ayudando fuertemente a resolver esos problemas de fondo: cuanto más se perciban las posibilidades mutuas y el pesimismo actual dé paso a la confianza en el futuro, tanto mejor para las propias relaciones.

La UE es consciente de la necesidad de mejorar la imagen de Europa en Asia, vista como una región con mucho pasado pero sin excesivo futuro. Una encuesta a los participantes del Forum Europa-Asia demostró con claridad la importancia del problemas: el 46% consideró que el principal obstáculo entre Europa y Asia era la pobre imagen de Europa en los medios de comunicación, seguido de un 43% que veían la falta de intercambios culturales y un 26% la competición económica. Curiosa la escasa importancia del aspecto económico en esta pregunta, porque fue el dominante en las otras dos: qué aspectos de la relación han de ser mejorados (fortalecimiento de los lazos económicos, un 40%) y cuáles son los principales instrumentos para obtener un partenariado más potente entre Europa y Asia (relaciones económicas con el intercambio de directivos, con un 36%).

Un informe sobre la imagen de Europa y la UE en el Sur y Sudeste de Asia, elaborado por encargo de la Unión, ha especificado lo que significa esta pobre imagen entre las elites dirigentes de Asia. Sus conclusiones son interesantes: Europa raras veces es visto como una entidad, excepto en el sentido geográfico; la imagen de algunos países en concerto es más fuerte que la Europa como un todo; el Reino Unido, Francia y Alemania son los que tienen las imágenes más fuertes; las imágenes de Estados Unidos y de Japón son generalmente mejores que la de Europa o la de cualquiera de los países europeos; aunque la mayoría de aquellos que contestaron a la entrevista habían oído hablar de la UE, pocos sabían sobre su papel, su política o sus actividades en Asia; la principal imagen mental de Europa es la de un bloque comercial formado para competir contra USA y Japón; la UE es vista como proteccionista y como perjudicial para los países en desarrollo, aunque esta noción no es importante en China, India, Indonesia y Corea del Sur; no se piensa que la UE podrá tener éxito como tal unidad; USA y Japón son vistos como los principales donantes de ayuda al desarrollo; casi nadie conoce dónde está la delegación de la Unión, qué son las Cámaras Europeas de Comercio o ha visto alguna vez una publicación de la UE.

No todos son aspectos negativos; la ayuda al desarrollo tiene una imagen positiva incluso entre los países que la consideran ya innecesaria (Malasia, Singapur o Corea del Sur), porque siempre es positivo el intercambio de estudiantes o de tecnología. Además, hay otros datos que pueden inducir a pensar en un futuro más brillante de la Unión, que algunas imágenes pueden verse como “genéricas” de Europa y que este bloque es visto como forma de compensar el poder de Estados Unidos y de Japón. Además, Europa está dejando caer la idea de su mayor cercanía cultural con Asia frente al ejemplo norteamericano. Tipos de población y densidad semejantes, configuraciones nacionales con problemas comparables, menor disposición a imponer normas, etc, han sido ideas que se han intentado imbuir en las reuniones mutuas y un consejero de Manuel Marín, Georges Ponette, llegó a afirmar: “En nuestra búsqueda de compromiso trabajamos casi como los asiáticos”. No resulta extraño que uno de los resultados de Bangkok haya sido encargar a Malasia los estudios de viabilidad de una red de ferrocarril transasiático -sólo Corea del Norte falta de dar la aprobación inicial‑, que en un futuro podría integrarse con una red transeuropea: Estados Unidos difícilmente podrá competir en semejantes proyectos de cooperación.

 

CONCLUSIONES

La Unión ha conseguido ganar en los titulares de la Cumbre de Bangkok la idea de un nuevo tipo de trato mutua. Los periodistas han dado buena cuenta del escaso interés por sacar a la luz temas como los derechos humanos o el trabajo infantil, del fin de la Ayuda al Desarrollo como elemento central en las relaciones mutuas, del deseo europeo de asiatizarse y, en definitiva, del comienzo de unas relaciones entre iguales. Este tipo de cambios no se producen con rapidez deseada y los propios gobernantes europeos lo tienen bien en cuenta; el premier belga Jean Luc-Dehaene señaló que no se deberían tener demasiadas expectativas del primer encuentro de la ASEM. Un necesario ejercicio de relaciones públicas, de imagen, del que tan necesitada está Europa y cuyos resultados se verán paulatinamente. Europa puede llegar en un futuro a ser considerada más cercana a los asiáticos, equidistante entre las formas culturales y de vivir de los norteamericanos y de los propios asiáticos. Deberán ir acompañados por la demostración de ese cambio de mentalidad, tan necesario para pasar de los monólogos simultáneos al diálogo.

La política exterior conjunta europea también puede ser beneficiada, puesto que Asia es uno de los lugares más apropiados para ponerla en marcha. Los intereses generales de la Unión tiene allí una cierta importancia frente a los particulares de cada país: se puede hacer una política para buscar un nicho propio, pero también son factibles los beneficios al abrigo del paraguas común, tal como podría ocurrir con España con la venta de cultura, según expresaban Enrique Fanjul y José Pedro Sebastián de Erice en la prensa.

Esta política exterior conjunta pasa necesariamente por determinar cuál de los bloques configurándose en Asia-Pacífico va a fortalecerse en un futuro: APEC [Forum de Cooperación Económica de Asia-Pacífico, con Estados Unidos, Canadá, Australia y países ribereños de ambos lados del Océano], ASEAN o el EAEC, el Caucus Económico del Este de Asia, promovido por el premier malasio, Mahatir, y compuesto por el bloque de naciones asiáticas que participó en Bangkok. Para la UE, la perspectiva de una APEC fortalecida resulta inquietante por el papel predominante de Estados Unidos y la marginación de hecho a que es sometida la UE ‑se le niega sistemáticamente el status de observador‑, mientras que la puesta en marcha del Caucus Económico tampoco puede ser vista con excesiva simpatía, ante la importancia japonesa desde dentro de la organización.

La ASEAN, al contrario, parece un escenario adecuado para el fortalecimiento de la presencia europea, tanto por los vínculos tradicionales y de antigua colonización como por el propio equilibro de fuerzas, que impide una hegemonía exclusiva. El interés europeo puede, además, verse compensado por el interés de los países de la ASEAN, deseosos de poder hacer frente a posibles presiones, ya de Estados Unidos, Japón o incluso China. Los propios países de la ASEAN perciben su creciente importancia en la escena internacional, una vez libres de la dominación colonial y se ven cada vez con mayor capacidad para decidir sobre su propio futuro y esquivar los designios de potencias ajenas a la región. El fortalecimiento de esta Asociación del Sudeste Asiático, por tanto, puede ser tan positivo para los propios países miembros como para Europa, donde podría ejercer un papel político como tal que le está vedado en otros foros internacionales.

El futuro, no obstante, es difícil de prever. Falta saber las respuestas de Washington o de Tokio, futuros acontecimientos que puedan ayudar en una u otra dirección ‑por ejemplo, el conflicto de las islas Spratleys con China‑ o el papel que puedan jugar otros grupos de naciones, como el Sur de Asia -El Reino Unido desea que participen en futuros encuentros- o Australia y Nueva Zelanda. El siguiente test de este juego se verá en Singapur, en la reunión de la Organización Mundial de Comercio donde estarán presentes los países más poderosos de la política internacional. Habiendo tres grupos principales (Europa, Asia y América), para que se impongan los puntos de vista propios habrá que adoptar posturas conjuntas entre unos y otros. Las alianzas y los acuerdos en Singapur indicarán si la Cumbre de Bangkok ha tenido éxito y, en definitiva, si la nueva política europea hacia Asia todavía está a tiempo de ponerse en marcha.

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