Florentino Rodao

 

Franco y el imperio japonés. Imágenes y propaganda en tiempos de guerra
Col. Así Fue. La historia rescatada, 49
Barcelona: Plaza & Janés, 2002. 669 pp.
ISBN 84.01.53054.7

 

 

Resumen

La Guerra Civil Española, la Guerra Chino-Japonesa, la II Guerra Mundial y la Guerra del Pacífico revitalizaron las relaciones entre Madrid y Tokio. Su relevancia fue mucho más allá de los contactos bilaterales y llegó a afectar incluso a la política interna española, puesto que las diferentes visiones de Japón fueron usadas en las disputas entre las diferentes familias del régimen franquista.
España y Japón vivieron dos guerras simultáneas desde julio de 1937. Este paralelismo no fue sólo uno de los principales factores que incrementó las diferencias entre alemanes, italianos y japoneses por una parte y las potencias democráticas y la URSS por la otra, sino también provocó fuertes sentimientos de identificación entre las partes en liza. En España, mientras los Nacionales se percibieron enfrentados al mismo enemigo que los japoneses, es decir, contra el comunismo internacional, a los Republicanos les ocurrió lo mismo con los chinos, viéndolos como el otro ejemplo más evidente de la violación por sus enemigos de las normas internacionales y de los principios encarnados por la Sociedad de Naciones. En un sentido contrario, los militares japoneses se interesaron pronto en la guerra en España para poder aprender sobre los últimos avances bélicos soviéticos (el tanque M-80 o el Cóctel Molotov, por ejemplo), mientras que los comunistas chinos usaron continuamente el ejemplo español dentro de su estrategia política, enarbolando mensajes como el “No Pasarán”, tomando el ejemplo de Madrid para defender Wuhan, su capital después de la toma de Nanjing, o invitando a Santiago Carrillo y a comunistas españoles al acabar la guerra para organizar las juventudes del partido.
Tras el fin de la Guerra Civil se perdió esa identificación entre españoles, chinos y japoneses por medio de la simultaneidad en los conflictos, pero con el estallido de la guerra en Europa el interés mutuo entre la España de Franco y el Japón militarista volvió a revivir. Ambos países adquirieron un papel paralelo ante esa búsqueda de un Orden Nuevo que fue el origen de la lucha en esos años: alineados con el Eje, pero sin participar en la contienda europea. Tanto Tokio como Madrid deseaban y esperaban la victoria alemana, aunque su posibilidad de ayudar estaba limitada a labor de debilitar al enemigo en labores colaterales, ya fuera por amenazando con su propia entrada como por medio del espionaje o la propaganda. Pero españoles y japoneses compartían también sus objetivos para el futuro, porque soñaban en engrandecer sus respectivos imperios: no sólo escuchaban con atención los partes de guerra sobre las victorias de los ejércitos alemanes, sino asimismo soñaban en su propio brillante porvenir dentro de ese Orden Nuevo. Como consecuencia de ello, el significado de la amistad entre españoles y japoneses cambió de objetivo prioritario; la lucha contra la Unión Soviética, así, perdió importancia frente al deseo de conseguir un mayor poder en sus respectivas áreas de influencia: África del Norte y el Asia Oriental. Ciertamente, estas expectativas de beneficiarse de la estela alemana estuvieron en el centro de la mayoría de los contactos y las percepciones mutuas entre españoles y japoneses. Además, esas áreas donde ansiaban aumentar su influencia estaban muy separadas. Sólo había una colonia donde confluían las intenciones de ambos: las islas Filipinas, puesto que mientras estaban en el área asignada a Japón, España buscaba hispanizarlas. Estos objetivos, además, pasaron a ser vistos como complementarios, porque había una potencia de cuya debacle podían beneficiarse los dos: los Estados Unidos de América.

Una vez empezó la Guerra del Pacífico, no obstante, el sentimiento común de cooperación se topó con unas ambiciones en las Filipinas que pasaron a comprobarse irreconciliables. Por un lado, Tokio pidió a Madrid que le ayudara en los dos objetivos más importantes que no podía realizar un país beligerante: representar sus intereses y los de sus súbditos emigrados por todo el continente americano y facilitar las labores de espionaje. España, de esta forma, llegó a ser el país occidental que más ayudó al esfuerzo de guerra japonés, formando incluso una red de agentes al servicio de Japón en los Estados Unidos y en el resto del continente, llamada Tô. Por el otro, los inmediatos problemas de la colonia española en Filipinas al llegar el ejército nipón hicieron darse cuenta pronto del error anterior, siendo usados en las disputas dentro de las familias del régimen contra aquellos que anteriormente habían abogado más a favor de Japón, los falangistas, dirigidos por Serrano Suñer. La amistad política con Japón fue cada vez menos capaz de compensar las fallidas expectativas y afectó incluso a la política interior.
Entre la necesidad de apoyar un país amigo y la disputa interna sobre los escasos resultados de esa amistad en las Filipinas, España se desentendió por primera vez ante los Aliados del futuro de un país del Eje. En el verano de 1942, cuando los ejércitos alemanes estaban más expandidos por el mundo, el general Franco dijo claramente ante el embajador norteamericano que no compartía las victorias del ejército japonés. Después de ello, tras la caída de Serrano Suñer, el nuevo ministro, Jordana, utilizó la creciente tensión con Japón como banco de pruebas en el progresivo giro español hacia la Neutralidad y para compensar los continuos actos pro-alemanes del gobierno de Franco. Un comentario de Franco sobre el conflicto mundial, expuesto en el verano de 1943 también al embajador norteamericano, es suficientemente elocuente: junto con el nítido apoyo a la guerra alemana contra la Unión Soviética, el dictador se refirió no sólo a una presunta neutralidad española en el conflicto del Eje con las democracias occidentales, sino también al apoyo decidido a la lucha contra los japoneses. Esta interpretación indica la idea del régimen de utilizar la creciente confrontación con Japón no sólo para reparar esa proclividad hacia la Alemania Nazi, sino también para acercarse a Washington por la puerta trasera que era Asia Oriental.

Japón, finalmente, acabó siendo objeto del cambio de política más radical y más completo dado por el gobierno de Franco. Dentro de los intentos por sobrevivir tras el previsto triunfo aliado, no sólo aparecieron autocríticas en el diario falangista Arriba reconociendo un pasado excesivamente japonista, sino que Madrid incluso llegó a tentar una declaración de guerra a Japón en marzo de 1945. No fueron sólo las expectativas de victoria del Eje las que fracasaron, sino también las visiones de los falangistas admiradores del auge de Japón y de sus logros desde el período Meiji, por las que se veían también a ellos mismos capaces de ascender socialmente y de ganar un poder en el plano interno, de la misma forma que Japón lo había conseguido en el plano internacional. El pensamiento tradicional permaneció: no sólo llegaba a demostrarse imposible que un país no-occidental como Japón consiguiera convertirse en una potencia de primer rango, sino también que los falangistas, predominantemente de clase media y media-baja, nunca serían capaces de detentar el poder interno, que siempre había correspondido a las clases más altas.

El giro político y la justificación ideológica, junto con el escaso período entre la amistad ideal y el odio más radical, o entre el interés y la insignificancia, tal como ocurrió en cuanto la guerra acabó, ayudan a entender la cambiante naturaleza de las relaciones entre España y Japón y, en general, las de los países con culturas tan diferentes. El período de amistad entre Madrid y Tokio, aunque vio a ambos países ensalzándose mutuamente por medio de la propaganda oficial, no sólo careció de unas relaciones más intensas en el plano político, económico o comercial, sino que también fue afectado por los sentimientos remanentes de odio y de antipatía racial, tal como pudo ser visto por el giro político tan brusco de España al final de la guerra. Tal movimiento no podría haber ocurrido con los Nazis alemanes o con los Fascistas italianos, a pesar de que éstos vivían una situación militar peor que los japoneses. Madrid cambió su política hacia Japón más radicalmente porque la distancia mutua no era sólo geográfica sino también cultural. Si las percepciones negativas y los numerosos estereotipos socio-culturales sobre Japón no pudieron ser escondidos, ni siquiera en sus momentos más brillantes, cuando los ejércitos nipones comenzaron a perder el impulso inicial, en la primavera de 1942, esos estereotipos renacieron con fuerza. Mas tarde, cuando se hizo factible la posibilidad de utilizar a Japón como una forma de acercarse a los Estados Unidos, las imágenes llegaron a ser instrumentos privilegiados de ese giro en la política. La posibilidad de manipularlas permitió que la propaganda se centrara en los aspectos más negativos de Japón. Más tarde, la creciente tensión oficial lo que hizo fue incidir en ello. Las imágenes precedieron a los hechos.

 

Aspectos más llamativos del libro

-Espionaje. Una de las principales contribuciones de España al esfuerzo de guerra japonés fue su ayuda para obtener y enviarles información confidencial utilizando varios canales muy diversos. El resultado más importante fue la puesta en marcha de una red de agentes, llamada Tô, que consiguió información en Estados Unidos. Tô no envió información excesivamente veraz, pero fue a la que dedicó más atención el servicio de contraespionaje norteamericano o G-2, tal como se puede comprobar por sus boletines diarios con los mensajes y los informes más importantes tomados al enemigo, o Magic Summaries. Cuando estos boletines fueron abiertos al público, en 1978, la existencia de Tô y la utilización de diplomáticos y de los medios del ministerio de Asuntos Exteriores español merecieron una buena cantidad de información en la prensa diaria, con varios artículos en El País y uno en primera página en Washington Post, por ejemplo. Mi libro ofrece por primera vez un recuento completo de las actividades del espionaje japonés por medio de España, gracias no sólo a esos Magic Summaries abiertos al público en 1978, sino a haber consultado todos los telegramas interceptados por el espionaje norteamericano que dieron lugar a los resúmenes diarios en Magic, abiertos al público en 1994 y ordenados únicamente por fecha, además de otra documentación desclasificada también recientemente, como la Red Machine. Esta red Tô aparece incluida dentro del contexto general del espionaje japonés y de la lucha mundial en el campo de la información secreta, tras la consulta de documentación japonesa y de entrevistas, incluido el jefe de la Tô, Angel Alcázar de Velasco.
– Incidente Laurel. El momento de mayor tensión entre Washington y Madrid durante la II Guerra Mundial fue en octubre-noviembre de 1943, cuando el gobierno de Franco contestó un mensaje del presidente de la nueva república independiente filipina, José P. Laurel, reconociendo por tanto al gobierno instalado por los japoneses. Estados Unidos reaccionó de forma enojada contra Franco, tal como muestran numerosos artículos en prensa, y su gobierno actuó bajo el mismo molde, cancelando totalmente los contactos y filtrando planes de invasión de la península Ibérica, de tal forma que el gobierno español hubo de resignarse a comenzar unas negociaciones destinadas a suprimir totalmente su colaboración con Alemania y dejar de suministrar a Alemania un mineral muy necesario para su esfuerzo de guerra, el wolframio. El Incidente Laurel es mencionado en todos los trabajos sobre España y la II Guerra Mundial, e incluso ha sido objeto de un libro (James W. Cortada, Spanish Relations, Wolfram and World War II, Barcelona, Manuel Pareja, 1971, 134 pp.), pero Franco y el Imperio Japonés da una nueva explicación. Muestra que el Incidente Laurel fue provocado artificialmente por el gobierno norteamericano, después de haber sabido, por medio de la descodificación de mensajes, las dudas internas del gobierno español sobre la conveniencia del envío de ese mensaje al gobierno filipino. En España, Washington quería traspasar el mal estado de las relaciones de Tokio a Berlín.

– Ambiciones españolas por las Filipinas. Dentro de la atmósfera de expectativas sobre el Nuevo Orden en el mundo, el gobierno español confió en un aumento de la hispanización de las Filipinas aprovechando la estela del auge japonés en Asia Oriental. Excitados los ánimos por las continuas victorias alemanas, llegaron a publicarse incluso algunos artículos en la prensa sobre una vuelta española a su antigua colonia. Fueron una ambiciones que pronto se dieron de bruces con la realidad, pero han sido bien recordadas por los que entonces se pensaba que eran una potencia perdedora, los Estados Unidos. Uno de los recordatorios más populares de este apetito imperial español, junto con su colaboración con el Eje, fue publicación de un libro, titulado Falange, El Ejército Secreto del Eje en América (La Habana y Nueva York), con un mínimo de cuatro ediciones en inglés el año de publicación, 1943. Su autor muestra a las Filipinas como el primer ejemplo de penetración del Eje por medio de España, y no sólo asocia a la Falange en Filipinas con estos presuntos intentos de retorno, sino también centra sus acusaciones en uno de los hombres más ricos de las Islas, Andrés Soriano. Propietario de la Cerveza San Miguel y líder indiscutido del llamado Partido Español dentro de Filipinas, en esos momentos Soriano estaba luchando con las fuerzas del general MacArhur contra Japón. Las afirmaciones realizadas en este libro sobre Filipinas no han sido reconsideradas hasta que publiqué el artículo, “Falange en Filipinas, 1936-1945”, traducido al tagalo y al inglés. En Franco y el Imperio Japonés añado nuevos datos e interpretaciones sobre esas ambiciones españolas y sobre su influencia en la deshispanización y en el nacionalismo filipino.

– La División Azul Marina. Al final de la Guerra Mundial, la propaganda del régimen de Franco atacó con saña a los japoneses, canceló la representación de sus intereses y los de sus súbditos en el continente americano, rompió relaciones diplomáticas y sugirió también la posibilidad de una declaración de guerra basándose en unas recientes masacres en Manila. Pero la tensión contra Tokio, que fue acusado incluso de enviar una orden a Filipinas para actuar contra los japoneses, estaba planeada, puesto que Franco necesitaba desesperadamente mejorar las relaciones con los Aliados y atacar al Imperio japonés era una de las pocas bazas que le quedaban para compensar la anterior proclividad hacia el Eje. La escasa documentación existente indica que se planeó esa posible participación en la guerra mundial por medio el envío de una División Azul, aunque en este caso constaría de varios buques. Este dato añade un nuevo elemento a la refutación de la postura oficial franquista sobre la presunta neutralidad del régimen de Franco durante la II Guerra Mundial: Madrid no sólo quiso entrar en guerra junto con Alemania en el verano-otoño de 1940, como es bien sabido, sino también en la primavera de 1945, esta vez en el campo Aliado.

– Representación de Intereses de súbditos japoneses. El gobierno de Tokio encargó a Madrid el cuidado de sus súbditos en la mayoría de los países americanos que rompieron relaciones o le declararon la guerra. El encargo fue, en buena parte, por esa identificación ideológica, pero también como una forma complementaria de conseguir que, a través del Ministerio de Exteriores español, llegara a Tokio información de inteligencia. Pero pronto las dos partes se dieron cuenta del error cometido; mientras los españoles fueron objeto de una fuerte campaña de prensa en América a causa de haber aceptado este encargo, los japoneses pudieron comprobar pronto que el interés político no bastaba: esta labor humanitaria tan complicada no sólo necesitaba muchos esfuerzos sino un prestigio moral que el régimen de Franco no tenía. Así, cuando las comunidades de emigrantes japoneses sufrieron saqueos, vandalismo y discriminación, incluyendo en el caso de Estados Unidos el traslado obligatorio a Campos de Realojamiento en el interior del país, los diplomáticos españoles pudieron hacer poco para aliviarles en sus sufrimientos. Esta orden de internamiento forzoso, que no fue emitida contra las comunidades italiana o alemana, ha dejado una fuerte impronta en la comunidad japonesa en Estados Unidos y ha provocado el pago de una indemnización a todos aquellos que fueron obligados a permanecer en estos Campos de Realojamiento. Entre la numerosa bibliografía sobre estos sucesos, las menciones a la diplomacia española son siempre procedentes de los Archivos norteamericanos.

– El Peligro Amarillo y las relaciones internacionales. La ideología, las imágenes y los estereotipos son esenciales para comprender las cambiantes relaciones entre españoles y japoneses. La existencia de una imagen ideal en los primeros años es clave para poder entender decisiones y actitudes que llevaron a los españoles a asumir como factible esa ayuda japonesa a la hispanización de las Filipinas, por ejemplo, o a enviar la primera misión oficial al gobierno marioneta de Wang Jingwei en la China ocupada por Japón cuando ni siquiera había sido reconocido oficialmente por Tokio. Cuando llegaron los momentos victoriosos de los Aliados, la recuperación de antiguas imágenes de Japón permitió a Madrid volverse contra su antiguo amigo, en un proceso de cambio de marco conceptual de una percepción predominantemente positiva a otra negativa ocurrido en muchas otras relaciones entre países con diferencias culturales tan importantes. El período del ministro de Exteriores Jordana resulta el momento más interesante de analizar en ese giro, porque permite comprender mucho mejor la necesidad de realizarlo y su justificación interna, crucial a pesar de que el país era entonces una dictadura La recuperación de conceptos como el peligro amarillo fue clave para conseguirlo, lo que muestra que el olvido sólo había sido temporal. Al igual que cualquier otra imagen; siempre son maleables a conveniencia.

 

Origen y nacimiento de Franco y el Imperio Japonés

El presente libro es el resultado de una Tesis Doctoral presentada en la Universidad Complutense en el año 1993, titulada Relaciones Hispano Japonesas, 1937-1945 de la que he sacado el capítulo de la guerra civil con la esperanza de publicarlo por separado. Al redactarla el objetivo se limitaba a hablar de un país y una región relegados en el estudio de las relaciones exteriores del franquismo. Cuando comenzó la investigación, en 1985, sólo habían sido publicados algunos trabajos sobre la guerra civil española y el imperio nipón, en lengua japonesa, aunque después de haber comenzado la investigación Gerhard Krebs editó otro útil artículo con un ámbito semejante al de este libro. Así, las referencias a Japón dentro de la historia de la España de la guerra civil y de la posguerra se han limitado a mencionar al ataque a Pearl Harbor, a explicar el Incidente Laurel en el contexto de las relaciones hispano-norteamericanas y a reproducir una teoría repetida por Franco sobre las tres guerras simultáneas, una de las cuales sería la del Pacífico. Japón, en definitiva, se ha estudiado principalmente en función de su lucha contra Estados Unidos, desgajando por tanto la vida propia que tuvieron las relaciones bilaterales. Esta razón sola vale para argüir la importancia de este trabajo, pero es necesario recordar asimismo la conveniencia de reducir en lo posible la perspectiva eurocentrica que se trasluce en la mayoría de los estudios. Para entender a España en la Segunda Guerra Mundial es necesario incluir esa tercera pata del Eje.
Este libro espera contribuir también al estudio de las imágenes y a la propaganda en la relación de España con el exterior. No fue el objetivo original de la Tesis Doctoral, cuyos capítulos se estructuraron comenzando por el contexto internacional y siguiendo por las relaciones políticas, las diplomáticas, las económicas y las protocolarias, para acabar con unas escasas páginas sobre comercio. A medida que avanzaba la investigación, las percepciones adquirieron mayor importancia y, de acuerdo con mi director, Juan Carlos Pereira, añadí en cada capítulo una parte dedicada a las imágenes y a la propaganda. Durante la lectura de la Tesis, además, dos de los miembros del tribunal, Enrique Ucelay de Cal y Manuel Espadas Burgos, llamaron la atención sobre la importancia del contexto propagandístico en las relaciones y sobre la necesidad de analizar las imágenes más en profundidad. Era necesario replantear la estructura del trabajo. Había que pasar las percepciones, por expresarlo de una forma gráfica, del final de cada capítulo al principio. Cómo hacerlo, obviamente, ha sido el gran problema y para ello he necesitado tiempo para recibir consejos y madurar la redacción final. Para ello he leído la escasa bibliografía sobre el tema, he ayudado a coordinar un volumen monográfico en la Revista Española del Pacífico sobre “Visiones Mutuas entre Europa y el Pacífico”, y he impartido dos cursos de doctorado “Percepciones e Imágenes en la Política Exterior Japonesa” así como un seminario sobre la Segunda Guerra Mundial, donde he tenido la suerte no sólo de aprender yo mismo más que los alumnos, sino de poder plantearles las dudas que más me corroían, tanto las metodológicas como las relativas a la documentación.
El resultado ha sido devastador para el trabajo original. Ha sufrido sucesivas amputaciones al ir publicando partes de la Tesis original en diversas revistas científicas donde he aprovechado para incluir una gran cantidad de citas, que para un trabajo con un público más amplio como es este libro resultan superfluas, y la estructura ha cambiado. El texto de 795 páginas acabado de redactar (por esas casualidades del destino que uno nunca sabe prever) el 12 de octubre de 1992, en definitiva, ha sufrido una reducción drástica, tanto por esa supresión de varios capítulos como por la nueva redacción, en la que he tratado de suprimir lo accesorio y suplir las antiguas carencias. Porque también ha recibido añadidos importantes, sobre todo provenientes de la documentación de los archivos de Estados Unidos, donde estuve tres meses en el año 1994 a fin de recoger información para la Tesis Doctoral que algún día presentaré a la Universidad de Tokio: El Declive de la Comunidad Española en Filipinas, 1935-1945 y adonde he vuelto en la última etapa de la redacción. Entre las carencias pendientes queda la de profundizar más en el punto de vista japonés, por lo que espero poder compensar este libro con un nuevo estudio futuro titulado “El Imperio Japonés y Franco”. Como queda claro en el título, este libro trata principalmente de la parte española; una obvia razón son las dificultades del idioma, pero la otra, aunque inexcusable para justificar la falta de profundización, es que los cambios en las imágenes de Japón sobre España fueron menores. Los nipones conocían mejor a los españoles que al revés y su necesidad de utilización política de las imágenes también fue menor. Madrid, para Tokio, estuvo menos constreñido a los giros bruscos tan propios de los intereses políticos.
Tras un primer capítulo dedicado a el bagaje de las relaciones, tanto en percepciones como en contactos históricos, Franco y el Imperio Japonés comienza en 1939 cuando las relaciones cada vez más intensas durante la guerra civil, sobre todo a raíz del estallido de la guerra chino-japonesa den 1937, sufren un vuelco de 180 grados. Hasta entonces se habían basado en la lucha conjunta contra la Unión Soviética o el comunismo internacional, y el ejemplo más claro es la adhesión española al Pacto Antikomintern al poco de acabar el conflicto interno. Pero esta adhesión fue caso el último halo de vida del pacto, que e poco tiempo dio paso al acuerdo de no-agresión Nazi-soviético, unos días antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. El segundo capitulo del libro se inicia con este período de confusión que también afectó a la forma en que españoles y japoneses vieron su papel en esta alianza enrarecida y en su amistad. A partir del verano de 1940, sin embargo, las victorias militares alemanas redirigieron las miradas, tanto de españoles como de japoneses, desde Moscú hacia Berlín y consiguieron dar un nuevo sentido a la relación bilateral: ese Nuevo Orden en el que ambos habían de salir beneficiados. Más que los odios del período anterior, en este período lo decisivo fueron las ambiciones, los sueños de imperio y las expectativas de un futuro brillante los que impulsaron los contactos, estudiado por separado en el capítulo tercero, porque el objetivo común en estos años era ayudar en la consecución de esa victoria en la medida de sus posibilidades. Fue un período de colaboración entusiasta en pos del ansiado triunfo del Eje que por muchos años sería recordada por los adversarios de entonces, los Aliados.
La entrada de Japón en guerra contra Estados Unidos e Inglaterra representó un cambio crucial en la relación bilateral. Fue el segundo ataque sorpresa en un año; un punto de confusión más en esa vorágine que ya duraba dos años, llegado en medio de una espiral que no se sabía cuándo se detendría y que no hizo sino aumentar la confusión en las quinielas sobre el final de la contienda. Datos tan precipitados eran difíciles de asimilar y permitían opiniones para todos los gustos. Así, mientras en Japón los resquicios de diplomacia hacia Occidente dejaban paso a los armamentos, en España el estallido de la Guerra del Pacífico acabó afectando a la política interna. Las relaciones de Madrid con Tokio dejaron de ser pasto de las expectativas para ser objeto de pura actualidad, por lo que la personalidad y ambiciones de los ministros de Asuntos Exteriores pasaron a ser determinantes. Las sucesiones de Serrano Suñer por Jordana y de este por Lequerica marcan tres etapas diferentes a lo largo de los cuatro años y medio que coinciden a grandes rasgos con el desarrollo de la guerra en el Pacífico, e incluso de la política japonesa. No debemos olvidar que las personalidades de los ministros españoles influyeron decisivamente en el cómo y el cuándo de las relaciones con Japón.
Los contactos hispano-japoneses empezaron caracterizándose por la amistad y el cuarto capítulo abarca desde el inicio de la nueva guerra hasta septiembre de 1942, cuando Ramón Serrano Suñer dejó de ser ministro de Asuntos Exteriores. El cuñadísimo quiso beneficiarse de la estela victoriosa japonesa, para lo que autorizó el espionaje y otros actos de colaboración con Japón, pero acabó siendo arrastrado por la creciente animosidad hacia el imperio japonés, así como por la creciente hostilidad según se ventilaba la marcha general de la lucha por la supremacía mundial.
El quinto capítulo comienza al acabar la etapa definida por las victorias de Japón, la creciente influencia de Filipinas en las relaciones y los debates que su ocupación provocó en las lucha entre falangistas y conservadores en la España franquista. El conde Jordana tomó el mando cuando las victorias niponas estaban en su máximo esplendor y murió en el verano de 1944, cuando ya era obvia su derrota final. La posición, como es de suponer, pasó de la amistad embarazosa a la tensión soterrada, plasmada en el capítulo sexto, pero con la diferencia de que ese giro hacia Tokio sirvió para pilotar el mucho más difícil giro español hacia la neutralidad con el Eje. Fueron unos años caracterizados por la doble vía, la de los vínculos con unos y las necesarias relaciones con sus enemigos.
El séptimo ý último capítulo está marcado por la hostilidad abierta española. En el breve período en que José Félix de Lequerica fue ministro de Exteriores también utilizó a Japón para experimentos varios, como su antecesor Jordana. No sólo por la progresiva ruptura de relaciones entre marzo y abril de 1945, sino también por la curiosa guerra que planearon declarar y por las ideas de moderar las críticas a la Unión Soviética sin dejar de tener un enemigo. Ganar una credibilidad de última hora ante los futuros vencedores fue el prisma a través del que se vio a Japón en este período. Lo que influyó esta etapa en el reconocimiento exterior del régimen en 1953 queda a la interpretación de cada uno, aunque nos atrevemos a creer que la idea vendida en estos momentos caló lo suficiente para ser recordada a raíz del estallido de la guerra de Corea, en 1950. La única certeza de este convulso período, por otro lado, es que da paso a la posición que Japón había ocupado siempre en España, la del desconocimiento y lo exótico.

Ha sido necesario visitar un buen número de archivos para realizar este trabajo. Pocos documentos importantes del Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores creo que pueden haberse escapado a la consulta. Los meses pasados en la sala de investigación, el semestre trabajando en un proyecto de automatización y el tiempo dedicado anteriormente para poder escribir una Tesis de Licenciatura sobre Siam creo que lo avalan. Sobre la documentación generada por la Legación de España en Tokio me siento especialmente orgulloso por haber podido consultar por primera vez la que no fue remitida a la península en 1953; gracias a un diplomático especialmente activo al que muchos apreciamos, me enteré de la existencia de aproximadamente cincuenta centímetros lineales de documentación de la guerra del Pacífico y después, de nuevo por otra persona a la que guardo gran afecto, recibí el encargo de ordenarlos para su remisión definitiva a España. Con otros archivos ha habido menos suerte: la documentación proveniente del anterior Jefe del Estado está a cargo de una fundación privada y sólo una mínima parte está disponible en un archivo público, el de Presidencia de Gobierno; la proveniente del Ejército posterior a 1939 sigue sin poder ser consultada, y de la generada por el Consejo Superior de Misiones una mínima parte está en la biblioteca de la Conferencia Episcopal de Madrid, sin saber nadie a ciencia cierta donde se encuentra el grueso de la documentación. Parece que al disolverse el Consejo en 1967 quedó a disposición de alguno de sus cargos directivos (presuntamente, el padre Lejísima) o de alguna orden. Volviendo al Ministerio de Exteriores, algunos expedientes, como el del Gabinete Diplomático con Serrano Suñer, muestran que ha desaparecido documentación. Posiblemente ésta se habría podido recuperar cotejando los microfilmes realizados en la década de 1970 (sin índice) que estaban en la entrada del archivo, pero una buena parte de los armarios fueron arrojados a la basura durante unas obras de principios de la década de 1990.
Los resultados de las consultas en los archivos extranjeros también han sido desiguales. Mientras que las visitas al Public Record Office en Kew Gardens y al Archive du Ministère des Affaires Étrangères francés han permitido encontrar referencias al punto de vista de esos países sobre los contactos entre España y Japón, el Archivo Mexicano de Relaciones Exteriores no contenía mas que una carpeta sobre el tema, que resultó estar vacía. En Estados Unidos, las facilidades para investigar han ido dándome sus frutos allá por donde pasara y, por ejemplo, una visita al Micronesian Area Research Centre de la Universidad de Guam me permitió consultar documentación sobre los misioneros capuchinos y conocer mejor lo ocurrido al Obispo Olano tras su envío forzoso a Japón. En la Hoover Institution of War, Peace and Revolution pude encontrar fotos de carteles de la guerra muy interesantes, mientras que en las bibliotecas presidenciales en Independence, Kansas (Truman) y en Poughkeepsie, Nueva York (Roosevelt), conocí la posición de la administración norteamericana, junto con los papeles del embajador Hayes en la Universidad de Columbia. Los National Archives and Records Administration (NARA) son un capítulo aparte: se sabe cuando se empieza, no cuando se termina. Tuve la suerte de estar allí cuando todavía sólo habían trasladado unos pocos grupos documentales fuera del viejo edificio de la plaza de la Marina, pero aún así no acabé de consultar la documentación relativa a espionaje, aunque me consta que sobre ello presentará pronto su Tesis doctoral Rafael Moreno.
Los archivos japoneses han ofrecido el problema de la desaparición de la documentación y de la lengua. Una buena parte de la documentación fue destruida en los días finales de la Guerra del Pacífico a causa de una decisión del gobierno que provocó unas humaredas en la última quincena de agosto parecidas a las que días antes habían provocado los aviones aliados, por eso sólo es achacable a la suerte que hayan quedado una buena parte de los documentos relativos a la Guerra Civil española en la sede central del Ministerio de Exteriores (no sobre el reconocimiento del gobierno de Franco, en 1937), así como algunos papeles sobre la situación interna española, hasta el año 1943. El archivo de la Legación Imperial en Madrid también está destruido, al igual que el de muchas otras representaciones que al romperse la relación con Tokio recibieron una circular en la que se urgía a hacer desaparecer la documentación. Se pueden consultar legajos sobre España en otros departamentos, como el Boeichô o Fuerzas de Autodefensa, sucesor del antiguo ministerio del Ejército. Allí también se destruyó parte de la documentación, pero queda la esperanza de que cuando se cataloguen mejor los documentos puedan aparecer nuevas referencias a España.
El vacío en esa documentación japonesa, no obstante, ha sido cubierto parcialmente gracias al contraespionaje. Desde 1978, los telegramas descodificados a los japoneses por los norteamericanos (denominados SRDJ o SIS, según la numeración) y los boletines diarios (desde abril-mayo de 1942) con lo más granado de la cosecha, llamados Magic Summaries o Magic Diplomatic Summaries, fueron puestos a disposición de los investigadores, convenientemente censurados, junto con otra documentación japonesa interceptada con anterioridad a la guerra. Al saberse la ayuda española al espionaje japonés, los Magic provocaron una fuerte polémica en la prensa que se ha calmado con el tiempo, aun cuando la documentación accesible ha aumentado en calidad y en cantidad. Se han abierto también los archivos británicos de contrainteligencia, los documentos de la llamada Red Machine de cifrado, introducida por la Marina en la década de 1930, e incluso se ha permitido la consulta directa de los telegramas cifrados (aunque no de los originales) y el levantamiento de las partes censuradas de esos Magic Summaries, gracias al pleito presentado por Gar Alperowitz, un investigador que, basándose en los derechos de la Freedom of Information Act, ha conseguido desvelar nuevos datos sobre la decisión de arrojar las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.
Faltan nuevas autorizaciones de consulta de documentación, principalmente de la militar, pero ya se puede asegurar que Washington no sólo decodificó las comunicaciones secretas japonesas y alemanas, tal como se sabía desde 1978, sino las de al menos 33 países. España fue uno de esos países, entre beligerantes, neutrales y amigos, cuyas comunicaciones eran leídas también en Estados Unidos (y en el Reino Unido, por lo menos). No era difícil imaginarlo. Además de tener cierta lógica, lo sugerían unos libros editados también 1978 (The “Magic” Background to Pearl Harbor) con comunicaciones previas a 1941, que demostraban que Washington no esperó a tener la declaración de guerra en la mano para comenzar a descodificar los mensajes nipones. Con todo, me cabe el prurito personal de haber sabido que las comunicaciones españolas también eran interceptadas, gracias a algunas referencias cruzadas, a algunos pequeños errores en el tachado y a la propia lógica de esa labor de censura. Me jacto de ello en este libro, pero también lo señalé antes de esa desclasificación oficial de los archivos, en la presentación de mi tesis doctoral. Ojalá que otros servicios de inteligencia norteamericanos puedan en un futuro hacer accesible su documentación histórica y con ello contribuir, también durante la paz, al conocimiento de lo pasado, y que sus colegas españoles o nipones se vieran aguijoneados por el ejemplo.
Las carencias de la documentación internacional provienen principalmente de Italia, Alemania, Portugal y el Vaticano. En los dos primeros casos, buenos conocedores de esos archivos los han visitado para realizar trabajos sobre España y Japón; en Alemania, un trabajo muy interesante titulado Spanien und Japan, 1936-1945, por Gehrard Krebs, a quien también he de agradecer la entrega de series generales de telegramas japoneses, me ha desincentivado para viajar allí, mientras que Valdo Ferretti también ha consultado los archivos de la sección de Uffizio Spagna tras haber leído mi tesis doctoral, por lo que poco nuevo se podrá añadir tras el artículo suyo publicado en la Revista Española del Pacífico del año 1995. Falta la documentación desde Portugal, de cuya ausencia soy el único culpable, y del Vaticano que, aunque promete ser interesante, necesita primero una normativa para permitir el acceso a documentos de los años de la Segunda Guerra Mundial.
La carencia de bibliotecas con bibliografía sobre Asia, siquiera la más básica, es uno de los problemas de base que tiene cualquier estudioso residente en España. Por ello, residir en Japón fue la razón que me permitió realmente adentrarme en el contexto asiático del libro, aunque el sentimiento de estar rebosante de libros lo experimenté en la biblioteca de la Universidad de Wisconsin-Madison, donde hay una de las mejores colecciones sobre la participación española en la Segunda Guerra Mundial, gacias en buena parte a la labor de Stanley Payne. Además, John Dower preparó allí su War Without Mercy. Contar con una bibliografía tan extensa en las últimas fases de la redacción de este trabajo me ha ayudado a pulir las aseveraciones y estar al tanto de las últimas novedades.

Nota: Este texto era originariamente una parte de la introducción, que fue excluida para no incrementar más aún la extensión total del volumen. Lo incluyo aquí para aquellos o aquellas que puedan estar interesados en saber más sobre cómo fue concebido.

 

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patrocinada por Casa Asia,
– Barcelona, en CIDOB: España y Asia-Pacífico a lo largo del siglo XX (17 de Enero de 2002)
· Participantes: Ion de la Riva (Director de Casa Asia), Stanley G. Payne (Catedrático Universidad de Wisconsin-Madison), Diego Ribera (Director Cidob), María Borras (Directora Colección Así Fue, Plaza & Janés) y Florentino Rodao
– Madrid, en FNAC: España y Japón (11 de febrero de 2002)
· Participantes: Katsuyuki Tanaka (Embajador de Japón), Juan Carlos Pereira (Profesor de la Universidad Complutense), María Borras (Directora Colección Así Fue, Plaza & Janés) y Florentino Rodao

Prepublicaciones

”Cuando Japón irritó a Franco,”
(capítulo de Franco y el imperio japonés)
Lectura, Revista La Vanguardia, 17/II/2002
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”La amistad embarazosa”
, Num. 42 1-7 feb. 2002, pp. 94-97
(capítulo de Franco y el imperio japonés)
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“Pearl Harbor no quedaba tan lejos,”
(capítulo de Franco y el imperio japonés)
, Lectura, 15/VII/2001
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Reseñas

Revista de Libros (Num. 109, Enero 2006) España y Japón, por Fernando Delage
Historia de la Comunicación Social (Vol. 7, 2005, pp. 272-273), por Alejandro Pizarroso
Illes i Imperis (Num. 5), España y Japón durante la Segunda Guerra Mundial por Stanley Payne
Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea (Num. 25, 2003, pp. 350-354), por Santiago Petschen
Perspectivas Históricas (Año 5, Núms. 9-10, Julio 2001-julio 2002), por María Fernanda García de los Arcos
Stvdium (Num. 8, 2002, pp. 311-314), por David Almazán Tomas
Problemas del Desarrollo. Revista Latinoamericana de Economía (vol 34, N. 132, 1-III, 2003, pp. 191-193), por Alicia Girón
Revista Española del Pacífico (2º semestre 2000, num 12), por Rubén Herrero
Política Exterior (Mayo/Junio 2002) por Camilo Barcia
ABC Cultural (Num. 530. 23-Mar-2002, p. 21) De aliados a enemigos, por Fernando Delage
Revista Clío (Año 1, num. 3. Enero 2002, p. 97): La extraña pareja: España y Japón, por Carlo A. Caranci
Anales de Historia Contemporánea (Nº 23, 2007), por Pedro Mª Egea Bruno

 

Prensa

5/VI/2002, El Libro del día. De cómo Franco convirtió a Japón en su enemigo (Agustín Rivera, El Mundo)
May-2002 “Interesado acomodo” (Carlo A. Caranci, La Aventura de la Historia. Año 4, N. 43, p. 114)
4-Mar-2002 “Franco y el imperio japonés” (Ramon Vilaró, Cambio 16)
Feb-2002 “Franco y el imperio japonés” (Pablo-Ignacio de Dlamases, Radio Nacional de España. Los Libros)
14-II-2002 “Florentino Rodao prueba cómo España pensó en declarar la guerra a Japón en 1945” (La Razón)
13-II-2002 “Florentino Rodao evidencia la fragilidad de las relaciones hispano-japonesas” (Europa Press)
12-Feb-2002 “Florentino Rodao evidencia la fragilidad en las relaciones hispano-japonesas en su libro “Franco y el imperio japones”” (EFE)
12-Mar-2002 “Aliados distantes”, por J. Barrado (Diario de Teruel)

18-Feb-2002 “Estudian la postura de Franco ante el imperio japonés” (Diario de Ávila)
18-Feb-2002 “Un libro histórico explora en las complicadas relaciones entre España y Japón” (Diari de Tarragona)
17-Feb-2002 “Estudio sobre la relación de Franco con el imperio japonés” (Diario de Navarra)
17-Feb-2002 “Un libro dice que Franco despreció a los japoneses” (Diari de Tarragona)
14-Feb-2002 “Franco, fenómeno editorial” (Mi Canoa)
14-Feb-2002 “Estudio. Franco y el imperio japonés” (Córdoba)
23-Feb-2002 “Ensayo. Franco y el imperio japonés” (La Razón. Ed. Catalunya)

Web

Debatalia: Crímenes japoneses en la Segunda Guerra Mundial
Materia reservada. Ángel Alcázar de Velasco
Foros de Historia: España declara la guerra a Japón
Nipoweb, reseña de Jordi Juste pdf

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