El día del deporte. Durante todo un sábado, los estudiantes de cinta roja de la Escuela Número 2 del distrito de Fuchu, compitieron contra los de cinta azul. Un servidor, como cada padre en su momento, pudo animar a su hijo durante una carrera, aunque reconozco que fui demasiado ruidoso. 

 

La educación física es uno de los tres pilares del sistema educativo en Japón, junto con el conocimiento y los valores. Es bien visible. Los polideportivos son la parte más amplia y quizás la mejor equipada de cada escuela en Japón, en parte porque allí también se celebra el comienzo y final del curso. Pero también las horas dedicadas al deporte son numerosas, tanto en el horario normal como después, ya que las actividades con pelota son las preferidas entre las electivas, aunque también es posible aprender tiro con arco, ikebana o tambor japonés. Y el equipamiento deportivo con el nombre grabado en la camiseta (Furorentīno) forma parte del excesivo gasto que se debe anualmente, desde las preceptivas camisas, pantalones o zapatos hasta una chaqueta con corbata. La factura fueron 83.000 Yenes, aunque estuvo sólo seis meses. 

 

Más allá del deporte, la educación es igualitaria.  No solo se busca que los jóvenes adquieran conocimientos, sino que se integren socialmente y aprendan los conceptos y valores básicos de formar parte en la sociedad, desde el trabajo en grupo, asumir responsabilidades o adquirir conductas sociales -y buenos modales. La educación primaria y secundaria, además, son un instrumento básico para igualar el país, y los equipamientos están más igualados, según las estadísticas de la OCDE. Las zonas pobres no necesariamente tienen escuelas pobres. En Fukushima, por ejemplo, se han abierto escuelas a pesar de tener pocos alumnos y menores expectativas aún de aumentarlos en el futuro.

 

Esta homogeneización no sale cara. En parte por el escaso personal. La administración tiene poco personal las tareas de limpieza y comedor la realizan los propios alumnos con sus profesores (a mi hijo le tocaba servir la comida uno de cada dos viernes). Pero no por unos bajos salarios. A los profesores se les paga bien, pero no se les permite beneficiarse del trabajo asegurado. No se les permite quedarse siempre en la misma escuela y los mejores profesores pueden ser enviados a las zonas más problemáticas. Cada diez años han de renovar su certificado educativo y según se van haciendo mayores cambian de colegio menos, pero siguen rotando. La prioridad educativa está por encima.

 

 

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