
La vida de los japoneses en torno al trabajo es tan intensa como en otros países y más emocional con el lugar de trabajo, que tienden a ver como una prolongación de la familia. Las expresiones en torno a la vida laboral son frecuentes, desde las tradicionales sen’yu koraku “primero el sufrimiento, después el placer” o gambare “hazlo lo mejor que puedas”, o las numerosas caracterizaciones como “OL” (Office Lady) o “Sarary-Man” hasta la propia administración, que acuñó un nuevo término para las estadísticas, “furiita,” de freeter, una combinación de freelance y del alemán arbeiter, o trabajador sin trabajo fijo. Se prefiere a un jefe estricto pero dispuesto a involucrarse en cuestiones personales y se espera que invite al empleado para que escuche quejas, para que le de lecciones de moralidad e incluso que visite a familiares en el hospital o ayude a encontrar pareja. No es raro trabajar con un cubata por la tarde en el puesto de trabajo.
Las facetas más negativas vienen cuando una empresa se sobrepasa: es difícil parar los pies. Ni la legislación ha sido muy estricta ni los sindicatos han defendido a los trabajadores más allá de evitar el despido, tal como se vio con el suicidio de una joven trabajadora en una gran empresa un día de navidad. No se estaban contabilizando las horas extra, a pesar de estas prohibidas. Los kagikodomo, o los “niños de la llave” que llegan solos a casa son el ejemplo de esos padres que les dejan solos porque no regresan a casa hasta tarde; en los casos más graves se tienen que hacer la cena.
Hechos llamativos como ese suicidio y el descenso de la población están cambiando la vida en las empresas. Por un lado, la propia administración, que finalmente ha legislado para limitar tanta hora extra indeseada y que provocó tantas muertes por exceso de trabajo, Karoshi. Se están promoviendo reducir el horario de trabajo con iniciativas como los Premium Friday, para comenzar el fin de semana el viernes a las tres de la tarde o el Proyecto Ikumen, para que los hombres se ocupen de cuidar a sus hijos. Pero por otro lado, la propia sociedad también cambia. Si desaparece la seguridad de tener un empleo de por vida, también ese sentimiento de la empresa como una familia; si ya no hay perspectiva de mejorar el salario hacia los cincuenta años, un empleado válido puede optar por trabaja.

