La foto muestra a la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que personifica el fracaso español al solicitar por tercera vez la proclamación y recibir menos votos que en las ocasiones anteriores. El sueño olímpico se ha desvanecido a pesar de la hándicap nuclear de la candidatura de Tokio. 

Los juegos de Londres dejaron un legado importante, desde el desarrollo de East London a una oficina precisamente para gestionar precisamente que ese legado no consistiera en inversiones ruinosas. Pero quizás lo más significativo fue que subiera un cuarto el número de turistas, gracias al funcionamiento de muchas áreas comerciales, más que a un programa cultura que tuvo poco impacto.

Esa colaboración público-privada permitió a Japón convencer para será la sede de los juegos Olímpicos de 2020, superando a Estambul y Madrid, durante la 125 sesión del COI en Buenos Aires en 2013. Para recuperar una región desatada, los Juegos Olímpicos son una oportunidad perfecta cuando se produce una colaboración conjunta entre la administración y la sociedad. Pero lo tenía difícil con la radiactividad del accidente de Fukushima apenas dos años antes. Japón está demostrando que no está dispuesta a abandono la región de Tohoku como Ucrania ha hecho con la zona de Chernóbil. Las ferias de productos de la región se suceden por el país y los Juegos ayudarán a exportar sus productos, algo encomiable; pero un accidente nuclear necesita tiempo para que la radiactividad disminuya. No vale solo con el voluntarismo. Aun así, el relato de la ciudad moderna española alegre y vivaz que intentaba por tercera vez organizar unos Juegos fracasó. El cafetito con leche en la Plaza Mayor no venció ante el tsunami de Fukushima y Madrid quedó derrotada.

El difícil éxito japonés se entiende mejor comparándolo con el fracaso español a través del antiguo director de Casa Asia en Madrid y entonces un alto cargo en el Ayuntamiento de Madrid. Había vivido tres años en Japón y se había graduado en una de sus mejores universidades, Keio, pero a pesar de lo cerca que le tenían, nadie le preguntó sobre las debilidades de los japoneses, que ya se sabía eran los principales adversarios. Hay especialistas, pero no se utilizan. La prioridad, además, fue acallar al antiguo presidente de gobierno, marido de la entonces alcaldesa, que una apuesta tan importante como unos Juegos Olímpicos. Provincialismo, objetivos a corto plazo predominando sobre los demás, dirigentes poco preparados… Quizás el fracaso ha sido lo mejor que le ha podido ocurrir a Madrid, porque los equipamientos deportivos ya han sido construidos. 

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