Franquistas sin Franco

Una historia alternativa de la Guerra Civil Española desde Filipinas

Granada: Comares, 2012.

Páginas: 355pp.

ISBN: 9788490450185

El primer libro sobre la des-hispanización de Filipinas

Mi principal aportación a la historiografía será en torno a Filipinas en el siglo XX. Planteo que lo hispano en Filipinas se mantuvo bien hasta la Mancomunidad de Filipinas (1935-46), que el declive no fue desde 1898 y además que fue motivado desde fuera, no por la desaparición de los filipinos educados en el período español.  

Para la tesis de la Universidad de Tokio, la idea era hacerla desde 1936 a 1945 y de hecho escribí las primeras versiones hasta el ataque a Pearl Harbor, pero por falta de tiempo me limité a la Guerra Civil.

Franquistas sin Franco es historia global. Muestra las múltiples reverberaciones entre dos acontecimientos ocurridos de forma paralela y a miles de kilómetros de distancia, la Guerra Civil en España y la Mancomunidad en Filipinas, el periodo de transición hacia la independencia de este país. Se centra en dos facetas. En primer lugar, las luchas internas en las que se enzarzaron las facciones franquistas, con los falangistas enfrentados a los diferentes grupos conservadores, carlistas y reaccionarios varios, cuyo análisis desde Filipinas ofrece una perspectiva novedosa por la ausencia de militares, la <> de los rebeldes en la Península. Además, los líderes de cada bando, el monárquico Andrés Soriano y el falangista Martín Pou, representan fielmente la personalidad y la ideología de los dos principales personajes políticos insurgentes, José Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera -si hubieran sobrevivido al estallido del conflicto. Filipinas ofrece un escenario ideal para comprender mejor el bando franquista durante la Guerra Civil.

En segundo lugar, el deterioro de la imagen de España y del poder de su comunidad en el archipiélago restó legitimidad a los filipinos que abogaban por un país hispanizado tras la independencia. Las noticias de asesinatos y crueldades, las riñas barriobajeras y la creciente deriva pro-Eje del régimen franquista dejaron sin argumentos, cuando más los necesitaban, a los hispanistas filipinos, que se esforzaban por construir un país que compensara la influencia americana con el legado español. Fue una coincidencia nefasta que ha tenido consecuencias irreversibles para los dos países.

El libro me ha dado una alegría adicional en 2019 porque los descendientes de uno de los personajes sobre los que investigué, Buenaventura de Erquiaga, un corredor de bolsa que presidió el Comité de Defensa de la República, recibieron la ciudadanía española por procedimiento de urgencia gracias a ser aprobado en Consejo de Ministros, que hasta entonces estaba reservado a deportistas. Es un placer saber que ha ayudado a esta decisión.

Presentación

Reseñas

Clío, Josep A. Borrel, Historiador

Babelia, El País, Georgina Higueras

Franquistas sin Franco… en Filipinas

 

GEORGINA HIGUERAS

 

Florentino Rodao llena con Franquistas sin Franco. Una historia alternativa de la guerra civil española en Filipinas (Editorial Comares) un inexplicable vacío en los estudios históricos: el análisis exhaustivo de los efectos que la contienda fratricida en España tuvo a muchos miles de kilómetros de distancia, en un archipiélago donde, pese a la derrota de 1898 que lo convirtió en colonia norteamericana, persistía una profunda huella hispana que se reflejaba en la existencia de una influyente comunidad, así como en la lengua, la cultura, la religión y la economía.

 

Rodao, profesor en la Complutense, especializado en la presencia española en Asia y autor del notable ensayo histórico Franco y el imperio japonés (Plaza y Janés, 2002), plasma en este nuevo libro el desarrollo y las conclusiones de una tesis doctoral a la que ha dedicado muchos años de trabajo, con una minuciosa atención a las fuentes primarias y documentales, tanto en Filipinas como en Japón, Estados Unidos y España.

 

No se trata de uno de esos ensayos tan en boga de los que se destaca su supuesta comercialidad con el tópico de que “se lee como una novela”. Se lee como lo que es, como un exhaustivo trabajo de investigación histórica, en el que cada afirmación o conclusión se sustenta en datos y testimonios contrastados e identificados. Pero tampoco es un árido trabajo académico apto sólo para especialistas. Por dos motivos: por la concisión y claridad de su estilo, y porque el tema, a poco que se escarba en él, resulta apasionante: la réplica en Filipinas del terremoto que ensangrentó España entre 1936 y 1939.

 

Rodao detalla cómo la influyente comunidad hispana del archipiélago se dividió por partida doble. De una parte, entre seguidores de los golpistas y de la legalidad republicana, estos últimos en clara minoría. Y de otra, en el seno de los franquistas, entre falangistas y derechistas monárquicos y oligárquicos, sin que, al contrario que en el escenario bélico peninsular, quedasen ocultas sus diferencias por la preeminencia de un Ejército y un generalísimo que impusieron la unidad de mando y aplastaron cualquier intento de disensión.

 

Españoles sin Franco detalla también la asistencia material y humana que españoles y filhispanos (los filipinos defensores de la españolidad de la sociedad isleña) prestaron a cada uno de los bandos. Las diferencias son abismales. La contribución de los partidarios de la República casi parece insignificante frente a la importante ayuda en dinero contante y sonante y los numerosos envíos de tabaco, ropa, ambulancias y hasta una potente emisora de radio regaladas por los franquistas, que además contribuyeron con más de 100 combatientes y sufrieron seis muertos en combate y cuatro por la represión en la zona roja.

 

El autor rebaja, hasta 24 combatientes como máximo, la presencia en el bando de la legalidad de voluntarios filipinos, y no considera creíble que monopolizasen la Compañía Rizal, incluida en la Brigada Lincoln. No es que su entusiasmo y militancia fuesen menores, sino que sus posibilidades materiales estaban a años luz de las de sus rivales, entroncados en la oligarquía local que dominaba amplios sectores de la economía filipina, desde destilerías de cerveza a la principal empresa tabaquera.

 

“La Guerra Civil”, sostiene Rodao, “no fue un punto y seguido, sino un punto y aparte”, un “mojón importante en el proceso de deshispanización”, agudizado por el momento histórico que vivía Filipinas, que iniciaba con la Mancomunidad su camino hacia la independencia. Hasta entonces, pese a la colonización por EE UU, la comunidad hispana tenía la vitola de rica, culta, ilustrada y alejada de la lucha política diaria. Pero esa imagen, tan eficaz sobre todo en los filhispanos, hizo aguas con las noticias sobre violencia, masacres y radicalidad que llegaban de la Península. “La imagen de España se pobló de extremos para ignorar los términos medios”. Ni siquiera se salvó la Iglesia, que se alineó con los rebeldes sin Dios, pareció a veces una “marioneta de los falangistas” y algunos de cuyos miembros se autocalificaron sin rubor de “curas fascistas”.

 

“En apenas tres años”, asegura el autor de Franquistas sin Franco, “desaparecieron muchos de los esfuerzos realizados durante tres siglos”. Un proceso irreversible, porque “lo hispano en Filipinas es historia y no hay vuelta atrás. La comunidad perdió definitivamente su vitalidad”. Así, el punto de no retorno, recapitula, no fue el desastre del Noventayocho, sino la Guerra Civil, en la que “los derrotados no fueron tanto los españoles como los filipinos que tanto habían insistido en seguir un camino español que se trocó erróneo”.fin

 

 

Aventura de la Historia, por Carlos A. Caranci

Revista de Occidente, por Eduardo González Calleja

Florentino RODAO, Franquistas sin Franco. Una historia alternativa de la Guerra Civil española desde Filipinas, Granada, Comares, 2012, 355 pp.

 

Tras los trabajos individuales y colectivos realizados, dirigidos o animados por el malogrado Javier Tusell en los años 80 y 90, o las grandes obras de investigación de Ángel Viñas sobre las relaciones de España con las potencias del Eje, los estudios sobre la política exterior del primer franquismo están viviendo en la actualidad una segunda juventud de la mano de historiadores como Rosa Pardo, Emilio Sáenz-Francés, Antonio Cesar Moreno Cantano (coordinador de una interesante trilogía sobre las diversas actividades de la diplomacia oficial y oficiosa durante los años de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial) o Florentino Rodao, que es uno de nuestros contados especialistas en Extremo Oriente, y autor de varias obras relevantes sobre Tailandia, Filipinas, el Pacífico y las relaciones de la España de Franco con el Imperio Japonés. En esta ocasión nos ofrece, de forma perfectamente documentada a través del uso sistemático de archivos españoles, filipinos, norteamericanos o japoneses, la historia de un episodio relevante de la presencia hispana en Filipinas: la actitud de los diversos sectores de la comunidad española (no de la colonia, pues había muchos naturalizados filipinos) ante la gran divisoria que supuso la Guerra Civil.

 

Este texto, que es una versión revisada de la tesis doctoral que el autor defendió en la Universidad de Tokio en 2007, aparece dividido en seis grandes partes: la primera describe la situación social, política, económica y cultural de la reducida (unos 10.000 miembros) pero acomodada, cosmopolita e influyente colonia española (los norteamericanos daban por segura la existencia de un “partido español” que dominaba parcialmente la vida política del archipiélago), en la perspectiva de la creación de un Estado filipino independiente a partir de la puesta en marcha de la Mancomunidad y la Constitución de 1935. Rodao define el hispanismo como parte constitutiva de la identidad nacional filipina, pero constata las crecientes dificultades para definirlo e impulsarlo frente al modernismo anglosajón y el anticolonialismo panasiático japonés. La segunda parte analiza la movilización de la comunidad española ante el conflicto civil, deteniéndose en el temprano y decidido apoyo que las élites (representadas por las familias Soriano, Elizalde o Zóbel de Ayala) y las instituciones (de la Iglesia católica a los centros asociativos y las empresas) dieron a la rebelión militar. En contraste, la obra da cuenta del carácter minoritario, de los magros recursos y de la mala organización que caracterizó al bando republicano encabezado por el representante oficial Antonio Jaén Morente, que mantuvo, a juicio del autor, unas posturas excesivamente moderadas con el propósito de atraerse a las clases medias ilustradas del país, sin por ello dejar de sufrir el acoso de la colonia profranquista y de parte del gobierno y el parlamento filipinos. Queda también constancia de la creciente preocupación del gobierno de Washington, no sólo por la aproximación de los simpatizantes del bando insurgente hacia Italia y Alemania, sino por el profranquismo mayoritario del gobierno de Malacañang, si bien el estallido de la guerra chino-japonesa en 1937 reactivó la militancia antifascista en un sector relevante de la sociedad filipina.

 

La parte tercera aleja temporalmente el foco de la comunidad hispana en el archipiélago para atender a la evolución ideológica de las derechas españolas y al contexto de la Guerra Civil en Asia y Filipinas. En este punto se hacen interesantes consideraciones sobre lo que Rodao define como “novedad fascista”, que es en realidad una pertinente reflexión sobre los límites de la capacidad movilizadora de este fenómeno político clásicamente europeo en Asia. Pero constata su presencia, siquiera residual, en culturas políticas tan diversas como el nacionalismo militarista y panasiático nipón (que nunca sucumbió a la tentación de imponer un partido único que enmendase la plana al semidivino poder imperial), el ultranacionalismo tailandés, los autoritarismos gubernamentales birmano (Ba Maw) o filipino (Manuel L. Quezón) o el anticolonialismo del movimiento nacionalista hindú Sang.

La segunda mitad del libro penetra en el meollo de la cuestión, que es la conflictiva actividad política de la colonia profranquista, la ayuda económica que dispensó al bando rebelde y el inicio de un proceso de deshispanización que se aceleró por causa de las guerras civil y mundial. La politización en sentido fascista de un sector importante de la colonia trajo como consecuencia un recrudecimiento de las disputas internas, no sólo entre nacionalistas y republicanos, sino sobre todo entre los conservadores dirigidos por el influyente hombre de negocios Andrés Soriano y Roxas de Ayala y los falangistas acaudillados por un latecomer en todos los sentidos como fue Martín Pou y Roselló, que apoyó la integración de Falange en el seno del Estado por encima de la representación diplomática oficiosa, y mostró también su voluntad de controlar las actividades culturales y comerciales en sentido totalitario, levantando la fronda entre la élite económica que controlaba la representación diplomática oficiosa de Franco a través de Soriano. Esta peculiar guerra civil dentro de la guerra civil, repleta de complots en Manila, mensajes a Burgos y campañas de opinión con evidentes implicaciones sociales, políticas, económicas e incluso simbólicas, es relatada por el autor con todo lujo de detalles. A la postre, por encima de las fluidas relaciones entre las  extremas derechas y la Falange en el marco del régimen totalitario, lo que planteaba la lucha a muerte entre Soriano como empresario de éxito internacional que coqueteó con el fascismo (y su aliados, el autocrático vicecónsul Adrián Got, o su predecesor Enrique Nóbel, un viejo aristócrata superado por los acontecimientos) y el totalitarismo preconizado por el recién llegado Pou era qué sector sociopolítico de la coalición contrarrevolucionaria (la casta de negocios ultraconservadora que Rodao estudia perfectamente, o el sector popular antioligárquico adscrito a Falange) iba a controlar en los sucesivo la comunidad hispana en Filipinas. Como en varios países de América Latina, Falange deslegitimó el liderazgo tradicional con un lenguaje novedoso, bélico y militante, y paradójicamente contribuyó a “democratizar” la comunidad, dando voz a los españoles de a pie (p. 263).

 

La quinta parte de esta obra se dedica a evaluar la ayuda directa que se prestó a la causa insurgente. En el apartado de personal, la comunidad hispana en Filipinas reclutó y envió al bando franquista a 112 voluntarios (entre ellos 28 empleados de la Compañía General de Tabacos de Filipinas), de los que seis fallecieron en el frente, mientras que los republicanos captaron sólo a 24 voluntarios. La ayuda económica fue igualmente desequilibrada: los simpatizantes del bando insurgente realizaron envíos monetarios y en espacie (sobre todo de tabaco) constantes y desproporcionadamente elevados, que fueron el resultado de continuas cuestaciones (colectas mensuales Pro-Patria, bazares de caridad, Platos Únicos, Ropero para España, delegación de Frentes y Hospitales o actividades culturales como las desplegadas por el poeta Conrado Blanco y el charlista Federico García Sanchiz), y que eran canalizados la zona franquista desde el suroeste de Francia. El cómputo total apunta a los diez millones de pesetas (cerca de un millón de dólares), a los que habrían de añadirse 1.200.000 dólares prestados por la Tabacalera para la compra de gasolina con destino al Ejército del Norte. Cantidades relevantes sin duda, aunque sólo constituyan la mitad de lo que invirtió Juan March: 20 millones de pesetas más un aval de cinco millones de libras. La “vía filipina” hacia la victoria en la guerra debe ser, pues, relativizada.

 

Tras efectuar consideraciones complementarias sobre el desarrollo de la movilización a través de la propaganda, la participación femenina y el encuadramiento partidista, Rodao aborda la recta final (la sexta y última parte de su extenso estudio) evaluado el alcance del conflicto civil sobre la identidad hispana (ambos bandos se erigieron en defensores de la independencia nacional provocando una irremisible politización y degradación de la imagen de España) y sobre la contribución que la colonización española hizo a la forja de la identidad filipina. En este segundo aspecto se detiene en comprobar las consecuencias en los ámbitos religioso (la toma de partido de la Iglesia católica por los rebeldes incrementó el anticlericalismo popular y obstaculizó su política en Filipinas, opuesta a la oleada de secularización previa a la independencia) e idiomático, donde por culpa de la atomización lingüística local hasta la adopción del tagalo como lengua oficial en 1937 y la presión del inglés como lengua de la administración y el comercio, el número de hispanoparlantes se redujo a la mitad de 1918 a 1939. El uso del castellano, considerado cada vez más como una lengua vinculada a un pasado colonial ya superado o a un discurso hispanista hiperpolitizado, fue languideciendo hasta implicar a un magro 2,6% de la población total del país, y pasó a ser casi residual tras la ocupación y la derrota japonesas.

 

Por estos y otros factores, Rodao señala a la Guerra Civil como el punto de arranque de la definitiva deshispanización de las Islas Filipinas, que coincide con la etapa de declive de una economía filipina basada en la exportación de productos agrarios a los Estados Unidos. Las dificultades de las empresas españolas aumentaron por las modificaciones legales a las propiedades de los extranjeros, el estallido desde el otoño de 1937 de la burbuja especulativa basada en la inversión en minas de oro patrocinada entre otros por Soriano (que involucró a buena parte de la comunidad hispana en esa aventura), y el impacto directo de la paralización del comercio con España por culpa de la guerra civil. El deterioro de la imagen corporativa de las grandes empresas españolas como la Tabacalera llevó a su progresiva “filipinización” para no ser expulsada de una economía nacional marcada cada vez más por el proteccionismo a ultranza.

 

            Todos estos asuntos son narrados con destreza por Florentino Rodao, que al final de la singladura nos invita a sacudirnos el prejuicio etnocéntrico y tener en cuenta la amplia “reverberación” que el conflicto civil español tuvo en otras partes del mundo.

 

Eduardo González Calleja

 

 

Cuadernos de Historia Contemporánea, por Octavio Ruiz Manjón

Segle XX. Revista Catalana D'Historia, por Isaac Donoso
Boletín de la Real Sociedad Geográfica, por Teodoro Martín Martín

Florentino Rodao: FRANQUISTAS SIN FRANCO. Una historia alternativa de la Guerra Civil Española desde Filipinas. Editorial Comares. Granada 2012. 355 páginas.

 

                                                                                  Teodoro Martín Martín

 

Contrariamente a lo que pudiera deducirse del título de esta obra, no nos encontramos ante un libro sólo de Historia. Siendo su metodología y planteamientos finales básicamente históricos, nos hallamos ante un trabajo interdisciplinar donde el entorno geográfico y socioeconómico de Filipinas está presente y de forma muy destacada. Es pues una investigación rica en perfiles y por tanto de gran interés para todos los que nos preocupan las Ciencias Sociales.

Con esta obra el autor obtuvo el grado de doctor en la Universidad de Tokio en el año 2006, después de haber logrado idéntica titulación en 1993 en la Universidad Complutense de Madrid sobre otro tema relacionado con Asia. Florentino Rodao hoy día es profesor titular de Historia Contemporánea en la última universidad citada. Detrás de estas graduaciones han tenido lugar múltiples y variados viajes y visitas a centros del Lejano Oriente, siendo sin duda el profesor Rodao uno de nuestros más preclaros conocedores del pasado de aquel lejano confín de nuestro planeta. La consulta de los ricos centros documentales de Asia, Estados Unidos y Europa se ha plasmado en la ingente cantidad de citas que avalan el rigor histórico de la obra que comentamos.

El libro se articula en seis partes, bien articuladas y diseñadas, subdivididas a su vez en capítulos numerados correlativamente. La primera titulada “Transición hacia una independencia incierta”, nos habla de lo que fue y representó la etapa de la Mancomunidad iniciada en 1935 en la Historia de Filipinas, paso previo para la independencia que no llegaría hasta 1946. La segunda parte tiene el expresivo título de “La Guerra Civil estalla en Filipinas”. Consta de cuatro capítulos y en ellos el autor nos narra cómo se involucró la comunidad hispano-filipina en el conflicto, mayoritariamente a favor del bando de Franco, así como la actitud que adoptó el gobierno autónomo del Presidente Quezón y la administración norteamericana, potencia controladora del archipiélago desde 1898.

La parte siguiente nominada “La novedad fascista” y estructurada en tres capítulos, contextualiza la Falange en Filipinas, primero a través del ejemplo europeo para proseguir después con los ejemplos comparables en Asia y en Filipinas. Fue destacado el apoyo que al bando llamado nacional prestó la mayor parte de la comunidad española en el archipiélago frente al desamparo que tuvieron los republicanos. Por cierto hablando de estos no comparto la opinión del autor de que los mismos “tuvieron otros inconvenientes como ser moderados en tiempos bélicos…A los republicanos les faltaron años y ganas” (página 89).

 “Fascistas y antifascistas” es el título que el profesor Rodao otorga a la parte cuarta, a la que dedica los capítulos nueve y diez. Aquí se relatan las peripecias y posicionamientos de destacadas figuras de la comunidad hispano-filipina, como las familias Soriano, Zóbel y Got entre otras.

La parte quinta denominada “Cambios en un país más tenso” que consta de tres capítulos, le sirve al autor para explicarnos lo ocurrido en las islas durante los años del conflicto. Los distintos tipos de ayudas enviadas a España, en forma de soldados o dinero, se documenta perfectamente. Narra también la evolución de las fortunas de las empresas y empresarios en esos años y sus simpatías por uno u otro bando combatiente. La última parte bajo el título de “Un punto de no retorno” consta de tres capítulos, el catorce, quince y dieciséis. En ellos se plasman las disputas existentes entre las familias oligárquicas, los falangistas y el cambio que se va a producir en la imagen de España en el archipiélago tras el conflicto civil español. Todo ello dará lugar a un gran debate aún hoy en vigor sobre la hispanidad de las filipinas.

El profesor Rodao estima que nuestra contienda civil va a tener unas consecuencias irreversibles en la vinculación de aquellos territorios con nuestro país. Sobre todo en una etapa, la de la Mancomunidad, en la que los filipinos estaban buscando donde mirarse para construir su nueva identidad como país tras dejar el colonialismo yanqui. Es indudable que una España en guerra civil no era el mejor espejo en el que mirarse. De todo esto y mucho más trata el autor en sus conclusiones.

Como toda obra que se estime científica la que comentamos consta de un amplio conocimiento bibliográfico, aderezado por una adecuada documentación de archivo, tal como se refleja en citas y páginas finales. En estas incluye así mismo un utilísimo índice de nombres y topónimos que nos sirven como referentes.

Por todo lo expuesto no me queda más que subrayar  el interés, oportunidad y mérito que tiene esta obra, que nos acerca a un mundo muy lejano en el espacio aunque no en el tiempo, y de gran interés para los españoles. Concluyo esta nota felicitando al doctor Rodao por su obra y a la editorial Comares de Granada por el acierto en su edición.

Público, El Ojo y la Lupa, por Luis Matías

Matias – Publico – GCE en PI

El ojo y la lupa

La Guerra Civil española también se libró en Filipinas

18 jun

http://blogs.publico.es/luis-matias-lopez/2013/06/18/la-guerra-civil-espanola-tambien-se-libro-en-filipinas/

En Franquistas sin Franco (Editorial Comares), Florentino Rodao desmonta el tópico de que el desastre del Noventa y ocho borró la huella de España en Filipinas, y demuestra que fue la Guerra Civil que se libró en la Península la que reverberó allí con consecuencias nefastas. En un documentado y exhaustivo ensayo, fruto de una investigación de varios años, este profesor de la Complutense, autor también de Franco y el imperio japonés (Plaza y Janés), demuestra que, pese a la colonización norteamericana, en vísperas del golpe de Franco contra la legalidad republicana sobrevivía en el archipiélago buena parte del legado hispano.

El impacto se reflejaba no solo en la lengua —un tercio de la prensa se publicaba en español—, sino también en la cultura, la economía e incluso la política, hasta el punto de que los colonizadores norteamericanos reconocían la existencia de un invisible pero poderoso partido español. Ese legado, señala Rodao, “formaba parte de la identidad propia anticolonial” y compensaba la influencia de EE UU. Persistía en 1935, cuando se inició la transición hacia la independencia —la Mancomunidad—, un proceso al que la colonia española, siempre más poderosa e influyente que numerosa (en torno a 10.000 personas), se sumó de forma muy activa.

La influencia hispana en Filipinas, que había costado tres siglos en consolidarse, y que resistió la dominación estadounidense, no pudo sobrevivir sin embargo al impacto de la Guerra Civil. El conflicto fratricida fue el factor determinante, aunque no el único, en un declive que, a partir de ese momento crítico, no se detuvo hasta conducir a la práctica irrelevancia actual.

Rodao llena un sorprendente hueco en la investigación histórica que ilustra, con profusión de documentos y testimonios de primera mano, cómo la guerra tuvo un eco con características propias en la comunidad hispana e hispanófila de las islas. Se produjo la lógica división entre franquistas y antifranquistas, y cada bando contribuyó en la medida de sus muy desiguales posibilidades al esfuerzo bélico, tanto con ayuda material como con el envío de combatientes. Como es lógico, dado el abrumador peso predominante, en términos económicos y de influencia, de los sectores conservadores que apoyaron el alzamiento del 17 de julio de 1936, fue el bando rebelde el que obtuvo mayores beneficios.

Por delante incluso de las disputas entre rojos y nacionales, en Franquistas sin Franco se presta especial atención a las registradas entre los partidarios de la rebelión. Hubo dos facciones, cuyos dirigentes, Martín Pou y Andrés Soriano, replicaban los intereses y las líneas políticas que, en la Península, encarnaban el falangista y fascista químicamente puro José Antonio Primo de Rivera y el monárquico ultraconservador —y no menos fascista, aunque de diferente cuño— José Calvo Sotelo, asesinado en vísperas del levantamiento militar. Este conflicto interno se desarrolló en Filipinas con particular inquina porque, al contrario que en España, no existió ni un Ejército aglutinador del esfuerzo común de los rebeldes ni un Franco con la voluntad férrea e implacable de eliminar toda disidencia y hacerse con el poder absoluto.

“La imagen de España”, señala Rodao, “se pobló de extremos para ignorar los términos medios”. El eco de la guerra, las noticias de las atrocidades cometidas por ambos bandos, las disputas en las islas entre republicanos y franquistas, por un lado, y entre falangistas y antifalangistas, por otro, alteraron de forma irreversible la positiva imagen de lo hispano. “La percepción previa de un país europeo con una comunidad asentada en las islas, rica, culta y alejada de la lucha política diaria, hizo aguas con las noticias continuas sobre violencia y radicalidad que llegaban de España y a través de las cuales se vivió el conflicto en Filipinas”.

“No fue un punto y seguido”, concluye el autor; ni siquiera parón en la consolidación de esa influencia, sino “un punto y aparte” (…), un  mojón importante en el proceso de deshispanización”. La Guerra Civil dejó sin argumentos, no solo a la colonia española, sino también a los filhispanos, los partidarios de consolidar y reforzar la españolidad de la sociedad filipina, que se jugaba en buena medida con la apertura del proceso hacia la independencia. “Los derrotados no fueron tanto los españoles como los filipinos que tanto habían insistido en seguir un camino español que se trocó erróneo”. En definitiva, fue “el punto de no retorno: en apenas tres años desaparecieron muchos de los esfuerzos realizados durante tres siglos”. A partir de entonces, la huella hispana se fue difuminando. Hoy es casi imperceptible y anecdótica.

 

Facebook, por Vicente Rafael

The new book by Florentino Rodao, perhaps the most important historian of the Spanish empire in the Asia-Pacific region today, “Franquistas sin Franco. Una historia alternativa de la Guerra Civil en Filipinas”. It is the first book to take seriously the confluence of the Spanish Civil War with the Commonwealth government of the Philippines as a way of explaining the failure of Filipino hispanism and the varieties of Spanish conservatism to serve as a legitimate alternatives to the rising tide of Americanism on the eve of World War II. A highly original and path-breaking book, with a fantastic cover to boot!

Diario de Córdoba, por Alvaro Jimena

Filipinas, la batalla asiática de la Guerra Civil española

 

En julio de 1936 hacía casi cuatro décadas que las Islas Filipinas habían dejado de ser españolas. Sin embargo, como demuestra Florentino Rodao en Franquistas sin Franco. Una historia alternativa de la Guerra Civil en Filipinas, el estallido de la Guerra Civil se vivió intensamente en la antigua colonia y sus tres largos años de duración marcaron el futuro de la comunidad española y del propio archipiélago asiático, que en 1935 había entrado en un período transitorio hacia la independencia.

El profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid se centra en el importante apoyo de los residentes españoles en Filipinas al bando franquista y desgrana las disputas entre las familias conservadoras y los miembros de la Falange. Un enfrentamiento que, según Rodao, sirve para examinar los conflictos internos del bando sublevado que en la península quedaron soterrados por el liderazgo del ejército.

El autor también estudia la labor de los defensores de la República en Filipinas y analiza la misión del cordobés Antonio Jaén Morente, que llegó a Manila en septiembre de 1937 como ministro plenipotenciario para intentar contrarrestar la influencia de los franquistas y frenar sus importantes envíos de dinero. Rodao apunta que Jaén Morente despertó interés como intelectual pero no fue capaz de revitalizar la causa republicana, por lo que califica su misión de “fracaso político”. Lo considera una víctima de la radicalización política de la Guerra Civil, que también provocó el deterioro de la imagen de España en Filipinas y la desaparición del legado hispano pocos años antes de su independencia.

En definitiva, una obra que mediante un destacado aparato crítico y la consulta de numerosas fuentes demuestra la universalidad de la Guerra Civil española y sus repercusiones en Asia.

Tribuna Complutense, por Rafael Cordero

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