La soledad del país vulnerable

Japón desde 1945. Una obra imprescindible para conocer Japón en el cambio de era

Nº de páginas: 448
Editorial: CRITICA
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788491990697
Año de edición: 2019
Plaza de edición: BARCELONA

El Japón que he vivido, no el que he investigado

El primer libro-libro, no a partir de una investigación doctoral, pero si el resultado de casi siete años en los que Japón n ha dejado de sorprenderme, como a tantos otros. El libro, de hecho, está pensado para gente como yo, para ir leyéndolo poco a poco según van ocurriendo cosas, como libro de referencia. Justito antes de la pandemia salió la segunda edición. A ver si sale la edición en inglés y aprovechamos para sacar una nueva edición con las revisiones la traducción; el subtítulo podría ser: Japón, de las bombas atómicas al COVID.

Me lo encargó la editorial Crítica a instancias de Josep Fontana. Ya había preparado en 2016 un texto de 50 páginas para una enciclopedia cuando salieron las noticias de la abdicación y de una nueva era y con ese bagaje (de esas 50 páginas apenas se han publicado la mitad) propuse el libro a varias editoriales. A través de Fontana me contestó Crítica. Apenas le conocía, pero él si había leído mi Franco y el Imperio Japonés; la pena fue que me quedé sin sus comentarios, Carmen Esteban me dijo que estaba en su mesa de trabajo al fallecer. Y sin que pusiera el título, que parece era muy bueno para eso y fue entonces cuando pensamos en La Soledad del País Vulnerable, aunque también jugamos con la Temeridad, siguiendo a Baltasar Gracián. 

Trabajar con una editorial así es totalmente diferente, el trabajo no es tan solitario y Carmen Esteban ha estado siempre pendiente, con sugerencias para que redujera el texto (un 10%), un fenomenal informe a mitad de camino y con la posibilidad e poner fotos. Es otro mundo, aunque ya lo conocía de Plaza & Janes.

Entre los cinco mejores del ensayo español en 2019 en la revista El Cultural (Rafael Núñez Florencio) y entre los tres mejores de historia en El Mundo (Fernando Palmero), así como entre los mejores libros de Historia para David Yagüe (20 minutos).

El libro está dedicado a Fontana, qué menos, y por supuesto a mi Japón: “Al okonimoyaki, al ramen callejero, al yakiniku. A Shibuya, a Shimokitazawa, a Tama. A los onsen, a los cafés manga. Al sumo. A los profesores y amigos. A los esquemas rotos. A esos momentos tan gozosos”

La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945 destaca la soledad con la que comenzó este periodo y la importancia de su vulnerabilidad en la actualidad.  Una vez perdió el imperio, salieron la mayoría de extranjeros residentes y regresaron los que habían ido a vivir a las colonias, Japón regresó a esa reclusión relativa que le caracterizó durante el período Edo, hasta 1868. Desde entonces, su creciente imbricación con el resto del mundo ha experimentado vaivenes, aunque su relativa soledad se ha acuciado en los últimos tiempos, por las relaciones difíciles con su entorno. Taiwán es el territorio con el que sienten más empatía. 

En el caso de la vulnerabilidad, la evolución es opuesta por culpa del cambio climático. Históricamente, la sucesión de desastres naturales ha favorecido que los japoneses hayan sabido recuperarse rápidamente de las desgracias, al contrario de lo que ocurre cuando los daños son por guerras o por epidemias. Su Cultura del Desastre es un ejemplo para el resto del mundo en los tiempos actuales Pero el cambio radical en el medio ambiente obliga a cambiar estrategias; el término «vulnerable» era utilizado habitualmente para calificar a países pobres o con escaso desarrollo social, pero ahora es preciso incluir también a zonas susceptibles de los embates de la naturaleza. Así, Japón debe adaptarse. La solidaridad mutua, la tecnología y la preparación previa están probando ser insuficientes ante las inundaciones, las intensas y prolongadas olas de calor o para evitar accidentes como el de Fukushima.

Utilizado otros conceptos para entender Japón, como la temeridad, un adjetivo usado en España y Portugal para definirles tras haberles conocido durante el siglo XVI, para entender el auge económico de la posguerra.

El libro se distribuye en dos partes, divididas en capítulos que contienen cada uno en torno a cinco apartados y entre quince y veinte páginas. Incluye una bibliografía comentada de los textos sobre Japón en lengua española y un índice completo de referencias. 

La primera parte está dedicada a la evolución histórica de Japón desde 1945 y consta de cinco capítulos. Comienza con la ocupación americana («Una derrota y una ocupación»), y el capítulo más extenso está dedicado al auge económico experimentado durante el período Shōwa («Prosperidad en medio de la tensión»). El período Heisei ocupa tres capítulos más: «Crisis simultáneas del cambio de siglo», dedicado a las dificultades tras la explosión de la burbuja económica; «Fukushima y la cultura del desastre», sobre el triple accidente nuclear y cómo Japón afronta los desastres; y «Estabilidad y largo plazo», donde se analizan los cambios decisivos antes de la llegada de la era Reiwa. 

La segunda parte del libro se centra en temas decisivos para entender Japón, a través de siete capítulos. Dos de ellos se centran en el ámbito cultural: «Cultura japonesa para el mundo» compara el país asiático con el resto de civilizaciones, mientras que «Cultura de la vida cotidiana» se ocupa de las particularidades diarias de los japoneses.  Los aspectos sociales abarcan otros dos capítulos, uno sobre el entorno más cercano al individuo («Vida cotidiana y sociedad») y el segundo sobre la relación con los poderes públicos («Estado y sociedad en Japón»). Los tres últimos capítulos tratan cuestiones especialmente llamativas para el lector extranjero: el sentimiento patriótico de los propios japoneses («Nación e identidad en Japón»), el recuerdo de los hechos en la Segunda Guerra Mundial («El peso de la memoria histórica») y los temas relativos al envejecimiento y las cuestiones relacionadas con los suicidios («Vida y muerte en la sociedad japonesa»).

Índice

Presentación

Reseñas

México y la Cuenca del Pacífico, por Carlos Uscanga
Asia/América Latina, por Akira Watanabe
Mirai. Estudios Japoneses, por Salvador Rodríguez Artacho

Rodao020 SVP por Rodriguez Artacho020

Mirai. Estudios Japoneses ISSN-e: 2531-145X http://dx.doi.org/10.5209/mira.69945

Rodao, Florentino (2019): La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945. Barcelona: Planeta [ISBN: 9788491990697]

Me identifico plenamente con la frase “sólo quise salir de España”, aunque por aquel entonces (en mi caso, 1994-1995) ya se había despertado en mí el interés por Japón. El autor de este libro, el profesor Florentino Rodao, reconoce que no tenía ningún interés particular por Japón. Para ser así, nos congratulamos por haber logrado tan magna obra, cuya ejecución sólo se alcanza sobre la base de un evidente, fino y asentado incuestionable interés por Japón. 

 

En aquel tiempo puede que no lo tuviera. Ahora es imposible que Rodao pueda ocultar su irresistible interés por Japón. “Aún hace falta mucho por cambiar la imagen de Japón”, se lamentaba Rodao con desasosiego y cierta dosis de amargura y frustración cuando se refería a una de las reseñas sobre la publicación que esos días recogía el Periódico de Aragón. De nuevo se había recurrido al tópico de enfrentar tradición y modernidad con una de esas mezclas de imágenes del castillo de Osaka, de un lado, y rascacielos por otros. Como si del oxímoron “tradición moderna” se tratara, el ejemplo servía de hilo argumental al autor de la obra para estimular a los presentes hacia un ejercicio de autoexigencia más allá del tópico. “No se queden en lo superficial” parecía estar diciéndonos. Aprovechaba el tópico Umbraliano “yo he venido aquí a hablar de mi libro” no tanto para hablar de su obra –que también, pues llegó a reconocer que era “precioso” lo que aprovechamos para felicitar a la editorial, en especial por el grandísimo acierto, aunque haya supuesto un esfuerzo adicional, de regalarnos esas impactantes imágenes de gran simbología histórica que centran –nunca mejor dicho– el tomo– sino a poner los puntos sobre las íes en los numerosos desaciertos y errores que arrastrábamos como sociedad y como nación en promover entre nosotros mismos la importancia de las relaciones bilaterales entre España y Asia/ Japón. “Creemos llevar las luces largas y apenas llevamos las de posición”, decía el profesor Rodao. Desde el Plan Asia, pasando por las conmemoraciones del 150 aniversario de relaciones, o en 2012 cuarto centenario de relaciones hispano-japonesas, hasta permitir que los japoneses crean equivocadamente –justificadísimas celebraciones lusas mediante– que Francisco Javier era portugués. 

 

Todo sucedía el pasado 24 de abril de 2019 en uno de los muchos actos de presentación de este libro. Fue en Casa Asia (Madrid), presentado por el Ministro Josep Piqué –quien tuvo una brillante intervención, elogiosa hacia el autor y la obra–, el Embajador Antonio de Oyarzabal –quien mostró su cercanía al autor y rompió una lanza en favor de su trayectoria académica– y por David Navarro, Director General de Casa Asia. Y se refería a dicha idea –nuestro autor– después de haber recordado con gran respeto, admiración y sinceridad, al tiempo que modestia y plena conciencia de privilegio, qué buenas dotes para nuestra lengua tenía (y aún tiene) su más destacado alumno de español, el, antaño autor de The Thames and I –A memoir of two years at Oxford– y hoy la más digna persona a quien Japón entero y la dinastía asocian su nueva era imperial Reiwa. Anécdotas desde la proximidad –allá por el año 1992, Expo se Sevilla, JJOO de Barcelona…– de la que extrae tener conciencia de su bonhomía y de su interés por aprender, lo que le lleva a concluir que Japón quedaba en buenas manos. De Palacio imperial a crítica de tópicos, no estamos ante uno más de los más reputados especialistas de Japón, sino ante quién se ha atrevido a contarlo todo de una vez. Es una de esas obras equilibradas y completas que a todos nos hubiera gustado escribir. Su vasta experiencia, agudeza sensorial –Japón no basta verlo, hay que olerlo, masticarlo, escucharlo –que no sólo oírlo– y sobre todo tocarlo– y con su profundo conocimiento se pone al servicio de un único objetivo, a saber, ser capaz de sintetizar en apenas 530 páginas todo lo esencial, incluido lo que aparenta no serlo.

 Nadie que diga que tiene interés en Japón –por inicial que sea– puede dejar de leerlo. Pero tampoco pueden evitar este libro los especialistas y expertos. El libro tiene –a mi modesto entender– la cualidad de libro irremplazable: cualquier experto o especialista en cualesquiera de las materias y contenidos que aborda el autor aprende o descubre algo. Y teniendo en cuenta el abanico de materias que abarca, el mérito se explica por sí solo. 

 

Así, a los expertos en Derecho Japonés les proporcionará varios datos, varias ideas, y/o varias obras que desconocía. Igual le sucederá al experto en economía, en cultura, en arte, en política, en sociología, en historia, en relaciones internacionales, antropología o en vida cotidiana. Si esta conclusión es dable respecto de cualquier experto, todos los especialistas son también sus naturales destinatarios, sin que ello signifique que al tratarse de una obra general –pero rigurosa– no incurra en carencias y hasta en algún error. Sólo a quien hace la tortilla se le rompen los huevos. De lo contrario, la obra habría sido una enciclopedia. De nuevo será cada especialista quien esté llamado a encontrarle carencias y de paso, hará bien en participárselas al autor, pues otra característica de la obra es el generoso plantel de especialistas y expertos con quienes ha departido, compartido y discutido hasta en los más 

Mirai. Estudios Japoneses ISSN-e: 2531-145X http://dx.doi.org/10.5209/mira.69945 RESEÑAS 168 Reseñas. Mirai. Estud. Japon. 4, 2020: 167-171 

 

aparentemente insignificantes detalles de la obra. El objetivo del contraste del dato no era sólo asegurarse el acierto y rigor científico, sino con vistas a reconocer los límites, lo que honra doblemente tanto al autor –un apasionado de su trabajo– cuanto a su obra. Por lo tanto, no dejaré de apuntar alguna que otra sugerencia de comprobación. 

 

Apenas un día después de aquella presentación en Casa Asia Madrid, Agustín Rivera desde “El Confidencial” (Málaga) se hacía eco de la obra del “experto nipólogo” elogiando encontrarnos ante “una guía imprescindible para profundizar en la atractiva sociedad japonesa”. Y en agosto de ese año, un especial de Guillermo Altares “Fascinación por Japón” en Babelia,1 bajo el título “Obsesión por la perfección” se hacía eco de una explicación del autor de esta obra: “nos atrae mucho la diferencia porque además se trata de una diferencia que nos muestra que es un país que tiene muchas cosas que enseñarnos” y atribuía al libro servir de “amena e instructiva guía de la historia, pero también de la cultura, la política o la sociedad de este país”. Corto se queda. La obra es mucho más. Va por su segunda edición. El 18 de mayo de 2020 se organizaba un webinar en Casa Asia –aún sufriendo los rigores de cierto confinamiento– que agotó las 400 inscripciones telemáticas. 

 

Al leerlo, notas que le deberás mucho. Será, además, libro de consulta recurrente. El título es toda una declaración de intenciones, no necesariamente desconsiderado o descortés, o con ánimo descalificador. Pero si provocador, muy en línea con un autor que se siente cómodo cuando no está cómodo. Rodao es uno de esos investigadores y académicos que en cuanto nota que el zapato sienta como un guante se apresura a introducir dentro esa piedrecita –o grupo de piedrecitas– que necesita todo buen zapato para que sintamos una leve molestia al andar. Es la vacuna contra el conformismo, a modo de acicate que nos saque de la zona de confort. Ya lo demostró con otros títulos como Franco y el Imperio Japonés, el profesor Rodao no está aquí para escribir cualquier libro, sino para hacerlo desde el inconformismo, la rebeldía y la crítica a conciencia. Al pan, pan, y al vino, vino. 

 

A vueltas con el título, La soledad del país vulnerable no es lo mismo que “La vulnerabilidad del país solitario”, aunque el contenido hubiera soportado, con probablemente el mismo acierto, ambas opciones. Con el profesor Florentino Rodao, que –como digo– gusta de llamar a las cosas por su nombre –más aún si da una clase o una conferencia que tal vez escribiendo, y digo bien, solo tal vez, pues cabe leer entre líneas– el lector sabe que el tema objeto de estudio va a ser escudriñado con manos y mente de orfebre. Seria indagación que aplicará con esmero y sumo cuidado a las fuentes primarias y secundarias. El título lo debe todo –o casi todo– al contexto internacional. Pareciera que Japón destina tantos esfuerzos para encontrar su lugar de influencia y poder, como para justo lo contrario, esto es, encerrarse en sí mismo para evitar esa vulnerabilidad que la internacionalización está desenmascarando. No deja de buscar con ahínco su lugar en el nuevo [des]orden internacional. Pero tal vez no deberíamos olvidar que la vulnerabilidad es un vehículo necesario para demostrar la resiliencia. Buena cuenta de ello deja traslucirse de varios pasajes de la obra, pero señaladamente, del capítulo 4 dedicado a “Fukushima y la cultura del desastre”. 

 

El título no huye del intencionado juego de palabras – el propio autor reconoce que generó un acalorado debate en redes sociales– que arroja la duda de si el énfasis pretende ponerlo en el carácter solitario del país asiático o en su vulnerabilidad, en un contexto geopolítico que no vaticina ni augura imagen de debilidad, y por tanto vulnerabilidad, sino un marcado anhelo por fortalecerse. Pero no siempre querer es poder. 

 

Regresando al cambio en el orden de los factores, seguramente que “la vulnerabilidad del país solitario” no habría afectado el producto. Una pena –si acaso– que solo se ocupa de un Japón muy moderno (el libro arranca en 1945) tal como recoge el subtítulo Japón desde 1945. Volviendo al contenido, pudiera aparentar una concatenación de temas desconexos, en el que pueden identificarse argumentos que, por sí solos, podrían haber constituido libros independientes. Hay una clara cronología ordenada en capítulos 1, 2, 3, 4 y 5. En esta parte, brilla con luz propia el texto que a modo de paréntesis dedica todo el extraordinario capítulo 4, antes mencionado –que tal vez podría ser el central de la obra– sobre la cultura del desastre y la catástrofe de 2011 de Fukushima. A partir de ahí, se abandona la referencia cronológica del índice para ir abordando la cultura, la vida cotidiana, el Estado y la sociedad, los capítulos sobre nación e identidad o el peso de la memoria (cap. 10 y 11) y volver a la cuestión siempre recurrente de la vida y la muerte en la sociedad japonesa. En realidad, no se abandona del todo la perspectiva cronológica, pues cada uno de estos temas es abordado desde una óptica siempre histórica, de modo que las explicaciones sobre el Japón actual vienen precedidas, acompañadas o contextualizadas de una evolución temporal, incluso aventurándose, en ocasiones, a adivinar hacia dónde irá la historia. 

 

No elude los temas más espinosos, en los que se adentra sin miramientos. La responsabilidad imperial en la Guerra, la masacre de Nanjin, la discriminación de la mujer en el ámbito político, económico o social, la corrupción política, el amakudari, las tasas de suicidio, la discriminación racial o de minorías, el nacionalismo, los hikikomori o las extravagancias –que son muchas y variadas– que admiten por regla general rechazo o admiración según el color del prisma con el que se miren.

 

 Especialmente bien enfocado y presentado me parece la exposición en torno al fenómeno de los hafu (acertada cita 64 de capítulo 10 al documental de Megumi Nishikura y Lara Pérez Takagi “hafufilm” en el que vaticinan un “Japan is changing” a tenor de unos 20.000 nacimientos anuales de niños mixtos, uno de cuyos mejores exponentes es la atleta femenina que ha roto el récord de facturación (34,2 M€) en un solo año, mitad haitiana, mitad japonesa Naomi Osaka (El País, 30.5.2020). Y en el ámbito político el hafu que logra llegar a Gobernador de Okinawa, Denny 1 El País, nº 1.447 17/8/2019. Reseñas. Mirai. Estud. Japon. 4, 2020: 167-171 169 Tamaki, víctima en su infancia –como casi todos– de ijime (en sus vertientes de castigo, escarmiento o tiranizar, oprimir, o simplemente bullying) de quien se cuenta que la explicación que solía ofrecerle su madre sobre aceptar la diversidad y así sobreponerse al acoso que sufría era que se fijara en los dedos de la mano para comprobar cómo todos miden distinto. 

 

De cara a la lectura, hubiera preferido que el índice de contenidos hubiera estado al principio…. y no al final, al igual que resulta menos cómodo la distribución de citas en las últimas páginas, por capítulos, frente a manejarlas en la parte inferior. Esta es una cuestión menor. 

 

Un índice de contenidos que engaña. Pues en cada epígrafe en que se divide cada uno de los 12 capítulos se contiene, a su vez, una variada pero muy cuidada –no se dan puntadas sin hilo– incorporación de subepígrafes que vienen a guiar al lector hacia el contenido adecuado, al relato más amplio y conexo de los contenidos de mayor espectro organizativo, predisponiendo acertadamente y sin distracciones el disfrute de la lectura, aunque a veces puedan aparecer dobles interpretaciones. Así, el meteorológico “Bombardeos en la canícula” (p. 22), el enigmático “En busca de una economía autosuficiente” (p. 32) o el equívoco “la maleable percepción de occidente” (p. 47). “La complementariedad” (p. 67) define un beneficio mutuo de la relación EE.UU, estando Japón dentro del “auge inestable” del periodo 1952-1964, inmediato a la firma del Tratado de Paz.

 

 Hay otros buenos ejemplos, de los que –para no cansar– destacaría estos, desperdigados por la obra: “La política adaptada y la política perpleja” (p. 92); “Burbujas que anulan sensateces” (p. 110); “El cambio político inacabado” (p. 135); “La cultura del desastre” –este es un título de capítulo– (p. 181); “El samurái ceremonioso” (p. 220); “La lectura y la libido” (p. 223); “Los desfavorecidos, espejo propio” (p. 271); “Sexo, armario y desinterés” (p. 293); “Buena mujer, madre sabia” (dicho popular) (p. 299); “Persuasión moral por obligación” (p. 308); “El pincel y el país” (p. 346); “Unicidad y no tanta unicidad” –este es, asimismo, un título de capítulo– (p. 361); “La fatiga de las disculpas” (p. 381); “Predisposición al perdón” (p. 384); “La historia como arma” (p. 389); “Hegemonías en desafío” (p. 397); o “espacios por rellenar” (p. 425). 

 

En uno de los pasajes sobre gestión empresarial bajo el subepígrafe “Idas y venidas de la gestión japonesa” (Vida cotidiana y sociedad) se refiere a cómo el kaizen es elevado a la categoría de filosofía y añade “Quizá el apelativo japonés pueda sustituirse simplemente por “sentido común” si significa pensar a largo plazo cuidando el bienestar de los trabajadores” (p. 288). El libro en ese pasaje aborda el interesantísimo caso de Carlos Ghosn. Su fuga es digna del mejor guión de Hollywood y confío en que acabe en manos de un buen director. Debió caer como un verdadero mazazo en los responsables policiales y políticos de la vigilancia y custodia del arresto domiciliario, así como en el departamento de fronteras japonés en el aeropuerto de Ôsaka, por no elevarlo a la categoría de sonrojo. Me hizo recordar la desazón que a los hombres de bien provocó la huída de Carles Puigdemont, declarado “procesado rebelde” por auto de 9 de julio de 2018 (Sentencia 459/2019 del Tribunal Supremo de 14.10.2019, popularmente conocida como Sentencia del Procés). El libro es anterior a la fuga, pero contrapone sus éxitos empresariales con un “más allá de una detención provocada por un cierto descontrol del cuál no fue el único culpable”. Los cargos contra Mr. Ghosn no son menores: fraude fiscal e irregularidades financiera, que se amplió a abuso de confianza, a lo que se añadió fugarse de la justicia y, como prófugo, es objeto de una orden de captura en Líbano, aunque al no existir tratado de extradición, es harto improbable que sea devuelto a Japón. Los esfuerzos diplomáticos que viene realizando Japón desde entonces son extraordinarios. A buen seguro que el caso Ghosn será estudiado en futuras revisiones del libro, en especial, por las acusaciones de falta de garantías y nula confianza en el sistema judicial japonés en el que no prima, precisamente, la presunción de inocencia –siempre según las manifestaciones del propio Ghosn– y la contundente y firme defensa de su sistema de procedimiento criminal que realizó la mismísima Ministra de Justicia Masako Mori, pues la credibilidad del sistema fue puesta en entredicho. No es una cuestión menor y Japón lo sabe. En el asunto de Nissan, no creo haber visto cita a Turnaround –How Carlos Ghosn Rescued Nissan (2003), del periodista David Magee, quien ensalza la carrera directiva de Mr. Ghosn a su paso por Michelin, Renault y finalmente Nissan, empresa a la que se incorpora en la primavera de 1999 y en el que se describen al detalle las claves de la lucha intercultural en el seno de una multinacional japonesa con su máximo ejecutivo brasileño-libanés. No sólo impuso el inglés como idioma en la compañía, sino que llegó a circular un diccionario interno con 47 vocablos clave….todos en inglés, con el que debían familiarizarse todos los directivos y mandos japoneses. Todo se basaba en “hablar claro”. Justo todo lo contrario de como hablan los japoneses. Otra sugerencia, si se me permite. 

 

Akihito no pasará a llamarse emperador Heisei….hasta que fallezca (p. 431). Ha cambiado la era y al estar vivo el Emperador abdicado, se le dota del honorífico propio de su condición, de conformidad con la ley ad-hoc que hubo de promulgar la Dieta para regular la abdicación, al no preverla ni la Constitución japonesa ni la vigente Ley de la Casa Imperial de 16 de enero de 1947 [皇室典範(こうしつてん ぱん、昭和22年法律第3]. Así, de conformidad con la Ley Especial de la Casa Imperial sobre la Abdicación del Tennô de 9 de junio de 2017 [天皇の退位等に関する皇室典範特例法]2 el emperador abdicado recibe el tratamiento de Jōkō (上皇) que el Kunaicho ha traducido como “emperador emérito”, equivalente al tratamiento de nuestra Ley Orgánica 3/2014, de 18 de junio, por la que se hace efectiva la abdicación de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I de Borbón (B.O.E. 19 de junio de 2014). 2 

El texto original de la norma puede consultarse en https://www.kunaicho.go.jp/about/seido/seido11.html 170 Reseñas. Mirai. Estud. Japon. 4, 2020: 167-171 

Otra puntualización que me atrevería a señalar tiene que ver con el orden de acontecimientos en los actos en torno a la sucesión al Trono. La ceremonia de proclamación/entronización (22 de octubre de 2019) es anterior al Daijôsai, (14-15 noviembre de 2019) ritual en el que “finalmente accederá a la divinidad” (p. 431), afirmación que no se ajusta a su condición constitucional ni casa con la Ningen sengen (人間宣言 o Declaración de Humanidad) radiada a toda la nación el 1 de enero de 1946. No obstante, acierta de pleno en que si hay un acto en el que poder asociar la divinidad al tennô es, sin duda, al que se refiere el profesor Rodao, por lo que –tecnicismos jurídicos aparte– nuevamente –y hay numerosos ejemplos más– acierta a poner el dedo en la llaga. 

 

Teniendo en cuenta el periodo que aspira a cubrir, la obra resulta acertadamente equilibrada. De hecho no es del todo riguroso –y lo digo como elogio, que no como crítica– en mostrar un Japón única y exclusivamente a partir de 1945, pues no puede sustraerse a la conveniencia, oportunidad –cuando no simple necesidad– de abordar momentos anteriores para justificar éste o aquél acontecimiento. Baste citar algunos de la restauración Meiji de 1868 y siguientes (con algún baile –esporádico– en el año de la Constitución Meiji, que es de 1889) u otros de comienzos de siglo o, sobre todo, el periodo de la propia Guerra Mundial, previos a la rendición incondicional de 2 de septiembre de 1945. De hecho, incluye un subapartado específico para comparar 1868 y 1945, dos momentos históricos muy distintos, pero cuyo contraste ofrece opciones de sacar interesantes puntos en común. Es una confrontación muy acertada que aborda con una muy destacable habilidad expositiva y una estructura de subapartados que es, en sí misma, un ejemplo de acierto, coherencia y reclamo, que engancha al lector, concatenando cada apartado, erigiéndose –una vez más, como en otras ocasiones a lo largo de la obra– en un nuevo estímulo para profundizar. Y todo ello en apenas 10 páginas. 

 

Me atraen, particularmente, las frases contundentes –ideas fuerza– que lejos de estar desperdigadas por la obra sin ton ni son, encajan con precisión en el momento adecuado de cada capítulo. A veces con su punto idóneo de precisión, como cuando con su “fueron apenas dos puntadas pero con mucho hilo” se refiere a los acontecimientos “nimios” de 1868 de cambiar la capital y atribuir la condición de taikun al Tennô (p. 435). O el muy acertado ejemplo del camaleonismo que se le atribuye a Kioto, la ciudad que parecía condenada a todo tipo de adversidades y que, haciendo de la necesidad virtud “(…) tomó el camino de la modernización sin amilanarse” (p. 436) de suerte que “Japón nos enseña que los cambios pacíficos pueden ser tan radicales como los violentos o revolucionarios; solo hace falta que seas perseverantes” (íbidem). O esta otra en la que afirma “Quizá Japón es un vagabundo errante, quizá un galápago temerario” (p. 437). Da que pensar. 

 

La obra hace un equilibrado uso de datos estadísticos, en el momento discursivo idóneo, sin apabullar con cifras ni porcentajes, sentando cátedra, pues afianza las ideas con cifras que reflejan hechos. 

 

Para un antequerano que recuerda de su infancia la leyenda que da nombre a la Peña de los Enamorados (también conocida como “la cabeza del gigante”, en la línea de horizonte entre Antequera y Archidona – De la tajada peña se arrojaron y en el aire las almas dejaron” (Carvajal y Robles)–) le produce especial fascinación cómo aborda la inquietante a la vez que preocupante tragedia del suicidio, a la que dedica el apartado “Suicidio y sociedad” en el capítulo 12, que se ha venido a llamar, sin circunloquios, “Vida y muerte en la sociedad japonesa”. Japón tiene esa particular forma de mirar de frente a la muerte, incluida la que gira en torno a la estética y belleza del seppuku. De nuevo entraríamos en un encontronazo de perspectivas si pretendiéramos aspirar a entender su complejidad, especialmente la que aplica la justicia. La pena de muerte es otro tema controvertido del que no huye la obra y al que los occidentales –especialmente los católicos– tienen que aprender a aproximarse intentando entender que para un japonés, la aplicación de la pena de muerte está desposeída de cualquier connotación religiosa [católica, habría que añadir], lo que marca una muy significativa diferencia.

 

 ¿Queda, por tanto, el contenido de la obra, irremediablemente lastrado por su título, hasta el punto de que de cada uno de los temas tratados (el mercado laboral, las relaciones interpersonales, incluidas las familiares, el orden geopolítico internacional, la política interna o la idea de nación o la cultura del desastre, además del estudio sociológico y económico) lo descriptivo y sobre todo el análisis nos sitúe más cercanos a la crítica –haciendo honor a la editorial– que hacia el elogio? Sí y no. No creo que el balance del libro sea que es crítico con Japón. Pero sí que hay más crítica constructiva que crítica a secas, lo que se explica por sí mismo para quienes conocen a fondo el país: Japón no deja odiarse. Parece en algunos puntos premonitorio, pues en los comienzos del nuevo año 2020 y aún sin sentirse del todo las consecuencias económicas de la última crisis sanitaria mundial (el brote de la Covid-19) la opinión pública cuestiona los resultados económicos del Abenomics. Daniel Rodríguez dice que Japón camina hacia la “irrelevancia”3 achacable –según el autor– al excesivo intervencionismo. Es el eterno equilibrio entre medidas liberalizadoras y aperturistas frente a las proteccionistas que sin embargo y a pesar del análisis de Rodríguez, chocan con la clara apuesta de Japón en el Tratado de libre comercio con la UE. ¿Japón irrelevante? Disiento. Creo más bien que está haciendo sus deberes. Estamos más bien ante un nuevo “El regreso de Japón” que preconizaba Fernando Delage (Política Exterior, marzo/abril 2014), más en línea con “Japón ha vuelto”, título con el que Shinzo Abe se presentó en el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS) de EE.UU. el 22 de febrero de 2013, discurso que entrelazaba preguntas retóricas con cierta dosis de ironía…a la japonesa. Decía esto:

 “(¿Es Japón una nación de segunda fila?) El año pasado Richard Armitage, Joseph Nye, Michael Green, entre otros autores, publicaron un informe sobre Japón. Se preguntaban si Japón terminaría convirtiéndose en una nación de segunda fila. Secretario Armitage, aquí tiene mi respuesta: Japón no es y nunca será un país de segunda fila. Ese es el primer mensaje que quiero lanzar desde aquí. Se lo repito. He vuelto (risas, aplausos)– y así tiene que ser con Japón”. 

Reseñas. Mirai. Estud. Japon. 4, 2020: 167-171 171 

Y añadía el Primer Ministro nipón: “Eso es cuanto he querido decir. Podría parar aquí y someterme a sus preguntas durante los próximos 15 minutos. Sin embargo, percibo que el Embajador Sasae (de Japón en EE.UU.) ha comenzado a sentirse incomodo –(risas)– por lo que seguiré hablando de todas formas. Así tendrán que ser pacientes conmigo otros 20 minutos”. 

Algún Primer Ministro de Japón dirá un día que Japón no es y nunca será un país solitario ni vulnerable. Creo que estamos ante el libro sobre Japón que a fecha de hoy, en cualquier facultad de estudios asiáticos y/o de estudios internacionales en general, debe formar parte de la bibliografía básica, obligatoria e imprescindible para todo estudiante. Y lo seguirá siendo para siempre, independientemente cuantas otras obras vengan detrás que se acerquen a su calidad y rigor o que lo superen.

 

 En esta ocasión, el reclamo de marketing para atraer lectores que aparece en la portada “una obra imprescindible para conocer Japón en el cambio de era” lo sintetiza a la perfección. Porque, no olvidemos que en el Siglo de China (el XXI) Japón tiene razones para sentirse vulnerable. También tiene razones para sentirse en soledad. En torno a la pregunta “Has China won?” el politólogo Kishore Mahbubani respondía recientemente sobre si los vecinos de China (en referencia a Corea del Sur y a Japón) tenían razones para preocuparse con un “sí”, aunque el miedo no es a que se socave sus democracias. “Temen que restablezca el orden que rigió en Asia durante más de 1000 años. Y el proceso será doloroso, sobre todo para Japón”.4   El libro contiene muy buenas referencias cruzadas al contexto asiático, pues Rodao domina la región, en especial Filipinas, pero también todo el área del Pacífico en su sentido más amplio.

 Tal vez Japón solo tenga que entender quién es su país de referencia geopolítica. A fin de cuentas, en 100 o 200 años el paréntesis del periodo Meiji (1868 en adelante) y el de la Segunda Guerra Mundial y posterior hermanamiento con Occidente y con EE.UU. posiblemente se vean en su conjunto como un periodo en sí mismo, en que Japón logró asumir las bondades de Occidente, pero alejándose de su situación geográfica que le sitúa en Asia y bajo la influencia de China, aunque Japón no se diga a sí mismo ser Asia. O, por ponerlo en palabras del autor –de nuevo bordándolo– “miembro de Occidente con la tensión de Oriente” (p. 95). Un Japón que sigue sin querer (¿o tal vez sea poder?) salirse del paraguas protector o de influencia –o ambas cosas– de los EE.UU. La situación geopolítica de la zona no se lo permite. Mientras el Gobernador de Okinawa abandera una encuesta que logra un 70% de rechazo a las remodelaciones o mejoras de bases americanas, el Gobierno de Abe Shinzō ejecuta las obras. La alianza militar no se debilita. Es imprescindible, se amplía la confianza en la compartición de información, se desarrollan programas conjuntos y Japón –al igual que EE.UU.– ya crea una división de fuerzas de autodefensa espaciales para hacer frente a los nuevos desafíos de seguridad, aunque no estemos sino ante una estrategia más cosmética que funcional. Japón también quiere ir a la luna en 2030, según su Agencia Espacial JAXA. No parece un proyecto para un país de segunda fila. Aunque sea un reto solitario y nacionalista –en el buen sentido– dentro de la actual carrera espacial. El libro adelanta cuestiones que los hechos sólo han venido a corroborar. La llamada de atención a Japón sobre las políticas de igualdad parece haber sido escuchada nada menos que por quien podría estar llamado a ser pronto Primer Ministro, el “joven” –para estándares japoneses– Koizumi Shinjirō, aunque cuenta con no pocos detractores, por faltarle capacidades políticas y atribuírsele un discurso político no excesivamente brillante. The Economist titulaba recientemente “The land of the rising son” un artículo sobre el ascenso político del hijo de Koizumi Junichirō. Las dinastías y sagas de familias de políticos (los asientos heredados en la Dieta) no escapan al análisis político (verbigracia, “El cambio político inacabado” pp. 135 y ss–, entre otros pasajes) del libro.

 

 Siendo Ministro de Medioambiente ha cogido recientemente su baja por paternidad de dos semanas. Ningún padre lo había hecho como miembro del ejecutivo. Y además lo explicó muy clarito ante la opinión pública. Me pregunto si a lo mejor el Sr. Koizumi (hijo de “Lion Heart”, Junichiro Koizumi) habrá leído el libro de Rodao, pues su gesto hace y hará a Japón menos vulnerable y solitario. Shinjirō –estudiante de máster en la Universidad de Columbia, un dato a tener en cuenta si finalmente llega a jefe del ejecutivo en los próximos años– está indicando el camino correcto, encajando en el vocablo ikumen (paternidad activa en la crianza de hijos).

 

 Acabo. Le debo mucho a este libro que he disfrutado de manera pausada, con lápiz y goma, subrayando frases, pasajes y muy especialmente, referencias bibliográficas a cuya lectura prometo abandonarme en el futuro. Pero también le debo perder dinero, lo que nunca perdonaré. El sistema ferroviario japonés funciona como un reloj de precisión de maquinaria suiza. Pareciera disponer de varios cientos de complicaciones, a cuál más compleja, que se prolonga más allá de los trenes y vías a los andenes y medios y métodos de acceso. Pero, a pesar de las dificultades idiomáticas y contrariedades geográficas y físicas, no recuerdo haber perdido jamás un tren en Japón. Tuvo que ser la estación Zaragoza-Delicias. Allí estaba, apaciblemente sentado, tras mi participación en las conferencias del Grupo Japón de la Universidad de Zaragoza, mientras hacía tiempo esperando la hora de salida del AVE que regresaba a Atocha. Perdí la noción del tiempo absorto en la lectura de no recuerdo ahora qué pasaje o capítulo…..y así perdí mi tren. Por culpa de la soledad de un país vulnerable. 

 

Salvador Rodríguez Artacho Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

El Periódico de Aragón, por Juan Bolea
Historia y Vida, por Julián Elliott
Blog Javier Vives Rego, Arquitecto

Blog Javier Vives Rego

Florentino Rodao: “La soledad del país vulnerable”

La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945

Mis lectores saben que en este blog hablo de artes plásticas o visuales de Japón y que muy pocas veces me adentro en otros territorios. Hoy es un día de esos en los voy a hacer una excepción. No he podido resistirme, aunque salga de mi zona de confort y me adentre en el campo de la historia, de la historia más reciente de Japón.

El motivo de mi atrevimiento es que he acabado de leer el último y magnífico libro de Florentino Rodao, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y reconocido especialista en historia de Japón. Se trata de La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945, un texto cuyo título insinúa ya la atmósfera que nos envolverá en cuanto iniciemos su lectura. 

Pero no se crea que se trata de un libro complaciente, todo lo contrario. A menudo, Rodao pone el dedo en la llaga y muestra hechos,planteamientos y situaciones que critica abiertamente. Se podría decir que nada escapa a su “frío” ojo de historiador. 

No obstante y a pesar de ciertos “reproches” no duda en reconocer los méritos de la sociedad japonesa y su gente, que no pocas veces considera deberían ser un modelo o guía para los países occidentales.

Publicado en marzo de este 2019 por Editorial Crítica, el libro consta de 531 páginas encuadernadas en tapa dura de 16×24 cm y 16 páginas de ilustraciones en blanco y negro y color. También existe la versión electrónica en formato Kindle de Amazon.

No tengo ninguna reserva en decir que se trata de un libro imprescindible para toda persona interesada de verdad en cualquier tema relacionado con Japón, ya sea su literatura, arte, cultura o sociedad. Su lectura no solo le permitirá descubrir innumerables facetas del país y sus habitantes hoy, sino que entenderá que esa “soledad” y esa “vulnerabilidad” vienen de muy lejos.

El profesor Rodao comienza su narración con una introducción que titula “El Japón de las sorpresas”, el primero de los meticulosamente elegidos títulos de los capítulos de su libro, todos a la altura de su contenido; algo muy apropiado cuando se habla de un país donde el envoltorio es un arte en sí mismo, tanto más refinado cuanto más precioso sea lo que contiene.

Como buen libro de historia, en las páginas de La soledad del país vulnerable van apareciendo los diferentes estratos que se han ido asentando en la sociedad nipona durante los últimos setenta y cinco años. Para ello, Rodao divide ese lapso en capítulos que denomina “Una derrota y una ocupación (1945-1952)”, “Prosperidad en medio de la tensión (1952-1989)”,”Las crisis simultáneas del cambio de siglo (1989-2011)”, “Fukushima y la cultura del desastre” y “Estabilidad y largo plazo (2011-2019)”.

Pero el autor no se queda ahí, pues al llegar a ese punto todavía no ha llegado al ecuador de su libro. Y puedo decir que su segunda mitad es igual de adictiva para el lector que la primera. Resulta imposible dejar a medias cualquiera de sus capítulos. En ellos descubrimos hechos, ideas e interpretaciones que nos permiten ir completando el rompecabezas nipón, al menos nosotros los euro-americanos, siempre tan etnocentristas.

Los siete capítulos finales se titulan: “Cultura japonesa en el mundo”, “Cultura de la vida cotidiana”, “Vida cotidiana y soledad”, “Estado y sociedad en Japón”, “Nación e identidad en Japón”, “El peso de la memoria histórica” y “Vida y muerte en la sociedad japonesa”.

A la conclusión del libro Rodao le da el nombre de “La temeridad del galápago”, otra imagen muy significativa. El texto se completa con un glosario, 46 páginas de notas y una excelente bibliografía comentada.

Resumiendo, La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945, el último título de Florentino Rodao es el más completo y actualizado texto en español sobre la historia japonesa desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el año 2019. Un texto serio y riguroso de un autor capaz de consultar las fuentes en su idioma original, que conoce el país por haber vivido en él largas temporadas y que lleva muchos años estudiando su historia y sociedad.

Eso es lo que nos lo ofrece el profesor Rodao en su libro. Aprovechémoslo para intentar absorber algo de sus conocimientos y sobre todo de su carencia de prejuicios y lugares comunes tan frecuentes en muchos escritos de “sesudos” especialistas, quienes muy a menudo no hacen más que poner en evidencia su etnocentrismo occidental, algo contra lo que Florentino Rodao está vacunado.

Los interesados en adquirir el libro lo encontrarán en cualquier librería y también en Amazon, donde se pueden ojear las primeras páginas de la versión electrónica, una opción nada desdeñable para los que prefieren manejar un ligero lector electrónico en vez de un volumen de más de quinientas páginas y casi un kilo de peso, y que saben aprovechar la posibilidad de subrayar fragmentos del libro para tenerlos a mano en cualquier momento o citarlos en sus trabajos. 

 

 

 

https://culturanipon.blogspot.com/2019/07/florentino-rodao-la-soledad-del-pais.html?fbclid=IwAR36jVbS-w927hgfcQNajNxlB8SmOAQjt-PCdPLhgiBzHcsDUsGG4mf6tC4 

El Peso del Aire, por Pablo Mallorquí

El Peso del Aire, por Pablo Mallorquí

La soledad del país vulnerable, de Florentino Rodao

 

BY PABLO MALLORQUÍ ON 18/05/2019ENSAYOLITERATURARESEÑAS

Japón, innegablemente, se ha convertido desde finales del siglo XX en una potencia cultural. Una web como El peso del aire evidencia esta realidad pues Japón ha sido capaz de estimular occidente con  su cultura y tradiciones milenarias y desde los años noventa su cultura popular, representada por el anime, el manga y los videojuegos, ha apuntalado la imagen de un país creativo y moderno, donde la tecnología y la tradición se dan la mano. Sin embargo, hace tan solo medio siglo, en 1945, Japón era un país arruinado y ocupado por Estados Unidos tras  la Segunda Guerra Mundial cuando el país nipón sometió parte de Asia en una escalada nacionalista y militarista que todavía hoy en día enrarece las relaciones entre este país, Corea del Sur y China. El autor, Florentino Rodao, nos ofrece en su libro La soledad del país vulnerable las claves para entender la transición de un país que asombró al mundo.

Durante la guerra fría Japón se convirtió en el primer país no occidental en alcanzar un desarrollo económico igual o superior al del norte de Europa y Estados Unidos cuyo PIB logró ser el segundo más grande del mundo hasta que en 2010 fue superado por China. Este milagro económico y sus consecuencias en la sociedad japonesa son el eje de La soledad del país vulnerable (Editorial Crítica, 2019), el libro más ambicioso sobre el Japón contemporáneo publicado en castellano. Su autor, Florentino Rodao, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, es uno de los mayores expertos en Japón y sus relaciones con occidente.

El libro está dividido fundamentalmente en dos partes. En la primera, el autor hace un recorrido histórico por Japón desde su derrota en 1945 hasta el final de la era Heisei en 2019. Durante 200 páginas Rodao es capaz de desarrollar de manera amena, pero sin perder profundidad académica, cuáles fueron los ejes que permitieron el despegue económico de Japón, los efectos de la nueva constitución aprobada bajo la ocupación militar de Estados Unidos y posteriormente el estancamiento económico de los años noventa tras la explosión de la burbuja económica del país. Japón fue, durante la guerra fría, el mayor éxito económico mundial, sus políticas fueron estudiadas en las universidades occidentales, sus empresas se internacionalizaron y la imagen del país pasó de ser la de una sociedad feudal de samuráis a una en la que la tecnología y las grandes empresas garantizaban el bienestar de su población.

La segunda parte del libro está más fragmentada e intenta analizar desde diferentes ópticas la realidad social del país que había sido transformada por estos éxitos económicos y políticos. Todas las grandes cuestiones tienen un capítulo, desde la irradiación cultural que hemos comentado anteriormente pasando por cuestiones sociales como el mundo laboral, el funcionamiento del estado, la religión, la identidad, la memoria histórica o el nacionalismo. Todos los aspectos relevantes para entender Japón son tratados en este libro sin olvidarnos del desastre de Fukushima de 2011 que sacudió el optimismo de los japoneses hacia su país. El autor despliega sus conocimientos académicos y sus lecturas que sintetiza en un hilo conductor narrativo muy bien armado que hará disfrutar a lectores principiantes así como a los avanzados en conocimientos del país. Sin olvidar su aparato de notas y bibliografía que permiten profundizar en todos los aspectos tratados por La soledad del país vulnerable.

La soledad del país vulnerable es una lectura estimulante intelectualmente; estoy seguro que nos encontramos ante una de las obras no japonesas más completas sobre el país y los lectores en español tenemos la suerte de poder disfrutar de este libro. Un prodigio del ensayo histórico que además de su  profundidad tiene la virtud de entretener, cosa difícil en libros tan exhaustivos como este, y que hace de su lectura un placer a la altura de cualquier buena novela. Me atrevo a decir que nos encontramos ante el libro de no ficción sobre Japón más importante editado en España y como tal cualquier persona interesada en el país del sol naciente debería embarcarse en su lectura.

 

Blogs Abc Bubukubu, Por Emilio de Miguel Calabria

Japón. La soledad del país vulnerable

Emilio de Miguel Calabia

el  09 oct, 2019

  

Uno de los asiatistas españoles que más respeto es Florentino Rodao. Es un hombre que no sólo escribe sobre Asia, sino que vive Asia. Ha escrito sobre un tema tan desconocido como la presencia de españoles en Siam (“Españoles en Siam”), sobre algo tan apasionante como poco tratado que es la relación entre la España franquista y el Imperio japonés durante la II Guerra Mundial (“Franco y el Imperio japonés”) y sobre los enfrentamientos en el seno de la comunidad española en Filipinas durante la Guerra Civil y lo que influyeron en la desaparición del español en las islas (“Franquistas sin Franco”). Recientemente acaba de publicar “Japón. La soledad del país vulnerable”, en el que en su primera mitad narra la historia política de Japón desde la II Guerra Mundial y describe aspectos de la cultura japonesa en la segunda.

El título me parece muy bien escogido. Japón es un país que se percibe aislado. Es el mismo complejo de isla frente a continente que tiene Inglaterra, pero exacerbado en el caso de Japón. Si todos los países tienen a atribuirse orígenes míticos que los hacen especiales, el caso de Japón es para nota. El “Kojiki” o “Crónica de Asuntos Antiguos”, que data del siglo VIII, describe cómo el Emperador de Japón desciende de un linaje divino que empieza con la diosa del sol, Amaterasu; toda vez que el resto del mundo depende del sol, Japón tiene autoridad sobre él. Asimismo cuenta cómo, después de la creación del cielo y la tierra, los dioses Izangi e Izanami crearon el archipiélago japonés, que parece que era la parte del mundo que corría más prisa crear. Comparada con estos orígenes tan augustos, la pretensión de Alfonso X de que los iberos procedían del hijo de Noé, Tubal, casi resulta una caquita.

El sentimiento de aislamiento se vio agravado por los casi dos siglos y medio en que el shogunato cerró el país a los extranjeros. La motivación fue el miedo a una invasión. Japón empezaba a vivir un proceso de formación nacional en el que sobraban los extranjeros, como ocurriera en España después de 1492, y temía que los europeos utilizasen la propagación del catolicismo  como excusa para crear una quinta columna en el país. Vamos, que nos habían leído la mente. El aislamiento fue tan intenso que se prohibió también a los japoneses viajar al extranjero y construir barcos transoceánicos. La única excepción fueron los holandeses, a los que se permitió tener una presencia en la diminuta isla de Dejima en Nagasaki, porque, aunque eran muy calvinistas, el florín es el florín y se comprometieron a limitarse a comerciar y a no evangelizar.

Como Corea y Vietnam, Japón asimiló la cultura china, pero la reelaboró, reinterpretó y se la apropió de una manera completamente original hasta hacer de ella un producto propio. Un ejemplo lo podemos tener en la poesía. La primera poesía japonesa se vio muy influida por la poesía china contemporánea. Llegó a haber poetas y nobles que compusieron poemas en chino. La introducción de referencias en un poema a obras clásicas chinas se consideraba como el no va más del refinamiento. Sin embargo, con el tiempo, los japoneses elaborarían sus propias formas poéticas, de las que los haikus son su ejemplo más conocido.

Esta originalidad japonesa ha hecho que, por ejemplo, el historiador Arnold J. Toynbee en su monumental “Estudio de la Historia” diferenciase una civilización “japonesa-coreana” de la civilización china o que Samuel Huntington la considere como una civilización aparte de la China. Huntington afirma que es un híbrido de la civilización China con modelos altaicos preexistentes, lo que supone no haberse enterado de nada y minusvalorar la gran originalidad japonesa en el último milenio y medio a la hora de reinterpretar los elementos culturales chinos.

En lo que se refiere a la vulnerabilidad que sienten los japoneses, ésta está más que justificada. Japón sufre en torno al 20% de los terremotos de más de seis grados en la escala Richter que se producen en el mundo. Anualmente en torno a once tifones se aproximan a Japón, de los que una media de tres llega a descargar sobre las islas. Las lluvias producen inundaciones regularmente y con el cambio climático esta situación no hace sino agravarse.

La vulnerabilidad es también geopolítica. Japón se concibe como unas pequeñas islas apenas separadas de un país inmenso que es China. Hasta la II Guerra Mundial, los dos intentos más serios de conquistar Japón habían procedido precisamente de China; se trata de las invasiones mongolas de 1274 y 1281.Mi comentario:  **tampoco hay apenas exilios en Japón y los japoneses se sienten identificados ahora en dos terceras partes con Taiwan, apenas un 13% con Corea del Sur y un porcentaje mas pequeño aun con China, esto  es vulnerabilidad geopolítica, aunque el titulo del libro es mas por el regreso de millones de japoneses al archipielado tras la IIGM**

De alguna manera se puede afirmar que en parte fue la idea de vulnerabilidad la que llevó a Japón a atacar Pearl Harbour y desencadenar la Guerra del Pacífico. Japón se percibía como un pequeño país, sin recursos ni petróleo, que estaba rodeado de enemigos. Golpear antes de que los golpeasen, por más que en su fuero interno supieran que se estaban metiendo en una guerra que no podían ganar, fue lo que les indujo a atacar a EEUU.

El libro de Rodao está estructurado en dos partes. La primera es una descripción muy buena sobre la política japonesa desde el final de la II Guerra Mundial hasta el presente. Este período empieza con la ocupación norteamericana tras la derrota de Japón en la Guerra del Pacífico. Los japoneses abordaron la ocupación con gran pragmatismo e hicieron la transición de gran imperio militarista y expansionista a pequeña nación-estado democrática sin excesiva dificultad. Rodao recuerda a este respecto el inmenso esfuerzo de adaptación a Occidente que Japón había realizado durante la Revolución Meiji en 1868. Realmente, no creo que haya ningún otro pueblo en el planeta con esta capacidad de reinventarse.

Japón recuperó su plena soberanía en 1952. En los siete años transcurridos había conseguido que la actividad económica regresase a los niveles de preguerra y que la democracia funcionase. Los años 1952-1989, o sea el resto del reinado del Emperador Hirohito, fueron los años del milagro económico japonés que llevó a que el PIB japonés al final del período representase el 17,8% del PIB mundial y a que se convirtiese en la segunda economía del planeta. El auge japonés fue tan sorprendente que en los años 80 más de uno auguró que la economía japonesa sobrepasaría a la norteamericana. Como tantísimas otras veces, los analistas se equivocaron.

En lo político, en 1955 se creó el Partido Liberal Democrático (PLD), fruto de la fusión del centrista Partido Democrático y del derechista Partido Liberal. Ambos tenían en común su defensa del status quo y su rechazo a que las izquierdas, representadas por el Partido Socialista, llegasen al poder. El Partido Liberal Democrático consiguió conectar con los agricultores, los pequeños y grandes empresarios y con grandes capas de la población, que vieron sus niveles de vida mejorar durante el período 1960-1988. Con esto y ayudados por la tendencia de las izquierdas japonesas a pegarse tiros en el pie, el PLD ha gobernado Japón desde 1955 con dos breves interrupciones en 1993-94 y 2009-12.

La muerte de Hirohito tras un larguísimo reinado de 62 años casi coincidió con el inicio de la crisis económica y de lo que se llamó la década perdida. Las burbujas bursátil e inmobiliaria reventaron. Las viviendas llegaron a perder dos tercios de su valor, los precios de las acciones cayeron un 80% en tres años. La producción industrial descendió un 11% hasta 1995. Las razones de la crisis, aparte del pinchazo de las burbujas, fueron: el exceso de capacidad productiva; el crecimiento del ahorro, determinado por la incertidumbre económica; la caída de la demanda interna; la apreciación del yen, con el efecto que ello tuvo sobre las exportaciones; el aumento de la tasa de desempleo. La incertidumbre era tan grande que en las elecciones de 1993 el PLD perdió el poder por primera vez en 38 años.

Lo que llevamos de siglo XXI no ha sido muy glorioso para Japón. Ha habido una recuperación anémica. La población está envejeciendo a pasos agigantados y se ha perdido esa confianza en el futuro que existía hasta el pinchazo de la burbuja. Son muchos los que no han recuperado los niveles de vida anteriores a la crisis. La reforma del sistema político sigue siendo la gran tarea pendiente. Las expectativas creadas en 2001 por el Primer Ministro Junichiro Koizumi, un hombre rompedor y muy innovador, no tuvieron continuación cuando dejó el poder en 2006.

Rodao extiende la descripción de la vida política japonesa hasta 2019. Los últimos años han estado marcados por el largo mandato del Primer Ministro Shinzo Abe. El PLD volvió a gobernar en 2012 y no parece que haya ninguna nueva fuerza capaz de vencerle y de introducir un nuevo modelo político. En política exterior está siendo continuista. Lo malo es que la geopolítica regional no es tan continuista. Japón tiene que enfrentarse al auge de China y al decreciente compromiso norteamericano con la región. En economía, Abe ha intentado relanzar la economía japonesa con éxito mitigado. La deuda pública, que asciende al 240% del PIB, es la más elevada del mundo; por otro lado, Japón tiene que hacer frente a la sociedad más envejecida del mundo. Dos factores difíciles de afrontar.

La segunda parte del libro es apasionante. Rodao que ha vivido en Japón y habla japonés, va tratando pormenorizadamente diversos aspectos de la cultura japonesa, desde la posición de la mujer, hasta la actitud del japonés ante la muerte. Aquí sí que me siento incapaz de resumir mínimamente todo lo que cuenta Rodao en este apartado. Lo mejor es leer directamente el libro.

 

Llums i ombres del Japó, por Nicola di Padova

Llums i ombres del Japó

A ‘La soledad del país vulnerable’, Florentino Rodao repassa els darrers setanta anys del país asiàtic, amb els seus èxits i les seves crisis

 

Publicat per Llegir en cas d’incendi03/09/2019

https://www.llegir.cat/2019/09/la-soledad-del-pais-vulnerable-florentino-rodao/

 

Nicola di Padova. Barcelona

El passat 1 de maig del 2019 va ser una data rellevant en la història del Japó, ja que va suposar el final de l’era Heisei (que va durar trenta anys, des del 1989) i el principi d’una nova era imperial, la Reiwa («bella harmonia»), amb l’ascensió al tron del nou emperador Naruhito que va seguir a l’abdicació del seu pare Akihito. Aquest canvi generacional representa per als japonesos un moment important que permet fer una anàlisi de les darreres tres dècades, dels èxits i dels errors, i aprendre d’aquests enfront dels desafiaments futurs. Coincidint amb aquest canvi d’era, l’editorial Crítica va publicar La soledad del país vulnerable, de Florentino Rodao, una obra que ens dona els instruments necessaris per entendre la realitat contemporània d’aquest país tan llunyà, analitzant els errors que el Japó va fer al llarg de les últimes dècades, les lliçons que en va aprendre i aquesta característica pròpia de la població japonesa de reinventar-se i tornar a aixecar-se més forta que mai després de cada derrota o dificultat.

L’autor ens condueix a través dels últims 70 anys d’història del Japó: la seva narració comença en les últimes setmanes de la Segona Guerra Mundial, amb la derrota de les forces japoneses davant els Estats Units, les bombes atòmiques d’Hiroshima i Nagasaki, i l’inici de l’ocupació americana, que va durar fins el 1952. Es passa després als esdeveniments de la segona meitat del segle XX, amb el país intentant recuperar la seva llum internacional després de la derrota (el desenvolupament econòmic i industrial, les olimpíades de 1964, els anys de la bombolla econòmica a finals dels 80) fins els últim anys, en que el Japó és un país vulnerable que viu un moment de confusió i declivi a nivell polític i social. No falten, òbviament, unes anàlisi dels moment més tràgics de la història contemporània de la postguerra, com l’atac terrorista perpetrat per membres del grup Aum Shinrikyo el 1995, i el Triple Desastre de l’11 de març de 2011 amb el terratrèmol més gran en la història del país, que va generar un tsunami i va causar el desastre radioactiu de Fukushima.

La soledad del país vulnerable no es limita només a recopilar els esdeveniments més importants de les últimes dècades sinó que ens ofereix un passeig per la cultura i els diferents àmbits socials del Japó. Rodao dedica uns capítols a les religions, les festes populars i les cerimònies, com també a l’esport, la música, la vida quotidiana dels japonesos, el paper de les dones en la societat nipona, el problema dels suïcidis de massa, i molt més. El que fa d’aquest llibre una obra imprescindible és el fet que l’autor no es limita només a reunir dades i sobrecarregar les pàgines d’informació, sinó que ens dona un background essencial que permet entendre la mentalitat i el pensament dels japonesos, així com la seva cultura tan diferent a la nostra.

Cal afegir que Florentino Rodao té un coneixement del Japó de primera mà, és catedràtic acreditat a la Universidad Complutense de Madrid, amb un doctorat per la universitat de Tòquio i un altre a la Complutense, i autor de nombroses obres sobre el Japó (i Àsia en general) i la seva relació amb Espanya i Occident (el seu llibre Franco y el Imperio Japonés ha estat traduït també al japonès). L’autor va descobrir el Japó gairebé casualment el 1990 quan va marxar a Àsia per estudiar un màster i des d’aquell moment es va enamorar de la seva cultura, la seva història i de la seva població (a més del menjar, és clar).

La soledad del país vulnerable representa la culminació d’un treball fet al llarg de quatre anys durant els quals, a través de la unió dels seus estudis d’investigació i de les seves experiències personals al país del sol naixent, Rodao va perseguir l’objectiu ambiciós d’escriure una obra que oferís una finestra sobre la cultura i la història del Japó accessible per a tots els lectors. Un objectiu plenament aconseguit.



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