Franco y el imperio japonés

Imágenes y propaganda en tiempos de guerra

ISBN 9788401346835

PLAZA JANÉS (2002)

Insólito estudio sobre la relaciones entre España y Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

El interés que la historiografía ha mostrado hacia las relaciones de la España franquista con la Alemania nazi y la Italia fascista ha provocado que se olvidaran las existentes con el régimen japonés, que también formaba parte del Eje. Y tales relaciones, a pesar de la lejanía y las dificultades de comunicación, tenían que ser relevantes en la estrategia de Japón que, ya enfrascado en una guerra de conquista en China, había abierto nuevos frentes de batalla en el sudeste asiático y el Pacífico en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Las posibilidades de cooperación entre ambos regímenes tuvieran nuevas dimensiones con la expansión continental de los años 1940-41 y, posteriormente, con las actividades que asumió Madrid por cuenta de Tokio después de Pearl Harbor: el espionaje y la protección de las numerosas colonias de emigrantes japoneses en elcontinente americano, las más importantes que realizó un país neutral. El distanciamiento español de Japón cuando terminó el ciclo de victorias militares del imperio -Franco incluso llegó a especular con una declaración de guerra en marzo de 1945, que rechazaron los aliados- sirvió de ensayo al régimen para la previsible ruptura con Alemania e Italia y el acercamiento a los Aliados.

La característica fundamental de los contactos es que, a diferencia de los que mantenía el régimen con Alemania e Italia, nunca se desarrollaron bajo el signo de la afinidad cultural e ideológica, sino sólo como alianza utilitaria. Por eso para Franco -que creía que la derrota de Japón era consecuencia de la incapacidad de los orientales para acceder a la civilización- la ruptura no fue difícil.

Índice

Presentación

Reseñas

Inédito, por Rubén Herrero I

Recensión del libro: FRANCO Y EL IMPERIO JAPONES. IMÁGENES Y PROPAGANDA EN TIEMPOS DE GUERRA.

Autor: FLORENTINO RODAO 

Editorial y Año:

PLAZA JANÉS (2002)

 

Uno de nuestros mejores investigadores y especialistas en temas de Asia-Pacífico y gran experto en Historia, política y costumbres de Japón, el Doctor Florentino Rodao, ha publicado recientemente una monografía dedicada al régimen del General Franco y sus relaciones con el Imperio Japonés. Aunando al hacerlo, un aspecto muy poco tratado y conocido del franquismo, sus relaciones con Oriente y una profundización teórica en el Japón de la primera mitad del siglo XX. No puede negarse por tanto que el tema de investigación, que nos propone el Dr. Rodao, es uno original, sugerente y complejo.

Original por lo novedoso del tema elegido, así como por el acercamiento que el autor propone al objeto de la investigación.

Sugerente por el atractivo de abordar uno de los pocos aspectos que quedan por conocer/tratar del régimen del General Franco, así como por la curiosidad del lector por descubrir más y conocer mejor, una cultura, la japonesa, lejana y misteriosa para los lectores occidentales.

Complejo, por el ingente trabajo de investigación y la elaboración teórica de los conocimientos adquiridos, que esta monografía requería y que el autor ha sabido  resolver en ambos casos con rigurosidad y con éxito, acercando al lector un tema en gran parte desconocido.

El Dr. Rodao, opta por una aproximación, que podríamos definir como político-psicológica, al ensamblar conceptos provenientes de disciplinas tales como la Historia, la Psicología y la Ciencia Política.

Especialmente atraen nuestro interés aquellos términos que tienen sus raíces en la psicología, que el autor introduce al principio de su libro. Destacan especialmente las acepciones de percepción, imagen y sistema de ideas. En torno a estos conceptos y su utilización por las partes investigadas, fluye la monografía. 

Las imágenes recíprocas de los actores involucrados, las distintas imágenes y tendencias que en España había sobre Japón, el proceso de percepción del General Franco sobre el Imperio Japonés, la evolución de las perspectivas y las percepciones de acuerdo con el momento (especialmente el devenir de la II Guerra Mundial). Estos son los elementos que el autor une a su profundo conocimiento de la Historia mutua de España, Japón y Filipinas, para articular su investigación. 

La confluencia de factores político-psicológicos, como por ejemplo la formación de imágenes y su reflejo en la propaganda o el hecho de una obtención y sustentación de imágenes en procesos de información superficiales, junto a otros de orden geo-político y estratégico, por ejemplo, el papel crucial de Filipinas en las relaciones España-Japón o la renuncia de Japón a atacar Rusia, contribuyen de acuerdo con el autor a explicar en unión a otros muchos que se muestran en el libro, a explicar el ascenso de una imagen ideal de Japón desde 1937 y su posterior declinación a partir de la segunda mitad de 1941.

Y en este sentido, las relaciones entre ambos Estados y Jefes de Estado, corrieron paralelas a las imágenes respectivas. Así, se pasó de una exaltación de la unidad y afinidad a utilizar Japón como una forma de acercarse a los Aliados, cuando la derrota del Eje se aventuraba próxima. 

En suma, podemos decir que estamos ante un libro serio y riguroso sin caer en devaneos y coloraciones políticas, que ha requerido del autor un ingente esfuerzo de investigación, que con acierto ha sabido desarrollarlo de forma atractiva y clara para el lector.

Si se desea conocer más sobre las relaciones entre España y Japón, además de profundizar en diversos aspectos de la Historia, la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales, este libro representa una oportunidad inmejorable para hacerlo. 

 

Rubén D. Herrero de Castro

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM)

Profesor ESERP (University of Staffordshire)

 

Inédito, por Rubén Herrero II

Recensión del libro: FRANCO Y EL IMPERIO JAPONES. IMÁGENES Y PROPAGANDA EN TIEMPOS DE GUERRA. Autor: FLORENTINO RODAO Editorial y Año:PLAZA JANÉS (2002)

Recientemente, el Doctor Florentino Rodao, ha publicado recientemente una monografía dedicada al régimen del General Franco y sus relaciones con el Imperio Japonés. No puede negarse por tanto que el tema de investigación, que nos propone el Dr. Rodao, es uno, sugerente y complejo.

Sugerente por el atractivo de abordar uno de los pocos aspectos que quedan por conocer/tratar del régimen del General Franco, así como por la curiosidad del lector por descubrir más y conocer mejor, una cultura, la japonesa, lejana y misteriosa para los lectores occidentales.

Complejo, por el ingente trabajo de investigación y la elaboración teórica de los conocimientos adquiridos, que esta monografía requería. 

El Dr. Rodao, opta por una aproximación, que podríamos definir como político-psicológica, al ensamblar conceptos provenientes de disciplinas tales como la Historia, la Psicología y la Ciencia Política.

Especialmente atraen nuestro interés aquellos términos que tienen sus raíces en la psicología, que el autor introduce al principio de su libro. Destacan especialmente las acepciones de percepción, imagen y sistema de ideas. En torno a estos conceptos y su utilización por las partes investigadas, fluye la monografía. 

Las imágenes recíprocas de los actores involucrados, las distintas imágenes y tendencias que en España había sobre Japón, el proceso de percepción del General Franco sobre el Imperio Japonés, la evolución de las perspectivas y las percepciones de acuerdo con el momento (especialmente el devenir de la II Guerra Mundial). Estos son los elementos que el autor une a su profundo conocimiento de la Historia mutua de España, Japón y Filipinas, para articular su investigación. 

La confluencia de factores político-psicológicos, como por ejemplo la formación de imágenes y su reflejo en la propaganda o el hecho de una obtención y sustentación de imágenes en procesos de información superficiales, junto a otros de orden geo-político y estratégico, por ejemplo, el papel crucial de Filipinas en las relaciones España-Japón o la renuncia de Japón a atacar Rusia, contribuyen de acuerdo con el autor a explicar en unión a otros muchos que se muestran en el libro, a explicar el ascenso de una imagen ideal de Japón desde 1937 y su posterior declinación a partir de la segunda mitad de 1941.

Adentrándonos en la vertiente político-psicológica, echamos en falta, un concepto y mecanismo clave en los procesos de formación de percepción y formación de imágenes, el groupthink, desarrollado por Irving L. Janis (autor  que pese a su importancia en el campo de las percepciones, no aparece en la bibliografía). De acuerdo con este autor, “groupthink”, se refiere “al deterioro de la eficiencia mental, la comprobación (percepción) de la realidad y el juicio moral, como resultado de las presiones internas en un grupo” (1). Ello produce que en muchas ocasiones, los procesos de percepción y por extensión los procesos de decisión se vean afectados y distorsionados. Entendemos por ello que la inclusión de este mecanismo y su evolución habrían dado un mayor arco argumentativo al autor y rigor desde la perspectiva de lo político-psicológico.

Siguiendo en esta perspectiva, el autor defiende la existencia de una latencia de imágenes superficiales y negativas sobre Japón, que con el acontecer de la II Guerra Mundial,  terminan por emerger, pasándose entonces, de una exaltación de la unidad y afinidad, a utilizar Japón como una forma de acercarse a los Aliados, cuando la derrota del Eje se aventuraba próxima. Cabría sugerir a este respecto, la inclusión de dos conceptos. El primero de ellos, el de “compartamentalización”, por el cual el decisor, “coloca cada una de sus cogniciones discrepantes en compartimentos mentales impermeables” (2). De esta forma, el decisor mantendrá este estado, mientras los hechos no den lugar a una simultaneidad de los elementos cognitivos que por mantener una relación relevante enfrentada han sido compartamentalizados. El segundo, denominado “psycho-logic” (3), que implica la presión de crear estructuras cognitivas equilibradas, que llevan al decisor a procesos de percepción errónea. 

No obstante y a pesar de lo anotado, el autor realiza un apreciable y notable esfuerzo de realizar una de las primeras y rigurosamente científicas incursiones en el campo de lo político-psicológico aplicado al contexto de la Historia y las Relaciones Internacionales. 

Todo ello, lo elabora en un libro escrito con buen criterio científico, que mantiene el interés del lector, por los interesantes conocimientos vertidos y su lectura agradable.

 

Rubén D. Herrero de Castro

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM)

Profesor ESERP (University of Staffordshire)

Notas:

(1) Janis, Irving L., Groupthink (second edition), Houghton Miffling, 1982, p.9.

(2) McGuire, William, Theories of Cognitive Consistency, Rand McNally&Co, 1968, p. 98

(3) Abelson, Robert y Rosenberg, Milton, “Symbolic Psycho-logic”, Behavioral Science III (January 1958), p. 4-5. Citado por Jervis, Robert en “Hypothesis on Misperception”, Reprint Series in Political Science (PS-490), Bobbs-Merrill, p. 456.

Política Exterior, por Camilo Barcia (Vol. 16, No. 87, May - Jun., 2002, pp. 194-95)

FRANCO Y EL IMPERIO JAPONÉS: Imágenes y propaganda en tiempos de Guerra

Autor: Florentino Rodao

Prólogo: Stanlay Payne



Recientemente se ha despertado en España el interés por Asia, su cultura, su economía y su evolución política. Este interés es inteligente e importantes pues el futuro del mundo se juega, en gran parte, en Asia del Este y en Asia del Sur, donde vive más de la mitad de la población del globo y donde se está produciendo un desarrollo político y económico fundamental para el futuro del mundo. En esta era de la globalización o mundialización de la mayoría de los problemas y de sus posibles soluciones habrá que contar con Asia. 

 

Una parte importante del despertar del interés por Asia se debe a la nueva actitud  activa de la Administración española y, principalmente, del M.A.E. y su “Plan Asia”. Creo que la nueva actitud corresponde a la conciencia de que un país medio con intereses globales como es España debe de reforzar sus lazos con Asia, como país y como miembro de la U.E.

 

Hasta hace poco sólo había en España pequeños grupos de estudiosos entusiastas que se ocupaban de temas asiáticos sin prácticamente ayuda. Como ejemplo de esta falta de ayuda e interés podemos señalar que aún hoy no existen en nuestro país licenciaturas de estudios asiáticos. Afortunadamente parece que esa carencia se corregirá dentro de poco. 

 

Dentro de este grupo de especialistas en Asia destaca el Doctor Florentino Rodao, cuyas largas estancias en Asia y en Departamentos asiáticos de universidades americanas y australianas han hecho de él uno de nuestros más destacados especialistas en la materia. 

 

Florentino Rodao es autor de libros como “Españoles en Siam”, “El Extremo Oriente Ibérico”, “El Japón Contemporáneo”, “España y el Pacífico”, etc..

 

Pero probablemente, una obra suya que hará época en los estudios asiáticos en España es su último libro, recientemente publicado, “Franco y el imperio japonés”.

 

No resisto la tentación de citar parte del prólogo cuyo autor es el gran historiador Stanley Payne : “ ( Este libro), en conjunto, es muestra del nuevo crecimiento y la madurez de la historia internacional y diplomática de España, cuya investigación y metodología ha llegado a ser global en cuanto a su ámbito y que ahora abarca también lenguas y culturas anteriormente fuera de su alcance. Igualmente, cumple con las normas más exigentes de la reciente historia internacional al situar a las relaciones exteriores dentro del contexto de la política interior”. Y el profesor Payne concluye : “ Es una prueba de la creciente madurez de la historiografía española al comenzar un siglo que tendrá un carácter verdaderamente más global que el que acaba de concluir.” 

 

El libro del Profesor Rodao  es un libro grueso –más de seiscientas páginas- que contradice el dicho de Gracian “lo breve y bueno dos veces bueno”. Es largo y es muy bueno, de lectura apasionante. 

 

Querría destacar, en primer lugar, que tanto sus notas como su índice de fuentes documentales y bibliografía , amén de su índice temático  –esto tan poco frecuente en la bibliografía española – revelan el cuidado y la calidad de la investigación multilingüe  llevada a cabo por el autor.

 

En relación con el contenido de sus siete capítulos y su conclusión querría destacar un tema tratado que me parece de especial importancia y que, sin embargo es frecuentemente ignorado por nuestra historia internacional y diplomática: el tema de la imagen. Como nace, como se desarrolla y como  influye en la percepción, y por tanto, en la definición de la política internacional y en la historia de España y en cualquier otro país. Este es un tema que el profesor Rodao estudia con oportuna y positiva profundidad 

 

Este  libro, como señala el profesor Payne en su prólogo nos permite también seguir el juego apasionante de la influencia mutua entre política exterior y política interior. La lectura del mismo resulta reconfortante en la medida que se puede comparar la situación que describe con la situación actual. Muestra el cambio  del que se ha beneficiado España durante la segunda mitad del siglo XX y que es muy importante.  Tal vez el acontecimiento más importante ha sido nuestra entrada en la U.E. que orienta nuestra política interior y la condiciona, y en parte también nuestra política internacional. El proceso de incorporación, que se inició en 1965 con la negociación del Tratado de 1970 (tuve el honor de participar desde el comienzo de las negociaciones a las órdenes de Alberto Ullastres y José Luis Cerón) , culminó en 1986 con nuestra entrada en la UE.

 

Volviendo al tema de la imagen, -como ya he dicho, una de las grandes aportaciones del libro de Florentino Rodao – España pese a algunos  importantes  esfuerzos del Gobierno, perdió una ocasión de oro de transformar su imagen en Japón entre 1986 –entrada en la UE- y 1992. –V Centenario, Olimpiadas de Barcelona y Exposición Universal de Sevilla-  La imagen cambió pero en mucho menor medida  de lo posible y deseable por falta de medios y de una estrategia coherente y global en nuestras relaciones con Asia, y concretamente con Japón. Hoy la sensibilidad de las autoridades españolas hacia Asia ha evolucionado en buena dirección como se apuntaba más arriba. Y nunca es tarde…

 

Para un diplomático o para cualquier persona interesada en temas de política internacional e historia  diplomática, la lectura del libro “Franco y el imperio japonés” es fundamental. Personalmente me siento solidario con los problemas de nuestro representante en Japón en esa época, el Sr. Méndez de Vigo que tan bien describe el Sr. Rodao en su libro. 

 

El libro  también  nos permite penetrar un poco en las complejidades de la política japonesa, su elaboración y su puesta en práctica. Aunque la realidad japonesa de hoy es muy diferente a la de los años 30 y 40 –especialmente por la desaparición del militarismo agresivo de entonces – hay continuidades que merecen atención. 

 

Recomiendo especialmente la lectura atenta del capítulo “Conclusión” y sus reflexiones sobre el tema de la imagen y su maleabilidad. Y término con una  cita del autor: “a diferencia de los esfuerzos nipones por impulsar el número de especialistas sobre España (y de los países europeos por conocer Japón) la sociedad española tiene aún un largo camino que recorrer y necesitar reforzar la base de sus contactos”.

 

Para que las relaciones  de España con Japón sean verdaderamente fructíferas necesitan basarse en un  mayor conocimiento mutuo. Y en este aspecto  España es aún muy deficitaria, pese a libros como “Franco y el imperio japonés”

 

04/03/2002 Cambio 16 Nº 1.576, p. 74 Ramón Vilaró

El libro del historiador Florentino Rodao (Madrid, 1960), experto en temas japoneses, tiene la virtud de ofrecer al lector un estudio inédito, fruto de un arduo trabajo de investigación y entrevistas, en un tema tan opaco, hasta ahora, como fue la colaboración, primero, y la animosidad, después, del régimen del general Franco con el imperialismo japonés. La mayoría de los libros sobre las relaciones del franquismo con las potencias del eje durante la segunda guerra mundial se orientan a Europa, olvidando cual fue la postura respecto al Japón militarista del emperador Hirohito. 

Rodao se centra en el escenario del Pacífico y de Asia oriental, sin olvidar la importancia que tuvo el factor de la ex colonia española en Filipinas. Destaca la admiración inicial del franquismo por Japón, con ofertas, incluso, de enviar una “División Azul” a luchar al lado de las tropas del Imperio del Sol Naciente. Cuenta la importancia de la red de espionaje pro japonés formada por diplomáticos y periodistas falangistas españoles, o el apoyo de los falangistas españoles que residían, o llegaron, a Manila en pro de la ocupación japonesa de las islas. El punto de ruptura solo llegó, sin embargo, con los horrores de la batalla de Manila, cuenta Rodao. Comenzó cuando las fuerzas japonesas en retirada asesinaron a miles de filipinos, incluidos los hospitalizados, y decenas de miembros de la comunidad española, dando un giro completo y acabando la admiración por Japón, sólo restablecido por la llegada de la paz. Mas de 500 páginas de texto y otro largo centenar de referencias bibliográficas y documentales, algunas inéditas hasta la actualidad, no deben asustar al lector de este magnífico trabajo, con prólogo del historiador Stanley Payne, que se lee tan ágil como una novela donde la realidad supera, a veces, la ficción.

Illes i Imperis, Estudios de historia de las sociedades en el mundo colonial y post-colonial, por Stanley G. Payne ( 2002, Num. 6, pp. 175-8,)

 

Florentino Rodao.  Franco y el imperio japonés: Imágenes y propaganda en tiempos de guerra.  Barcelona: Plaza & Janés Editores, 2002.  669 págs.




 Durante la Segunda Guerra Mundial España fue el más importante de los países europeos neutrales, como había sido durante la Primera Guerra Mundial, pero de un modo completamente diferente. Mientras durante 1914-18 el gobierno español había sido realmente neutral (a pesar de importantes lazos económicos con Francia e Inglaterra), con Alfonso XIII llevando a cabo una obra humanitaria significante, durante 1940-43 el gobierno de Franco fue meramente “no beligerante,” una situación que revelaba una clara orientación a favor de las potencias del Eje.  Esto inevitablemente ha estimulado una historiografía extensa, pero una historiografía muy fuertemente orientada hacia las relaciones con los países europeos.

 

Por eso la publicación de este estudio nuevo está especialmente bienvenida, porque amplia la perspectiva hacia el Lejano Oriente y analiza las relaciones con Japón en gran detalle. Trata muy exactamente del contenido y la influencia de las imágenes mutuas de dos países tan diferentes y tan lejanos, y del cambio de estas imágenes durante la guerra misma.  Eso ya sería una aportación importante, dada la laguna que existe en la historiografía española sobre Japón, pero el libro presenta además una historia muy completa y detalladísima de las relaciones entre Madrid y Tokyo durante esos años, que hace de ello uno de los estudios claves de la historia diplomática española en este siglo.

Es un estudio muy meticulosamente investigado, una labor llevada a cabo en los archivos principales de los dos países, y también en una serie de archivos norteamericanos y británicos.  Además demuestra un conocimiento profundo y completo de toda la literatura historiográfica de esa época.  La utilización de fuentes es tan rigurosa y exhaustiva que se puede decir sencillamente que no hay otro estudio de historia española para esta época de mayor envergadura de materias.

La riqueza del libro no está limitado a la historia diplomática y las esferas de las imágenes y la propaganda, sino que abarca también a las relaciones con China y especialmente con las Filipinas, puesto que éstas seguían teniendo una importancia especial para Madrid.  El lector igualmente aprenderá cosas nuevas sobre las relaciones con Alemania e Italia, y especialmente con los Estados Unidos.  Y– dado que la política exterior siempre se basa a lo menos en parte sobre la política doméstica– también enriquece nuestro entendimiento de la política interior española.

Junto con Portugal, España había tenido una más larga historia de relaciones con Japón que cualquier otro país del oeste de Europa, mientras el legado de sus más que tres siglos en las Filipinas mantenía un interés especial en ese país también.  Y España, por su presencia allí y en otras islas del Pacífico, había sido también la primera potencia occidental en sentir sus intereses amenazados por las primeras etapas del expansionismo japonés en la última parte del siglo XIX.

Japón tenía entonces una imagen de gran exotismo, con la boga estética de la japonaiserie, pero también una imagen nueva de un país asiático completamente diferente de otros países del Lejano Oriente.  

Esta imagen nueva de un país moderno y fuerte, industrializado y, por su modernización, casi “semi-europeo,” está muy certeramente analizado por Rodao en la primera parte de su estudio, junto con la imagen que España tenía en el Japón de la primera parte del siglo veinte.  Los contactos prácticos entre los dos países, en cambio, eran muy limitados, y el conocimiento japonés de España bastante restringida, así que Rodao nos explica que a su comienzo el régimen de Franco era una entidad más exótica para Japón que viceversa.  Inicialmente el gobierno de Franco tuvo que depender de sus aliados– principalmente de Italia, el único aliado dispuesto a tratarle de un modo generoso– para obtener el reconocimiento diplomático por Japón.  La política de apoyo a Salamanca así invirtió la relación antagonista entre Japón y España que había existido después de la ocupación de Manchuria, ante la cual la diplomacia republicana, dirigida por Madariaga en la Sociedad de Naciones en Ginebra, había reaccionado con gran hostilidad.

Así el nuevo Estado español estaba política y psicológicamente preparada para unas relaciones amistosas con un Japón que estaba acercándose cada vez más a sus asociados del Eje.  Esto produjo también una cierta disonancia cognitiva entre los nuevos líderes españoles.  Mientras seguían denunciando  la “barbarie asiática” del despotismo soviético, Japón era visto como una potencia moderna y dinámica que había superado a lo meramente asiático y que ayudaría en la construcción de un Orden Nuevo positivo que repartiría los dominios coloniales existentes.  Como observa Rodao, esto era también la auto-imagen que los japoneses tenían de sí mismos.  En Madrid se podía prescindir de conceptos viejos como “la unidad de la raza blanca,” porque se consideraba a los japoneses como una potencia benévola con los intereses de España.  Pero el régimen español, que en esa época se vanagloriaba de ser “totalitario,” era en realidad un sistema semipluralista y por aquellos años dividido entre falangistas y conservadores.  

Aquéllos eran mucho más pro-japoneses que éstos, los conservadores mostrando menos interés en cambios radicales, mientras querían defender el catolicismo y los existentes intereses económicos en Filipinas.  Más realistas, enfocaban mejor en los problemas que serían creados a largo plazo por un imperialismo antioccidental.  Típicamente Franco se dubitaba entre ambas tendencias.

Rodao señala tres características que han marcado las relaciones entre Madrid y Tokyo durante la guerra: a) una tendencia a la exageración y al tremendismo, muy típica de la época; b) los efectos de un desconocimiento mutuo, en que ambos deseaban cosas del otro país que no tenían raíces en la realidad; y c) una propensidad a los cambios bruscos en una realidad inestable, dentro de la cual el régimen de Franco casi iría de un extremo al otro.

Así la misión económica española mandada a Tokyo en 1940 tenía pocas posibilidades de éxito en las condiciones de la guerra, mientras la necesidad de que la diplomacia española se ajustara positivamente al nuevo imperio japonés y sus conquistas creó dilemas fundamentales.  Por ejemplo, complicó la política de Madrid hacia una China devastada y medio conquistada: el reconocimiento del gobierno títere de Wang Jing-wei en Nanking distorsionaría las relaciones entre España y China hasta después de la guerra.

Un obstáculo básico que dificultó las relaciones fue la ocupacion militar japonesa de una de las tierras de la “Hispanidad” tan invocada en aquella época: las Filipinas.  Por la Hispanidad se buscaba una mayor hispanización del archipiélago, mientras la ocupación japonesa– a pesar de la identidad extraoriental imputada a los japoneses– suponía una nueva “asiatización,” hostil al catolicismo.  El desenlace sería fatal para ambos intereses.

El auge de las buenas relaciones tuvo lugar en 1941 y la primera mitad de 1942, los años de máxima potencia japonesa.  La colaboración se centraba en cuatro actividades: 1) el intento de promover intereses japoneses en Hispanoamérica; 2) la representación por las autoridades españolas de los intereses japoneses en los Estados Unidos y en la mayor parte de Hispanoamérica después de Pearl Harbor; 3) la representación por España de los intereses católicos en Japón y en su imperio; y 4) una ayuda indirecta por españoles al esfuerzo de guerra japonés a través del espionaje en los Estados Unidos, Inglaterra e Hispanoamérica.  Ninguna de estas iniciativas tuvo mucho éxito, aunque por el momento pudiera haber algún logro en un sector u otro.

La idea de extender alguna influencia en Hispanoamérica fracasó completamente.  Tampoco consiguieron las autoridades españolas representar a los intereses japoneses muy eficazmente en el hemisferio occidental.  Había muchas quejas sobre una falta de vigor, pero sin embargo el gobierno japonés no quería quitar la representación de manos españolas, porque seguía siendo convencido de que la España de Franco sería a pesar de todo el más útil de los países neutrales.  Rodao revela que según todas las indicaciones los diplomáticos españolas no estaban dispuestos a deteriorar aún más sus relaciones con Estados Unidos por causa de los intereses japoneses.

En 1941 lo que el gobierno español deseaba de Japón por encima de todo era un ataque contra la Unión Soviética– el “imperio del mal” considerado en Madrid como el enemigo número uno, responsable por la guerra civil española.  El hecho de que Japón respetara su nuevo pacto de amistad y neutralidad con Moscú después de la invasión alemana era la primera gran irritación con respecto a Tokyo, y creaba dudas en la mente de Franco sobre las verdaderas intenciones japonesas. La ayuda española más directa al esfuerzo militar japonés fue el espionaje.  Esta colaboración tomaba varias formas, pero la más importante era la llamada “Red To,” la cadena de agentes e información creada principalmente por el turbio periodista falangista radical Angel Alcázar de Velasco, que funcionaba en una forma u otra desde 1941 a 1943.  El propio Alcázar ha dado su versión de esto y la red ha atraído alguna atención en varias publicaciones sobre el espionaje.  La importancia del estudio de Rodao sobre este aspecto es que consigue encuadrar y contextualizarlo bien dentro del cuadro general de las relaciones entre Madrid y Tokyo, y a la vez presentar la investigación más completa que tenemos.  No es posible medir exactamente el valor o la utilidad de esta información entregada por agentes españoles.  Está claro que una gran parte era más o menos segundaria, mientras otra parte era meramente inventado por Alcázar, pero lo que está igualmente claro es que los japoneses la consideraban importante.  Dada la baja calidad de sus servicios de su inteligencia militar, estaban siempre dispuestos a invertir más dinero en el espionaje español.  Tales actividades eran llevadas a cabo también por españoles de un modo algo ingenuo.  Una parte considerable de ella era descubierta por los norteamericanos, y así empeoraba aún más las relaciones entre Washington y Madrid.

Rodao demuestra de un modo totalmente convincente que el gran campeón de la línea projaponesa dentro del gobierno español era el entonces llamado “ministro del Eje”– Ramón Serrano Suñer.  Entre los personajes públicos españoles del siglo, el centenario Serrano ha batido todos los records en cuanto a su capacidad para reinventarse.  Las múltiples auto-reelaboraciones que el antiguo “cuñadísimo” ha presentado después de la muerte de Franco serían extraordinarias en cualquier país, y ciertamente en 

España ganan el premio.  A pesar de todos sus intentos para demostrar la innata tontería de su cuñado, el anterior jefe del Estado, ha sido siempre evidente que en su época el jefe del fascismo en España de verdad fue el propio Serrano, como fue Serrano aún más que Franco el propulsor de una diplomacia totalmente pro-Eje.  Además, Rodao presenta datos nuevos demostrando que, entre otras cosas, Serrano hizo algún intento (aún después de su caída del poder) de jugar la carta japonesa, aunque fuera desperadamente, para reeestablecer su poder dentro de España.

Franco parece haber sido menos filojaponesa que su cuñado, pero lo que se destaca dentro de este panorama es papel del sucesor de Serrano, el general Gómez de Jordana, realmente el único estadista positivo y creador de España durante la época de la Segunda Guerra Mundial.  Entendía aún más claramente que Franco que la política projaponesa no había servido para nada los intereses serios de España, y empezó a poner fin a la colaboración (aunque no del todo) en abril de 1943.  Esto formó un aspecto del movimiento de Jordana hacia una neutralidad de verdad, una política que tenía que seguir de un modo lento y calculado, nunca mostrando la mano innecesariamente y evitando en la política europea cambios bruscos.  Fue una medida también de la finura de Jordana como diplomático que después de su muerte repentina en un accidente de caza fue encomiado por representantes de ambos lados en la guerra.  En su trato del período de Jordana, vemos otra vez cómo este libro consigue también esclarecer la política interior en España.

Para el gobierno español, la situación en Filipinas llegó a ser más y más preocupante, con la revelación creciente de la dureza de la ocupación.  La actitud oficial madrileña asumía un cariz cada vez más crítico, pero sin embargo surgió de repente el más tarde famoso “incidente Laurel.”  Rodao nos da la investigación más completa del asunto, que lejos de representar el reconocimiento español del gobierno-títere instalado por los japoneses en Manila, fue esecialmente una crisis artificial fabricada por la presión norteamericana.

El drama final fue la gran matanza de Manila llevada a cabo por las tropas niponas al comienzo de 1945, una orgía de violencia de todos los tipos en que sucumbieron hasta 100.000 filipinos, incluyendo aproximadamente diez por ciento de la pequeña colonia española de unas 3.000 personas.  El sentido de agravio del gobierno español fue genuino y justificado, y la inversión de imágenes total.  En 1944 el propio Arriba había confesado su error en este punto.  La reacción en contra de Japón llegó a tal nivel que durante la última fase de la guerra Franco buscaba algún modo de participar en la guerra del Pacífico al lado de los Aliados, aunque no había ninguna posibilidad práctica.  En este empeño, sin embargo, predominaba sobre todo la ambición de Franco de ganar las credenciales para poder participar en la formación de las Naciones Unidas en San Francisco.

El último ministro de exteriores de Franco durante la guerra fue José Félix de Lequerica, que hasta el verano de 1944 había sido el embajador ante Vichy, donde sus buenísimas conexiones con la Gestapo habían llamado mucha atención.  Si antes Franco había exhibido en exteriores el “ministro del Eje,” ahora tenía en este cargo al diplomático que había sido llamado “el embajador de la Gestapo.”  Pero Lequerica era un cínico y oportunista total que inauguró una llamada “política americanista” para orientar el régimen.  En la política japonesa, el viraje había tenido lugar antes, y Lequerica ahora no tenía ninguna dificultad en invocar la “solidaridad de la raza blanca” en Asia.  En cuanto a Japón, la revolución fue total.

Todo esto y mucho más se encuentra en este libro nuevo, notable por su detalle, método y rigor. La investigación es original y completa, el enfoque amplio y comparado, la exposición clara y las interpretaciones equilibradas, objetivas y penetrantes.  Con ello la japonología en España ha alcanzado un nivel nuevo, ampliando notablemente el horizonte de la historiografía española y ayudándola a alcanzar mayor madurez.

Cuadernos de historia contemporánea, por Santiago Petschen Verdaguer (Nº 25, 2003, págs. 350-354)

RODAO, Florentino. Franco y el Imperio japonés. Ed. Plaza y Janés. Barcelona,2002.

 

Muy necesario era que se escribiera un libro así como resultado de un amplia investigación sobre aquellos años en que el Imperio del Japón se lanzó a una gran conquista en el Pacífico y en el Indico. España, bien relacionada entonces con el Eje, se dejó influir por la fascinación de la expansión japonesa. El panorama, sin embargo, cambió más adelante. Los políticos y la opinión pública española sintieron hacia el Japón, como primera reacción, la indiferencia,  y después, el rechazo y la hostilidad. 

Era una laguna que existía en la historiografía española que ahora ha quedado muy dignamente cubierta. Una laguna en todo el conjunto y en numerosos aspectos parciales. Historiadores incluso muy reconocidos, como Tusell, Preston, Marquina o Espadas Burgos han prestado poca atención al significado que tuvo para España el estallido del Pacífico. 

La obra que comentamos, referida a los años de la II Guerra Mundial ha sido escrita por un historiador muy adecuado. Porque Florentino Rodao es uno de los poquísimos que podía haberlo hecho. En primer lugar, por conocer bien la lengua japonesa y haber vivido en dicho país un puñado de años. En segundo lugar, por haberse especializado no sólo en su historia sino en la de los países de su entorno. 

El libro Franco y el Imperio japonés es el resultado de una investigación realizada en numerosos centros de documentación de España, Japón, USA, y también de Gran Bretaña, Francia y Alemania. Resultado también del seguimiento de diversas publicaciones periódicas y de la realización de entrevistas con un grupo de personajes claves -ahora ya en su ancianidad-, directamente implicados en las cuestiones de que trata. Es un libro cuidadosamente escrito que se lee con gran interés y pasión. Una obra muy bien construida. El análisis que Rodao realiza sobre los sucesos es constante. Lo ofrece al lector, en favor de la claridad, por medio de enumeraciones que se refieren a los elementos componentes, las características, las causas, las consecuencias. Ello aporta al escrito una notable claridad que el especialista pero sobre todo el lector medio, tiene que agradecer vivamente. 

 

Escribir un libro así ha debido tener muchas dificultades. Unas de ellas instrumentales. Otras, de fondo. La más importante, la carencia de relaciones fácticas de importancia entre los dos países. No hubo guerra entre ellos. No hubo tampoco alianza de importancia. El Pacto Antikomintern -firmado a la par que Hungría y Manchukúo-, se hizo en un momento poco tiempo anterior (“el beso de la muerte”), a su desvanecimiento. Los intercambios comerciales que se hicieron fueron muy escasos. A pesar de ello, las relaciones son muy dignas de estudio por el significado que tuvieron. Dentro de un marco internacional de amplitud casi mundial, cada uno de los dos países, España y Japón, representaron papeles semejantes. Semejanzas que ayudaron a que España concibiera aspiraciones y tuviera a Japón como modelo y como factor de apoyo en el nuevo orden mundial que se esperaba construir después de una guerra que tanto el Eje como Japón consideraban victoriosa para ellos. Dichas aspiraciones afectaron a las relaciones diplomáticas, a la política interna del país, a la opinión pública. 

Es en algunos capítulos en donde tal afirmación se constata más patentemente. Así, por ejemplo, en el primero, titulado “Lo distinto y lo distante”. Es un capítulo particularmente culturalista en donde se da a conocer la percepción  que España ha sólido tener del Japón y viceversa. Elementos como la religión, la idea imperial, la hispanidad, tuvieron mucha influencia en la visión española. Una imagen que destacaba como propia en el conjunto de la percepción que aquí se tenía del lejano oriente como la del peligro amarillo. Rodao hace una recopilación de datos de psicología colectiva y nos habla tanto de los soldados dispuestos a dar la vida como de la superación nacional pero también del exotismo y de la crueldad. De la misma forma dedica unas páginas extraordinariamente sugerentes a la imagen de España existente en Japón de la que destaca el rasgo de la religiosidad y el de la debilidad. 

No pueden dejar también de estar en dicha visión los contactos históricos, muchos de los cuales fueron tenidos debido a la presencia de España en las Filipinas. 

Es sobre este trasfondo sobre el que hay que entender la percepción concreta de los españoles de unos determinados años en los que se encuadra esta investigación. Un enfoque, pues, como se ve, enormemente amplio para el que Florentino Rodao utiliza elementos de diversas disciplinas. A saber : la Historia Internacional, las Relaciones Internacionales, la Ciencia Política, las Ciencias de la Comunicación. Variadísimo enfoque que hace que el libro de Rodao pueda ser considerado como un verdadero tratado de hispano-japonesidad. 

 

A dichas relaciones, en gran parte indirectas, hay que añadir otras directas, pero de contenido tangencial. Pretendieron éstas ayudar a la victoria japonesa y consistieron en el espionaje, en la representación de los intereses japoneses en los países enemigos (Estados Unidos, Canadá, Colombia, Cuba, Venezuela, Perú, Brasil …etc), en el comercio (planes quedados en proyecto -incluso el de la Misión Económica de 1940-) y en la atención a la colonia española de Filipinas (lo más importante de todo). 

La investigación sobre el espionaje resulta de gran interés debido a la implicación que tuvieron en ella españoles apoyados por el ministro Serrano Suñer  en la creación de la red To en los Estados Unidos y al contraespionaje norteamericano. El autor se preocupa por seguir la evolución de la red To en tiempos de Jordana y es muy ponderado al evaluar la labor de dicha red frente a las críticas realizadas por otros autores más influidos por la actitud norteamericana. A pesar de ello, la colaboración hispano-nipona en el espionaje nunca llegó a ser tan importante como se pretendió. 

Otra cuestión que se trata en la obra y que también tiene un carácter tangencial son las especulaciones y las consideraciones sobre la conveniencia para España de declarar la guerra al Japón -una vez que se veía que éste iba a ser derrotado y después de haberse producido las salvajes acciones de Manila que tanto afectaron a la población española allí residente. Dichas especulaciones no condujeron a ninguna toma de decisión positiva. 

 

Lo más valioso de Historia Internacional que existe en el libro es la exposición de cómo fue aquel gran marco mundial, del esfuerzo que hicieron los nazis en establecer otro, de la aspiración japonesa en el Pacífico en relación con el proyecto nazi y de la situación posterior a la guerra con un mundo dividido en dos partes : el de las democracias occidentales y el de la Unión Soviética y su área de influencia. El Pacto Antikomintern firmado entre alemanes y japoneses en 1936 tuvo el objetivo de potenciar la lucha de las grandes dictaduras de derechas para someter al mundo comunista. Pero muy pocos años después, en abril de 1937, los alemanes dieron a esta tendencia un cambio inesperado por medio de del pacto germano-soviético de no agresión para concentrar los ataques a las democracias occidentales. Otro viraje de signo opuesto se produjo repentinamente en julio de 1941 cuando Alemania atacó por sorpresa a la Unión Soviética. Ello tuvo una consecuencia muy negativa para Japón. Al poder desatender Stalin el flanco europeo se vio con las manos libres para intensificar sus ataques en el Pacífico. De esa forma “Moscú infligió la primera derrota importante al ejército japonés en casi cuatro décadas y las consecuencias fueron claves” viéndose obligado el Japón a firmar la paz pocas semanas después. Japón siguió entonces el camino alemán y centró su enfrentamiento en las potencias aliadas y en sus imperios. Impuesto sobre Gran Bretaña en el ámbito asiático en unas cuestiones de tipo diplomático, el principal enemigo que le quedó al Japón fueron los Estados Unidos persistiendo en su dirección de avanzar hacia el sur. En diciembre de 1941 se produjo el ataque a Pearl Harbor. De esa forma quedaron definitivamente trazadas las direcciones que levaron al resultado final de la guerra : la derrota del Eje y la derrota del Japón. 

Es una dimensión valiosa utilizada por Florentino Rodao la de situar a España en el marco de dicho escenario. En efecto : en un principio, Japón y España estuvieron situados en una dirección paralela. Contrarios a la Unión Soviética (Pacto Antikomintern), ambos apoyaban al Eje contra las democracias occidentales. Ninguno de los dos se decidió a entrar en la guerra. El ataque de Japón  a los Estados Unidos cambió el paralelismo.  Más adelante, la simpatía se convirtió en antipatía. La invasión nipona de las Filipinas con el daño que sufrieron la colonia española, las iglesias y los centros católicos hizo cambiar a esa parte importante de la opinión pública española que había puesto sus esperanzas en el triunfo del Japón y del Eje. 

La otra disciplina que cultiva el autor en su gran trabajo de investigación son las Relaciones Internacionales al prestar atención a la teoría y a la práctica de las percepciones y de las imágenes en la vida internacional. Con frecuencia dichas imágenes y percepciones se confunden con la realidad. aaaZPero en el caso del Japón, país tan lejano al nuestro, fueron un factor predominante, a veces incluso, único. Tanta importancia tienen en la relación hispano – nipona de la II Guerra Mundial las percepciones, que para poderlas enfocar bien Rodao se siente obligado, en primer lugar, a realizar en la Introducción un estudio sintético de la teoría elaborando una clasificación y haciendo un análisis de lo que son las percepciones y las imágenes. En segundo lugar a introducir un capítulo titulado “Lo Distinto y los distante” en el que se expone el proceso de elaboración de esas imágenes mutuas a lo largo de la historia. Los aspectos negativos de las mismas servirán -tras los años de la euforia-, a establecer una situación de distanciamiento y de aversión. 

 

De los tres ministros de Asuntos Exteriores que tuvo España en el período estudiado, el que mejor queda de todos ellos es Jordana. Opuesto a la tendencia falangista de Serrano Suñer, a veces impetuosa y con traspiés importantes como el de la creación del Bloque Ibérico(febrero, 1942) y la celebración de la III Reunión Interamericana de Consulta celebrada en Río de Janeiro entre el 15 y el 29 de enero del mismo año), se esforzó en pasar, con respecto al Japón, de la amistad a la neutralidad y de ahí, al positivo distanciamiento. Lo hizo de forma cautelosa y prudente utilizando la táctica de diferenciar las palabras de los hechos. Al proponerse ir rechazando las propuestas amistosas del Eje y sus amigos, iniciando el distanciamiento por el Japón. Una forma de proceder que estuvo caracterizada por la presencia constante de dudas personales. El estudio de Florentino Rodao va prestando atención a los distintos pasos que se dieron tanto en la prensa (de cara a hacer cambiar la opinión pública de la sociedad española), como la vida diplomática. A Tokio se le negó establecer un consulado en Tanger. Se evitó también elevar el rango de las legaciones. No en vano describe el autor al período de Jordana como el de “la doble vía” en la política exterior española aunque en el caso del Japón se sabía hacia dónde se iba. Lo que tuvo que hacer Lequerica después, fue más sencillo : continuar lo comenzado, resucitar los estereotipos tradicionales y crear un enemigo que facilitase, para subsistir, el acercamiento a los Estados Unidos y al mundo de Occidente, en general, que iba a quedar victorioso en la contienda. 

La cuestión de mayor interés en lo que la situación de Japón afectaba a la política interior española era la de la tensión entre las dos tendencias existentes en el seno del franquismo : la de los falangistas y la de los conservadores. Los falangistas habían puesto sus esperanzas en el triunfo del Eje y del Japón. Era una forma oportuna de poder alcanzar sus aspiraciones imperiales : Gibraltar, Norte de Africa, Golfo de Guinea. Los conservadores, entre los que estaba la Iglesia, tenían una concepción más realista y humanista. La evolución de la sociedad internacional no les fue favorable a los falangistas sino que potenció las tendencias de los conservadores. Ello explica la salida del gobierno de Serrano Suñer y su sustitución por Jordana. No se trató únicamente de un cambio de tendencias. También los falangistas se vieron obligados a modificar internamente sus actitudes cuando conocieron la destrucción y la masacre de los japoneses en Manila, ya al final de la guerra. 

Y detrás de todos ellos, Franco, que da nombre al título de la obra, cuyas percepciones se sintetizan en las conclusiones, uno de cuyos rasgos de prudencia fue el ir detrás de los acontecimientos en una situación bélica en la que nunca quiso jugarse el todo por el todo sino sacar de ella los recursos necesarios para subsistir. 

Santiago Petschen.

Universidad Complutense de Madrid.

 

Problemas Del Desarrollo. Revista Latinoamericana De Economía, por Alicia Girón (2009.34(132). DOI: http://dx.doi.org/10.22201/iiec.20078951e.2003.132.7466)

Ver el artículo

reseña de Alicia Girón sobre el libro Franco y el imperio japonés, Florentino Rodao

ALICIA GIRÓN/Universidad Nacional Autónoma de México

Franco y el Imperio Japonés: Imágenes y Propaganda en tiempos de guerra (Así fue la Historia Rescatada) by Florentino Rodao. Barcelona, España Plaza & Janés Editores, S.A., 2002, 669 pp. (hardcover ISBN 84-01-53054-7).

Es este un libro de lectura obligada para cualquier académico que desee estudiar las relaciones internacionales y la posición hegemónica de Japón en el mundo global del Siglo XXI . El autor da a conocer el sentir de estas dos naciones con valores culturales e intereses económicos, políticos y sociales diferentes. El acercamiento a través de la distancia se establece en las percepciones mutuas, tanto de España como de Japón, que a principios del Siglo XX tenían deseos e ilusiones no satisfechos. España había dejado de ser el país imperial del Siglo XIX, incluso dejando en el lejano oriente nexos con Filipinas, que sólo habían servido para comerciar a mitad del milenio a través de la Nao de China, pero que pertenecía al esplendor de Europa. Japón por su parte, era un país imperial que mantenía sometidas a China y Corea. El puerto más importante del Asia estaba en Yokohama; su ilusión incumplida era pertenecer al esplendor europeo. 

El hilo conductor de este trabajo se establece al inicio y cito: “Para ayudarnos a navegar en la evolución tan volátil de unas revelaciones determinadas por las percepciones mutuas, como es el caso de España y Japón entre los años 1939 y 1945, nos hemos ayudado de dos líneas teóricas complementarias, una basada en el concepto de superioridad entre occidentales y orientales, y otra dedicada a estudiar las distorsiones provocadas por las imágenes en las relaciones internacionales”. Tanto las obras de Edward Said (Orientalism)  y de Stephan Tanaka (Japan’s Orient), como las aportaciones de Robert Jervis, Richard C. Snyder, Donald A. Sylvan y James F. Voss hasta David Shambaugh, abren al autor del estudio que se comenta la posibilidad de entender las relaciones entre Tokio y Madrid. Al mismo tiempo, la riqueza del lenguaje y la enorme bibliografía utilizada permiten entender la posición de Japón en el concierto mundial, no sólo en sus relaciones internas, sino también con los países del Oriente y Occidente. El libro hace ver la visión que Japón tenía del exterior así como la impresión que en el extranjero se tenía del país nipón. 

¿Cómo se veía en Asia a la España monárquica que había perdido sus colonias iberoamericanas y también la expedición a la Cochinchina y el archipiélago de Filipinas? El autor señala, “… las consecuencias de esta amalgama de influencias asiáticas, contexto cambiante e historia propia fueron importantes para modelar dos ideas esenciales a la hora de comprender la relación de Japón con el exterior: su peculiaridad incompresible para el extraño y su panasianismo”.  Bien dice Florentino Rodao, “…la imagen de unicidad, de lo

incomparable de su propia cultura… y su especificidad frente a otros imperios, sino también su ámbito de actualización…” hasta alcanzar el objetivo antes del Segunda Guerra Mundial, ser reconocido como “…el vértice superior de todos los pueblos de Extremo Oriente.” (pp. 84-87).

Por su parte, la empobrecida España percibía a Japón, desde su punto de vista imperial y religioso, con franco orgullo de su hispanidad, que Japón era imperial gracias a la influencia del Archipiélago Magallánico (Filipinas); es decir, un desconocimiento de la cultura y valores de una nación lejana. Pero con una versatilidad en torno al “peligro amarillo”, lo made in Japan, era símbolo de competencia entre las colonias y de “barato y mala calidad”, sin embargo,  frágil pero también con fortaleza, se consolidó la imagen del japonés amante de su país, occidentalizado y que trataba de ayudar a Europa en su labor civilizadora en China. No obstante, cuando cesaron las victorias japonesas, el desprecio a la vida del enemigo ascendió a niveles nunca alcanzados en Europa, ideas que justificaron como única forma de acabar con la segunda conflagración mundial el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, pues se consideró que los japoneses, por haber sido tan crueles, merecían ese final. 

Las percepciones entre ambos países son muy importantes en el concierto mundial antes, durante y después de la posguerra, ya que hasta hoy en día subsisten algunas y todavía se perciben en algunos círculos de estudio tanto en el espacio ibérico y latinoamericano, como en China, Japón y Asia en general. Dos visiones contrapuestas de lo real e imaginario de la historia reciente de nuestro mundo occidental y oriental. 

El libro tiene siete capítulos,  cuyos nombres se mencionan a continuación: I. Lo Distinto y Lo Distante: II. Expectativa de un Orden Nuevo; III. Colaboración en Asia Oriental; IV. Victorias de Japón; V. La Amistad Embarazosa; VI. Las Imposibles Negociaciones; VII Japón y La Posguerra Española; por último, se presentan las Conclusiones.     

La extensa bibliografía analizada por el autor permite entender con toda claridad por una parte,  los intereses de España una vez terminada su guerra civil encabezada por Franco y por otra, los intereses de Japón en la guerra chino-japonesa de 1937. Tokio y Madrid estaban complacidos con el triunfo del Eje Roma-Berlín y sus aliados, al permitir al imperio japonés obtener triunfos en su zona y expulsar a los colonialistas anglosajones de sus territorios, situación que determinó la cancelación del tratado comercial entre Washington y Tokio desde 1911. Esta provocación culminaría con el ataque a Pearl Harbor. Sin embargo, el pacto de neutralidad germano-soviético fue una sorpresa desafortunada para Tokio, al concluir la lucha por Nomonhan y reconstruir sus relaciones con Moscú. España por su parte, comete el error de subordinarse al Eje en materia de política exterior y como consecuencia, se muestra afín a Japón. 

Japón buscaba a España en el marco de la confrontación para tener un acercamiento con los países americanos; a su vez a España le interesaba tener una presencia en China y Manchukuo, como una posición ilusoria al no tener misioneros. En el caso de Filipinas francamente fracasó, al no poder defender los intereses de la colonia española en el conflicto bélico de Japón y de la guerra del Pacífico.  Posteriormente, el triunfo de Japón en Pearl Harbor se hizo notar desde el estrecho de Bering hasta la India; para España fue motivo de confrontación interna entre los falangistas y conservadores, no sólo en la madre patria sino incluso en las propias Filipinas; así sobrevino el desencanto en las futuras relaciones entre españoles y japoneses y ocurrió el distanciamiento en 1942 por parte de Franco.  “Embarcados como estaban en la guerra, los nipones habían descartado las soluciones diplomáticas. Tenían un solo as en la baraja y cada vez les valía menos para hacer órdago”. España dio un giro en sus relaciones con Japón y Asia apegada a la propaganda de los aliados: la conquista de la raza blanca y la defensa de la cristiandad. 

Es importante hacer notar que Florentino Rodao explica el distanciamiento de España de Japón mediante la elección de un enemigo. “Japón fue el elegido. El deterioro de las relaciones con este imperio fue una necesidad para el régimen español, a falta de enemigos más apropiados, pero sobre todo porque era una política factible, ya que ni los lazos anteriores habían sido tan fuertes como con Italia o Alemania, ni la enemistad de Japón afectaría mucho a la política interna en España. La supervivencia del régimen primaba frente a cualquier otro objetivo, por medio de la amistad con los británicos y los estadounidenses, pero también con la hostilidad hacia los japoneses”. A pesar de la derrota de Japón y el intento de España de utilizar la confrontación con este país para validar el régimen franquista con aliados,  fue hasta 1953 que logra el reconocimiento internacional.

Tras una acuciosa lectura de este libro es tarea obligada hacer un reconocimiento a Florentino Rodao por tan magnífica obra histórica, con sustento epistemológico y enciclopédico en las innumerables fuentes bibliográficas consultadas. Para concluir, se recogen las palabras del autor sobre las relaciones de dos países diferentes con códigos opuestos. “Porque si las imágenes en los tiempos de guerra arrastraron a los hecho en sí y acabaron siendo más reales que la propia realidad, en tiempos de paz su maleabilidad les permite seguir siendo modificadas por cualquier interés y en cualquier momento. Todo depende del cristal con que se mira, tal como dice el famoso adagio que se estuvo barajando como título para este libro. Sólo un conocimiento mutuo más profundo puede mejorarlas en el plazo largo.”

Anales de Historia Contemporánea, por Pedro Mª Egea Bruno (23 (2007), pp. 685-686)
Perspectivas Históricas, por Mª Fernanda Gª de los Arcos (Año 5, núms. 9-10. jul-dio 2001 ene-jun 2002)
El Mundo, por Agustín Rivera (5 Jul 2002)

 

De cómo Franco convirtió a Japón en su enemigo

 

AGUSTÍN RIVERA

El general Franco y el emperador Hirohito nunca se conocieron. Jamás hablaron. Tan sólo se comunicaron por telegramas y siempre por vía oficial. Sin embargo, a pesar de la raquítica relación entre los dos Jefes de Estado, Japón y España sí que establecieron un estrecho contacto, plagado de constantes vaivenes durante la II Guerra Mundial.

 

Este es el punto de partida de Franco y el Imperio Japonés, la nueva obra de Florentino Rodao (Madrid, 1960), doctor en Historia Contemporánea, ex profesor de Relaciones Internacionales de la Complutense y considerado en el mundo hispanoasiático uno de los más brillantes especialistas en Japón.

 

Rodao disecciona con exhaustiva precisión cómo España pasó de lanzar salvas de bienvenida al Imperio japonés que atacaba la base de Pearl Harbor en diciembre de 1941 a convertirse, cuatro años después, en acérrimo enemigo de las tropas de Hirohito.

 

Una de las tesis del libro (que cuenta con un prólogo escrito por el hispanista norteamericano Stanley G. Payne) niega la supuesta neutralidad española en la II Guerra Mundial. El autor desvela que Franco quiso entrar en conflicto en 1945 declarándole la guerra a Japón, algo que si al final no se consumó fue porque no interesó ni a estadounidenses ni a británicos.

 

El historiador no ha radiografiado al dictador español y escribe, tan sólo de pasada, de Hirohito. Le interesaba la figura de Franco como representante del español medio, influido por unas imágenes vulgares que resultaron decisivas en la toma de decisiones.

 

Sostiene Rodao que los intereses políticos entre los dos países están dominados por las percepciones e imágenes. Y de estas imágenes y percepciones, el volumen ofrece cuantiosos ejemplos de publicaciones japonesas que escriben de Franco y de la España de los 40, como la crónica publicada en el diario japonés Asahi del 4 de noviembre de 1940 que hablaba de «aclamaciones populares al generalísimo Franco».

 

En las relaciones hispanojaponesas profundiza en la figura del por aquel entonces ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer, a juicio de Rodao el político «más japonesista» del Gobierno de la época, quien intentó un acercamiento entre ambos países, truncado finalmente por los intereses de las fuerzas aliadas.

Y, como destaca el historiador, la «superficialidad» y el «desconocimiento profundo» fueron las principales causas que provocaron un alejamiento entre España y Japón. Se agradece una obra de este estilo que desmonta un buen puñado de tópicos, descubre nuevos enfoques de la política exterior de Franco y emplea un lenguaje accesible para cualquier lector.

La Aventura de la Historia, por Carlo A. Caranci (p. 114)

Clio, por Carlos A. Caranci

ABC Cultural, por Fernando Delage (23/III/2002, p. 21)

De aliados a enemigos

Fernando Delage

 

En la cada vez más extensa literatura sobre España y la Segunda Guerra Mundial, rara vez se ha tratado el escenario asiático. La distancia geográfica ­y cultural­, la escasa presencia de españoles y el carácter irrelevante de los intercambios económicos explican que Asia fuera la última de las prioridades de la política exterior franquista. Sin embargo, al hilo de la guerra del Pacífico, España y Japón establecieron una curiosa relación en la que pasaron, en un lustro, de aliados a enemigos. Se trata de una historia prácticamente desconocida, desvelada tras años de investigación en este estupendo libro.

 

Rodao intenta buscar las razones de ese misterioso giro; explicar por qué, después de ver en Japón un modelo y un posible aliado, España rompió relaciones diplomáticas con Tokio. Sin duda, como escribe el autor, es difícil encontrar precedentes de una relación que pasó de la amistad anticomunista, la cooperación política en China o la ayuda al espionaje, a casi la declaración de guerra y los calificativos más crueles contra los japoneses.

 

En la búsqueda de respuestas, Rodao se sumerge en una detallada y fascinante exploración de la política exterior española de estos años. Los enfrentamientos entre falangistas y conservadores, el virtual abandono de los diplomáticos destinados en Asia o el perfil de cada ministro de turno son algunas de las variables que permiten entender las decisiones del gobierno.

 

Relaciones de poder

Así, si Serrano Suñer fue el más entusiasta defensor del acercamiento a Tokio desde finales de 1940, Jordana quiso paralizar esa fugaz alianza mientras que Lequerica fue el responsable de la ruptura en marzo de 1945. Pero si esos factores personales y el juego de relaciones de poder ­tanto en España como en Japón­ son brillantemente analizados en este trabajo, su principal aportación estriba en recurrir a las imágenes y percepciones mutuas como método para contextualizar esa singular relación bilateral.

 

Este enfoque no sólo da al libro su sólida estructura, sino que lleva al autor a un camino multidisciplinar, que también atraerá a aquellos lectores menos interesados por la política. El prólogo de Millán Astray a una edición de Bushido ­el ideal de los samuráis­, los artículos de Giménez Caballero sobre la similitud del alma española y la japonesa o las opiniones de Franco sobre los pueblos orientales son sólo algunas de las curiosidades de esta obra, en la que tampoco faltan espías-novilleros y otros personajes de corte novelesco

Estrella Digital

Las dudas de Franco ante la posible participación en la guerra con los Aliados y, particularmente, su relación con el imperio nipón centran el libro de Florentino Rodao, que acaba de aparecer con el título de Franco y el imperio japonés. El libro, editado por Plaza & Janés en su colección Así Fue. La historia rescatada con el subtítulo Imágenes y propaganda en tiempos de guerra, aborda las relaciones de España con Japón, Filipinas y otros países durante la Segunda Guerra Mundial”.

 

Franco y el imperio japonés pone asimismo de manifiesto la creación de una red de espionaje, llamada To, cuyo objetivo fue conseguir información para Japón en el territorio de Estados Unidos y que fue conocido cuando se hizo público el contenido de los telegramas interceptado por el espionaje estadounidense. 

 

Dentro de la expectativa del Nuevo Orden mundial que se vivía tras la Guerra Civil española, el gobierno español confió en un aumento de la hispanización de Filipinas, de forma que el eje consideró en un momento determinado entrar en la zona a través de España. En este sentido se planeó la posibilidad de que España enviara a la zona una División Azul compuesta de varios buques, es decir, quiso entrar en guerra no sólo en 1940 sino también en 1945, pero esta vez unida al campo aliado. 

 

La actuación de americanos y japoneses en lo que se conoce como la batalla de Manila, en el transcurso de la cual se bombardeó y posteriormente destruyó los restos de la zona española de la ciudad, de modo que hoy no queda más que la iglesia de los capuchinos, señaló el historiador. 

 

Otro de los aspectos estudiados por Rodao, profesor durante varios años en Manila y Tokio, es la actuación española en ayuda de los japoneses recluidos en Campos de Realojamiento del interior de Estados Unidos pero, según precisó, no se pudo realizar prácticamente nada. En este contexto Rodao destacó la importancia que de 1605 a 1810 tuvo el famoso “Galeón de Manila“, a través del cual se llevaban pasajeros por una ruta especial descubierta años antes, pero también se intercambiaba seda por plata, con los ducados españoles como moneda de intercambio. 

“Japonizar España”

La imagen de oriente en España ha sufrido múltiples variaciones, señaló, y hubo momentos en que personalidades políticas quisieron “japonizar España”, como Julián Besteiro, quien consideraba que había que copiar la capacidad de aprender y triunfar que había demostrado este pueblo. Otro personaje conocido, el fundador de la Legión Millán Astray, sentía también admiración por “El Bushido“, ideología recogida en un libro que defendía la necesidad de obedecer lealmente al Estado. 

El libro recuerda asimismo que de todos era sabido en aquel momento que Japón atacaría a Estados Unidos, es decir, que Estados Unidos sabía de antemano lo que ocurriría en Pearl Harbour.

Diario de Teruel, por J. Barrado (12/03/2002)
Los Libros (RNE), por Pablo Ignacio de Dalmases

Radio Nacional de España

Los Libros

Pablo-Ignacio de Dalmases

(Premio Atlántida del Gremio de Editores)

 

Franco y el imperio JAPONÉS

Florentino Rodao

(Plaza y Janés)

 

¿Fue la segunda guerra mundial una contienda única, articulada en varios escenarios, o un conjunto de enfrentamientos con enemigos no siempre coincidentes? El interrogante no es gratuito y aflora sin duda tras la lectura del libro Franco y el imperio Japones  de Florentino Rodao, que publica Plaza y Janés y es mucho más de lo que su título invita a pensar. De hecho, Rodao propone un planteamiento global de las relaciones entre España y el Extremo Oriente, que se han caracterizado por dos elementos determinantes: el desconocimiento mutuo y la interferencia de Filipinas como polo de atracción esencial de nuestra visión de dicho área. Estos presupuestos determinaron también las relaciones entre España y Japón durante la segunda guerra mundial, relaciones que fueron sustancialmente diferentes de las mantenidas con Italia y Alemania.

 

                   En efecto, según Rodao “las relaciones de Madrid con Tokio tuvieron una importancia secundaria no sólo por la falta de interés político en ellas, sino porque los contactos con Filipinas englobaban a toda la región y la subordinaron a la antigua colonia”. Estallado el conflicto y a pesar del japonesismo de algunos prominentes personajes del régimen español, en particular de Serrano Suñer, al que llama “adalid de los japoneses” –y a quien resitúa en su exacto papel, desdibujado por el interesado con posterioridad en libros y declaraciones- la amistad hispano-japonesa no pasó de anécdotas, como la visita de una inútil misión económica al imperio del sol naciente y alguno de sus satélites –Manchukuo y la China projaponesa-, que no pudieron cambiar una realidad: la imposibilidad del entendimiento a largo plazo entre ambos países por dos razones: Japón nunca declaró la guerra a Rusia y respetó el pacto de no agresión firmado entre ambos países poco antes de Pearl Harbor y en su colonización del sudeste asiático actuó con la intención clara de desterrar toda la influencia colonial occidental, lo que, en Filipinas, incluyó el intento de extirpación de la cultura y de la herencia española.

 

                   A la vista de lo expuesto por Rodao, fue muy superior la colaboración de Madrid con Tokio que la habida en sentido inverso. En efecto, el gobierno español accedió a representar los intereses nipones en los países en guerra, dio cobertura a algunas de sus redes de espionaje –caso de las montadas por Alcázar de Velasco- y la prensa nacional tuvo, al menos en los inicios de la guerra, una cierta actitud favorable al Japón, no tanto por admiración explícita a dicho país, como por lo que representaba en detrimento de la influencia norteamericana en Extremo Oriente.

 

Pero si el entusiasmo de Franco por Japón fue siempre muy escaso, a partir de 1943 se produjo una verdadera inflexión en la política española que llevó al Caudillo a formular su teoría de las tres guerras: la del Eje contra la URSS, en la que España era beligerante contra Rusia, la del Eje contra los aliados en Europa, en la que era estrictamente neutral y la de los aliados contra Japón en el Pacífico, en la que era beligerante contra este último país. La articulación de cambio tan copernicano fue propiciada por la destitución de Serrano Suñer como Ministro de Asuntos Exteriores y su sustitución el el Conde de Jordana, primero y por Lequerica, después. “El fin de la amistad con el Japón, concluye Rodao, dio paso a una etapa de enemistad”.

 

                   Quizás pocos sepan que Madrid no sólo rompió sus relaciones con Tokio el 11 de abril de 1945 como consecuencia de la terrible masacre perpetrada por tropas japonesas en el consulado español en Manila, sino que tomó en consideración la posibilidad de enviar una nueva división de voluntarios, en este caso contra Japón, y aún de declararle la guerra, lo que no se llevó a cabo “por una serie de factores entre los que estaban la oportunidad política, los consejos amigos, el desdén aliado y el juego interno de fuerzas dentro del régimen”.

 

                   ¿Cuáles fueron las consecuencias de esta política que, si bien nunca fue verdaderamente entusiasta para con el Japón, no supo variar suficientemente a tiempo como para producir beneficios directos al régimen de Franco en la posguerra? Pues la mas importante fue de signo muy negativo porque a partir de 1945 “los valores de los filipinos cambiaron. Si antes de la guerra había habido un equilibrio entre la identidad colonial, la hispana y las locales, éstas se reestructuraron totalmente a partir de la derrota de los japoneses en beneficio de los americanos”. Eso sí, paradojas de la historia, las reticencias de las habidas con el Kuomintang acabaron años después en una firme alianza con Chai KaiChek cuando éste se convirtió en el líder anticomunista arrinconado en Taipiei…

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Social Science Japan Journal, por Alicia Girón (Volume 8, Issue 1, April 2005, Pages 169–172, https://doi.org/10.1093/ssjj/jyi015)

Social Science Japan Journal, Volume 8, Issue 1, April 2005, Pages 169–172, https://doi.org/10.1093/ssjj/jyi015

Franco y el Imperio Japonés: Imágenes y Propaganda en tiempos de guerra: Así fue la Historia Rescatada (Franco and the Japanese Empire: Images and Propaganda in Times of War), by Florentino Rodao. Barcelona, Spain: Plaza & Janés Editores, S.A., 2002, 669 pp., €18 (ISBN 84-01-53054-7)



This is a book of crucial reading for the academic researcher that is studying international relations and Japan’s hegemonic relationship over the global world in the XXI Century. The author depicts these two nations with different cultural values as well as with different economic, political and social interests. Spain and Japan’s closeness in distance is established in mutual perceptions that at the beginning of the XX Century possessed unsatisfied wishes and illusions. Spain had ceased being an imperial country in the XIX Century, leaving in the Far East links with the Philippines that had only worked to trade in the middle of the millennium through the Chinese Ship, but that belonged to the European splendor. Japan, on the other hand, was an imperial country that subdued China and Korea. The most important port in Asia was in Yokohama; its unfulfilled illusion was to belong to the European splendor.

The leading thread in this work is established at the beginning and I quote: “In order to navigate in the so volatile evolution of revelations determined by mutual perceptions, as it is the case of Spain and Japan between the years 1939 and 1945, we have taken two complementary theoretical lines, one based on the superiority concept between the Westerners and the Orientals, and the other dedicated to studying distortions provoked by international relations images”. Edward Said’s works (Orientalism) and Stephan Tanaka’s (Japan’s Orient), as well as contributions by Robert Jervis, Richard C. Snyder, Donald A. Sylvan and James F. Voss, as well as David Shambaugh, opens the possibility to the author to understand relationships between Tokyo and Madrid. At the same time, language richness and the huge bibliography allow to understand Japan’s position worldwide, not only in internal relationships, but also in the East and Western countries. The book shows the vision that Japan had of the exterior as well as the impression that the outer world had of this country.

How did Asia look at monarchical Spain that had lost the Iberian-American colonies and the expedition to the Cochinchina and to Philippines? The author points out, “…the consequences of this amalgam of Asian influences, as well as the changing context and history of its own were important to shape out two essential ideas when understanding the relationship between Japan with the external world: its incomprehensible peculiarity for the foreigner and the pan-Asians”. As it is well said by Florentino Rodao, “the image of uniqueness, of the incomparable of its own culture…and its specificity in the face of other empires, but also within its sphere of actualization…” up to achieving the objective before the Second World War, of being recognized “…as the superior vertex of all the peoples of the Far East.” (Pp. 84-87).

On the other hand, impoverished Spain perceived Japan, from the imperial and religious point of view, with honest pride of its Spanishness, that Japan was imperial thanks to the influence of the Magellan Archipelago (Philippines); that is to say, not knowing the culture and the values of a far nation. But with versatility around the “yellow danger”, made in Japan was the expression of competence among the colonies, something that was cheap and bad. Nonetheless fragile and at the same time strong, Japan consolidated its image as caring for its country, as an occidental trying to help Europe in its civilizing task in China. Nevertheless, when the Japanese victories ceased, not valuing the enemy’s life increased to levels not achieved in Europe. This justified, during the Second World War, the atomic bombing in Hiroshima and Nagasaki, because the Japanese, due to their cruelty, had deserved it.

During the first and the second world wars, perceptions between both countries were very important worldwide. At present in some study circles in the Iberian and the Latin American spheres, as well as in China, Japan and Asia in general these perceptions remain. Two Western and Eastern world opposite visions of the real and the imaginary in recent history.

The book has seven chapters named as follows: I. The Different and the Distant; II. Expectations for a New Order; III. Collaboration in Eastern Asia; IV. Japan’s Victories; V. Embarrassing Friendship; VI. Impossible Negotiations; VII. Japan and the Spanish Post- War; and the Conclusions.

The large bibliography analyzed by the author allows to clearly understand on one hand, Spain’s interests once the civil war headed by Franco was over, and on the other hand, Japan’s interests in the Chinese- Japanese War in 1937. Tokyo and Madrid were pleased with the Rome-Berlin axis’ triumph and their allies, when it allowed the Japanese Empire to triumph over the area to expulse the Anglo-Saxon colonialists from their territories, canceling the trade agreement between Washington and Tokyo that had lasted since 1911. This provocation ended with the Pearl Harbor attack. Nevertheless, the German- Soviet neutrality pact was an unfortunate surprise for Tokyo, when the Nomonhan struggle ended and relationships with Moscow were reconstructed. Spain, on the other hand, commits the mistake of subordinating to the Axis in foreign policy, and as a consequence, it shows itself as related to Japan. 

Japan was looking to Spain within the framework of the confrontation to come closer to the American countries; at the same time Spain was interested on having a presence in China and Manchukuo, as an illusory position for it did not have missionaries. In the case of Philippines, it frankly failed, because it could not defend the Spanish colonies’ interests against Japan and the Pacific War. Then, Japan’s triumph in Pearl Harbor was noticeable from the Strait of Bering to India; for Spain it meant internal confrontation between the Falange and the conservatives, not only in the motherland but also even in the same Philippines; so discouragement was present in the future relationships between the Spanish and the Japanese and Franco retired in 1942. “Committed as they were in war, the Japanese had discarded diplomatic solutions. They had a single as of the cards and they were unable to become into a prize”. Spain changed relationships with Japan, and Asia stuck to the allies’ propaganda, the conquer of the white race and the defense of Christianity. 

It is worth mentioning that Florentino Rodao explains the distance between Spain and Japan achieved through the election of an enemy. “Japan was the chosen. In the lack of a more appropriate enemy, detriment with the empire represented a necessity for the Spanish regime, but mainly because it represented a more feasible policy, not only because the previous links had even been so strong as with Italy or Germany, but because Japan’s enmity would strongly affect Spain’s domestic policy. Survival of the regime was first in the face of any other objective through the friendship with the British and the North American, but also through hostility towards the Japanese”. Despite Japan’s defeat and Spain’s intention to use confrontation against this country in order to validate Franco’s regime with the allies, it was until 1953 that it achieved international recognition.

After a tough reading of the book, it is compulsory to recognize Florentino Rodao for his magnificent historical work, sustained epistemologically and encyclopedically on large bibliographical sources. To end up, these are some of the words from the author about the relationships between two different countries possessing opposite codices. “If during war times these images conducted to these facts and ended being more real than the same reality, in peace times their malleability allows them to keep on being modified by any interest and at any time. It all depends on the glass they are looked through as it was mentioned when looking for a title for the book. Only a mutual, more profound knowledge might improve them in the long term”.

Bijdragen tot de Taal-, Land- en Volkenkunde, by Bernardita Reyes Churchill (Vol. 160, No. 2/3 (2004), pp. 369-371 https://www.jstor.org/stable/27868136)

Florentino Rodao, Franco y el imperio japonés; Imdgenes y propaganda en tiempos de guerra. Barcelona: Plaza and Janés, 2002, 669 pp. ISBN 84.01.53054.7. Price: EUR 17.31 (hardback). BERNARDITA REYES CHURCHILL

 

This book tells of the relations between Spain and Japan, both Axis powers, from 1939-1945, a period covering the Second World War in Europe and in the Pacific. Mutual interests (in a ‘New Order’ in their respective spheres, North Africa and East Asia) that developed between Spain and Japan during the decade before 1939 resulted in their working closely together both in the international and the domestic spheres during the war. World War II was an important but difficult period in the history of Spain. The war broke out five months after the Spanish Civil War ended (in April 1939). Officially Spain remained neutral in the war, but Franco drew closer to Germany after the fall of France in 1940 when it seemed that Germany would win the war. Late in 1942, however, the tide of war began to turn against Germany and Franco became friendlier towards Britain, the United States, and other Allied countries, while relations with Japan started to deteriorate. The historiography of Spanish politics and international relations during the war years has focused primarily on relations with the Axis powers in western

 

370 Book reviews Europe. There has been scant attention to the other important arena of the war in the Pacific and East Asia, where the role of Japan was foremost, and where relations with the United States and the Philippines figure prominently. Florentino Rodao’s book fills this important gap in the historiography of Spain in World War II. In writing this book the author has drawn on his extensive knowledge of Japanese studies and facility with the Japanese language, which has enabled him to situate Franco’s Spain in the context of developments in Japan. This is a study for which extensive and impressive research has been undertaken, using archival, printed, and unpublished materials not only from Spain and other European countries but also from Japan, the United States, and the Philippines. The book is significant in its portrayal of a four-point relationship – Spain and Japan, and the United States and the Philippines. Extensive details are presented regarding the various positions and motivations of Spain in its relations with Japan, and its espionage activities in the United States. Attention is given to the implications of the American occupation of the Philippines, a former Spanish colony where a fairly substantial Spanish community still lived. Starting in 1939, Spain helped Japan in its war effort in the Pacific and against the United States. It assisted Japan in crucial espionage activities with a valuable network in the United States, as well as with information from the Spanish Ministry of Intelligence relating to the impending war in the Pacific. It provided representation for Japanese citizens in the Americas (in War Relocation Centers in the United States, and in Brazil and Peru where there were large Japanese communities). Spain also attempted, albeit with very little success, to make provisions for the exchange of raw materials needed by the Japanese war machine. It even undertook to encourage occupied territories accept Japanese rule, although in the Philippines its lack of success in this endeavour was reflected in the very strong and widespread anti-Japanese guerrilla movement which operated in the islands. Spain and Japan initially thought that mutual collaboration would be possible above all in the Philippines where they shared a common enemy, the United States. But it did not take long for Madrid to realize that this was not possible: support for the Japanese occupation of the Philippines did not become a reality, and eventually it also became apparent that such support would not benefit Spain either. As a consequence there was increasing tension between Madrid and Tokyo. In the end Madrid turned against Japan, reacting very strongly to the massacre of Spanish and Filipinos in  Manila in February 1945 and at the same time anticipating the radically changed circumstances which an Allied victory would bring. In Rodao’s opinion friendly relations between Spain and Japan did not survive the war because a stable base of meaningful commercial, economie, or political relations was lacking. Racial antipathy and socio-cultural differences, as well as geographi

 

Book reviews 371 cal separation, were also contributory factors. The book is a valuable contribution to the historiography of World War II. Rodao describes in detail the role of espionage and propaganda during the war using a wide collection of Spanish, American, and Japanese sources including interviews with several key actors of the time. He also presents new interpretations of certain issues – for instance, the Franco government’s recognition of the Japanese-sponsored Philippine Republic under José P. Laurel and the intended revival of Spanish influence or dominion in the Philippines. The section in the book that touches on the Spanish community in the Philippines during the war points to a need for in-depth study of this important group in Philippine society. Philippine historiography has been remiss in looking at the Spanish interface of Filipino society and the decline of the Spanish legacy after the Philippines was lost to the United States in 1898 and Philippine independence was recognized in 1946. This book tells part of that story, and points at the same time to areas in which research still needs to be undertaken. It is one of the few books which looks at the Pacific War from the Spanish perspective. 

 

 

Stuart Robson (ed.), The Kraton; Selected essays on Javanese courts. Translated by Rosemary Robson-McKillop. Leiden: KITLV Press, 2003, xxvi + 397 pp. [Translation Series 28.] ISBN 90.6718.131.5. Price: EUR 33.00 (hardback). MATTHEW COHEN A flowering of Oriëntalist scholarship took place in the royal

 

International History Review, by Raanan Rein (Vol. 26, No. 1, Mar., 2004 https://www.jstor.org/stable/40110492 pp. 191-193)
NOAG. by Satomi Chiku (Universität Hamburg, n. 173-174 (2003), pp. 334-335)
Bulletin of Portuguese/Japanese Studies, by Paulo Aires Oliveira (Volumes 10/11, June/December 2005, pp. 243-262.)
Nuova Storia Contemporanea, per Valdo Ferretti (Anno X, numero 4, Lugio-Agosto 2006, pp. 165-167)
Nipoweb, por Jordi Juste

Excelente fruto de muchos años de estudio, esta nueva entrega de la colección Así Fue nos aporta una detallada visión de las relaciones entre España y Japón en unos años de capital importancia. El autor, Florentino Rodao, es uno de los pilares de la Asociación de Estudios Asia Pacífico, un grupo de intelectuales que, si en lugar de estar en España, estuviera más allá de los Pirineos recibiría toda clase de ayudas institucionales, ya que es un lujo poder contar con verdaderos expertos en un área del mundo cuyo interés estratégico crece día a día.

Cuestión de perspectiva

En Franco y el Imperio Japonés, Rodao nos ofrece una interpretación de las relaciones internacionales basada en la percepción de los distintos actores, incluidas las instancias de decisión política (gobiernos, ejércitos, partidos políticos) y las opiniones públicas de los países involucrados. Es ésta una visión de la historia que tanto nos sirve para entender el porqué de las decisiones políticas que se tomaron en cada momento como para comprender la pervivencia de determinados tópicos que siguen viciando las imágenes respectivas de los japoneses y los españoles. Además, es una perspectiva útil para analizar otros conflictos como el supuesto choque entre las civilizaciones islámica y occidental.

En el caso concreto de España y Japón en los años 30 y 40 del siglo pasado, Rodao nos muestra cómo se aprovechan los clichés tradicionales adaptados a las necesidades políticas del momento. Y es que en estas visiones había suficientes elementos positivos y negativos como para que la maquinaria propagandística pudiera ir poniendo el acento en unos u otros, según interesara destacar la maldad o la bondad del otro y así poder, por ejemplo, pasar sin traumas desde la colaboración (que llevó a España a asumir la representación diplomática nipona en los países aliados e incluso a dar cobertura a una trama de espionaje al servicio de Tokio) a la enemistad que siguió a la derrota del ejército imperial en las Filipinas, cuando se constató que la definitiva capitulación nipona era sólo cuestión de tiempo.

Una punto de referencia

Respecto a la imagen de Japón al inicio del período estudiado, Rodao afirma: “Tuvo unas características principales eminentemente positivas, como la superación, el samurai y el refinamiento artístico, pero junto a ellas no faltaron las lecturas alternativas con un carácter menos amable: su expansionismo, la falta de creatividad, la crueldad, la fugacidad y la truculencia” (p.62). Mientras, en el caso contrario, el de la imagen de España en Japón, nos explica que “se nutría no sólo de una cantidad mayor de información, sino también de unas asociaciones mucho más amplias.” (p.89) y que “tenía dos características principales: la religiosidad y la debilidad”.

En definitiva, éste es un libro que, por la importancia del período que analiza y por la multitud de lecturas que de él pueden hacerse, está destinado a convertirse en un punto de referencia en los futuros estudios sobre las relaciones bilaterales hispano-niponas, un campo en el que todavía queda mucho por hacer.

Enlaces

Página web de Franco y el imperio japonés

Página web de Florentino Rodao

Procedencia=doc11132 http://nihongo.dreamers.com/japon/iroiro/articulo02.htm

El Blog de Miguel Fernández

Franco y el imperio japonés. (Florentino Rodao, 2.001). Un documentadisímo libro sobre las relaciones entre la España de Franco y el Japón militarista durante los años de la II.G.M.

 

https://elblogdemiguelfernandez.wordpress.com/2019/12/01/franco-y-el-imperio-japones-florentino-rodao-2-001-un-documentadisimo-libro-sobre-las-relaciones-entre-la-espana-de-franco-y-el-japon-militarista-durante-los-anos-de-la-ii-g-m/ 

01 / DIC

He estado leyendo recientemente un ensayo que me ha parecido tremendamente bien documentado, y también muy interesante por lo original de su temática. Me refiero a Franco y el imperio japonés. Imágenes  y propaganda en tiempos de guerra. (Florentino Rodao,2.001) (Plaza & Janés). El libro aborda las relaciones diplomáticas entre el régimen franquista y el Japón militarista del emperador Hirohito y el almirante Hideki Tojo durante los años de la II.Guerra Mundial (1.939-1.945). Es muy interesante, primero porque nunca antes que yo sepa, se habían abordado las relaciones entre estos dos regímenes, que presentaban tanto similitudes como diferencias. Segundo, porque se nos muestran las representaciones mentales y culturales que teníamos los españoles en aquella época acerca de los japoneses. Japón siempre fue algo exótico y extraño para nosotros, y lo mismo se idealizaba la figura del guerrero samurai y se envidiaban los avances técnicos, el progreso económico y las exitosas campañas militares de Japón durante la primera mitad de la II.G.M., que se recurría a la imagen del japonés como un asiático más, es decir como un salvaje y un bárbaro más, teniendo en cuenta que en aquella época, el concepto Asia se identificaba exclusivamente con atraso y Tercer Mundo. Hoy es distinto, porque existen varios países asiáticos que han conocido una gran prosperidad económica y una enorme industrialización (el propio Japón, Taiwan, Corea del Sur, Singapur, Malasia). Estamos hablando de dos países que lo ignoraban todo (o casi todo) el uno del otro, y cada uno de ellos situado en un extremo del planeta. Los unía su ultraderechismo, anticomunismo y antiparlamentarismo. Y que uno de ellos era una de las tres potencias del Eje y el otro simpatizaba claramente con el Eje (por lo menos en cuanto al sector falangista del régimen se refiere).

 

Otro tema que se aborda es precisamente las disputas entre las distintas familias políticas del régimen sobre si apoyar o no el esfuerzo de guerra japonés. Los falangistas durante un tiempo se identificaron notablemente con el Japón militarista y estaban a favor, mientras que los monárquicos y carlistas estaban a favor de los aliados anglosajones, especialmente de Gran Bretaña. En el libro se aborda cómo fue evolucionando y cambiando la política exterior española hacia Japón según la cartera de Ministro de Exteriores la ocupasen Ramón Serrano Suñer, Francisco Gómez-Jordana o Félix Mejía-Lequerica. Cada uno adoptó una política y una actitud diferente en función de su ideología, pero también de las circunstancias del momento, en las que España se veía presionada por factores externos. En ese sentido, las presiones de EE.UU. para que España dejase de colaborar con Japón fueron enormes y se nos amenazó con cortarnos el suministro de petróleo. Está claro que la posición de España en la Guerra entre EE.UU. y Japón o Guerra del Pacífico fue de debilidad e incomodidad. Si la imagen negativa que teníamos de los japoneses era la de unas hordas de bárbaros y saqueadores, la imagen negativa que estos tenían de los españoles era la de unos interesados y peseteros. Me llamó mucho la atención descubrir este detalle.

 

Franco y el imperio japonés es por tanto una obra muy interesante. Es cierto que la primera parte se hace un poco densa, pero a partir de la página 105, resulta muy amena y saber atrapar al lector. Su autor, Florentino Rodao, es doctor en Historia por la Universidad Complutense, y ha enseñado en las universidades de Keio (Tokio), Ateneo de Manila, Wisconsin (Madison) y Complutense. Es miembro asesor de la Revista Española del Pacífico y Presidente de la Asociación Española de Estudios del Pacífico.

 

Como el libro es de hace ya unos cuantos años, me figuro que la manera más lógica de conseguirlo será por Amazon.

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