Foto: Una de tantas residencias japonesas modernas, por la mañana. Un edificio moderno con garaje para sus coches y con los futones colgando de los balcones antes de ser guardados en los armarios. Las habitaciones de tatami, ese suelo de paja tan agradable para sentirse a gusto en casa, sirven tanto para dormir por la noche como para pasar la tarde en familia. 

 

El Japón en el que la familia solía dormir en una misma habitación permanece, pero solo en los hoteles tradicionales o ryokan. Amigos o miembros de una empresa pueden hacer viajes conjuntos que incluyen dormir todos en la habitación central, baño termal y desayuno japonés con pescado y arroz. Ahora, como en tantos otros sitios, los hijos suelen tener sus propias habitaciones y los espacios tipo occidental van ganando terreno. La cocina, con toda la serie de aparatos electrodomésticos de línea blanca gracias a los cuales empezaron a despuntar las empresas japonesas, tiene pocas diferencias con las de otros países. Y los materiales han mejorado. El pequeño y austero apaato de la posguerra ha dejado paso a la manshon, como en la foto, con mejores materiales y más amplias. El tamaño medio (80.9 m2) de las casas japonesas es comparable a las europeas (Alemania, 93,8 m2 y Alemania, 85,5 m2), no a las estadounidenses, pero el espacio está mejor utilizado y la tecnología más incorporada.  

 

A pesar de tanto cambio, el estilo de vida japones continua en el hogar. No solo porque las medidas siguen siendo los tsubo, 3,3 m2, unos dos tatamis, sino porque para dividir las habitaciones se siguen utilizando las puertas correderas, con un bastidor de madera relleno de algodón y cubiertas con papel decorado. Los armarios empotrados (oshiire) siguen siendo muy amplios para poder guardar esos futones por el día, y el papel, que tanto suaviza la luz interior, sigue siendo utilizado para separar espacios con esa intimidad tan calidad que posee. Y por supuesto, con el pequeño escalón a la entrada para dividir la entrada del interior, adonde se accede descalzo.

En la limpieza, de hecho, se puede decir que han sido los occidentales los que se han japonizado. Los cuartos de baño ya no están aislados y desde ellos ya no se puede contemplar el azul del cielo y el verdor del follaje ni el zumbido de un mosquito, como señalaba Tanizaki en Elogio de la sombra, elogiando a los retretes como la faceta en la que la arquitectura japonesa  alcanzó “el colmo del refinamiento”. Pero los retretes ahora siguen teniendo espacios independientes para el lavabo, el baño (más pequeño y más profundo que el español) y el váter. La tecnología suele ser más desarrollada incluso en los más baratos; se utiliza doblemente al agua que va al váter, por permitir lavarse antes las manos. Y se pueden graduar la temperatura del agua señalando los grados incluso en los aparatos de peor calidad: yo lo miraba como si fueran avances tecnológicos de última generación, pero me di cuenta que habían sido fabricados por empresas cercanas. Y lo que ha sido frecuente en Japón desde hace décadas, los váteres con chorros de agua regulables que evitan utilizar el papel higiénico, acaban de llegar a España; de hecho, se anuncian como “chorros japoneses.” 

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