Franco, Stalin y el espía Alcázar de Velasco

1988, pero no tengo escrito qué día. Fue mi primera entrevista con Ángel Alcázar de Velasco, totalmente nervioso hasta el punto que cuando no consiguió abrir la puerta de casa, me puse a hacer cábalas sobre los servicios de espionaje. ¿Lo habría hecho algún espía? ¿Alguien del Servicio Secreto nos estaba siquiendo? A los pocos minutos, la mujer vino y abrió la puerta. Nos sentamos, me relajé y pasaron a ser sus desprecios los que me pusieron nervioso. Lo primero, le pregunté si Franco sabía lo que hacía y me echó una bronca por la obviedad de la respuesta. También me aseguró que informó a Hitler de la bomba atómica.

 En fin, Alcázar de Velasco pasaba las tardes en el VIPS al lado de su casa en la Calle Ibiza. Le conocí gracias a Francisco Sánchez Ruano, un anarquista con mala suerte (pasó 11 años en la cárcel por una bomba en 1962 en el Valle de los Caídos que no puso) que iba con frecuencia al Colegio Mayor de Africa, donde era el subdirector. En esa misma cafetería le entrevistó Domingo Pastor Petit, un especialista en agentes secretos, autor del Diccionario Enciclopédico del Espionaje (Editorial Complutense, 1996), pero a mí me invitó luego a ir a su casa.

De hecho, al final, me propuso sacar un artículo sobre unas presuntas cartas entre Franco y Stalin para salvar a José Antonio. Le dije que era muy interesante… Lo cierto es que no tomé ninguna nota, quizás por ser la primera entrevista de un personaje de mi tesis, pero también porque tenía claro que a un espía hay que pedirle papeles, aunque pueda ser una incoherencia. Por de pronto, nos hicimos una foto en recuerdo de cuando era gitanito.

 

Seguimos viéndonos. Era consciente de que sólo podía obtener documentación si le veía más veces y aproveché que era Subdirector del Colegio de África para invitarle a una charla sobre “Técnicas de espionaje en la II Guerra Mundial”. Me acuerdo del título por las vueltas que le dí; algo  académico, pero que le permitiera explayarse, aunque apenas dijo que ahora las cosas se habían por el espacio. Pero llevó a su nieto a escucharle e incluso me mandó un trabajo suyo de la escuela. Ese día pasaron cosas raras. Mandé a buscarle a un residente en el Colegio Mayor para que le trajera y al llegar Alcázar de Velasco me dijo que tuviera cuidado con él. De hecho,  pasado un tiempo, en una fiesta en mi casa (con los más mayores tenía una relación diferente), me di cuenta que había entrado en mi habitación y al preguntarle qué hacía, respondió “espionaje” o algo así. Al poco se fue del Colegio. Ese día de la conferencia, vino un chaval joven con traje y corbata pidiéndome información sobre él, que estaba muy interesado y ardía en deseos de aprender. Le dejé un artículo de Gehrard Krebs traducido del alemán (la única traducción que he hecho del alemán, que además nunca he publicado), con la condición de que sólo era para para leerlo allí mismo. Pues fue dejarle en el bar, volverme al despacho y verle que se estaba montando en su coche llevándose el artículo; salí corriendo, impedí que saliera el coche, le cogí el papel y le dije que no volviera. No valió de nada; en la conferencia estaba oculto detrás de otra persona. Quizás vino porque en los cursos de espionaje les ponen a prueba como una forma de aprender a ser espías, posiblemente era un examen. De cualquier forma, cuando acabé la primera tesis, pensé en hacer una segunda sobre espionaje; pero sin documentos, la posibilidad de meter la pata se multiplica de forma exponencial.

He ido sabiendo datos sobre Ángel Alcázar. Su expediente personal en el Archivo de Exteriores como Agregado de Prensa en Londres (24 Belgrave square) incluye una solicitud en nombre del cura párroco de Mondéjar (Guadalajara) y don Jesús López, vecino. Pidió un tren a la estación del Niño Jesús para “facilitar la locomoción de los espectadores” y asistir a un festival taurino “a beneficio de la Iglesia parroquial de la referida villa”. Como se había autodenominado “de profesión diplomático”, y ya no estaba en Londres,  Tomás Gómez Acebo confirmó con el Jefe de Personal que ya no estaba en plantilla, y Serrano Suñer hubo de disponer que se le escribiera indicando que ya no podía usar ese título, aunque se lo dijeron verbalmente (8-6-1942). La solicitud del tren lo pidieron a la Delegación de Ordenación y Transporte, el 28-5-1942. Además, el expediente personal incluye un despacho del duque de Alba (569 de 28-9-1942) por una cuenta pendiente de pago que remiten a la Vicesecretaria de Educación Popular, Delegado Nacional de Prensa, donde dicen primero que desconocen su dirección (nota de personal 427 de 8-10-1942), pero luego que la harán llegar a su domicilio particular. Alba parece que esperó a que cayera Serrano Suñer a mandarla y Alcázar de Velasco era un personaje bien conocido. Según Nicolas Sesma fue el único no-licenciado que trabajo en el think-tank del franquismo, el Instituto de Estudios Políticos.

Tras irme a Japón, mencioné a Alcázar un artículo en el 50 aniversario del ataque a Pearl Harbor en El País y le mandé el artículo. Alcázar me contestó desde Móstoles a fecha de 8 de abril de 1992 y justo he encontrado el sobre cuando estaba escribiendo este texto, el 28 de abril de 2021. Tras la muerte de mi padre, estaba limpiando documentos de su casa, pero antes de tirar el sobre pensé en hacer antes una foto a tanto sello, y en ese momento fue cuando me di cuenta que iba dirigido a Japón, y después de los sellos de Alcázar por detrás. Finalmente, he recordado porqué ese sobre estaba allí: como era tan importante, lo deposité en casa de mi padre sabiendo que allí no se perdería. Estaba olvidado y precisamente el día anterior estaba pensando dónde estaría la carta del 8 de junio de 1992. Sorpresas te da la vida.

Es la primera y única vez que Alcázar me ha mandado documentación. Un telegrama con sello de su propia oficina (Delegación de Prensa) informando que Serrano Suñer le había remitido un mensaje: «Vuelve a España tan pronto como sea posible». El mensaje era de 9 de febrero, Alcázar habría regresado el día 19 y su coste habían sido 31.10 £. Dudo que sea verdad, a tenor de las fechas sacadas de su expediente personal: Nombrado por orden 321 el 18-12-1940, regresa a España el 30-5-1941 y cesa el 13-1-1942. No tiene mucho sentido que le hayan pedido que regrese justo al mes y pico de su nombramiento en Londres y sólo tendría sentido que lo hubiera hecho por razones de espionaje. Pero en ese caso no tiene sentido que ponga el valor; si hubiera viajado en submarino, como tanto le gustaba decir, el coste no debería ir reflejado. Para entonces, había ya línea regular aérea.

En 2002, Yayoi Kawamura, una de las grandes especialistas en arte japonés, y su marido, Javier Portilla, me llamaron para preguntarme sobre Alcázar de Velasco. Interesante, parece que fue el encargado de mantener intacto el arca-relicario que guarda los restos de San Pelayo en el Monasterio de San Pelayo durante la Revolución de Asturias, en 1934. Sabía ganarse el interés de la gente. En la última visita a los archivos de Estados Unidos (NARA), encontré una carta de un antiguo amigo de Alcázar que decía que había sido pistolero de José Antonio Primo de Rivera. Sugería al espionaje americano que dejara de seguirle, que no entendía el empeño en seguir espiándole cuando habían comprobado lo poco útil que era.

Con estos mimbres, lo más fácil ahora es reírse de Alcázar de Velasco. Era falangista, delator, mujeriego, pendenciero, violento, necesitado de dinero y otros cuantos epítetos más. Antonio Marquina escribió el primer artículo mofándose de su labor, titulado “TO. Espías de verbena” en Historia16 (vol. 32, 1978, pp. 11‑18) y Walter Oppenheimer, al reseñar el libro de Christopher Andrew, una historia autorizada del servicio de espionaje británico, el MI5, The Defence of The Realm (La defensa del reino), se refirió a los Anacletos de Franco (El País, 1 Nov 2009). En el último reportaje para Discovery Max me sugerían también que le pusiera más a parir. No quise hacerlo, aunque si hice algunas críticas e incluso eché una risilla. Al final, he acabado siendo un defensor de Alcazar. Por un lado, porque si decimos que la historia está escrita por los vencedores, no podemos hacer una excepción, ni con este señor, con una biografía tan execrable, ni con los perdedores en la II Guerra Mundial, por muy deleznables que sean.

En 2002, Yayoi Kawamura, una de las grandes especialistas en arte japonés, y su marido, Javier Portilla, me llamaron para preguntarme sobre Alcázar de Velasco. Interesante, parece que fue el encargado de mantener intacto el arca-relicario que guarda los restos de San Pelayo en el Monasterio de San Pelayo durante la Revolución de Asturias, en 1934. Sabía ganarse el interés de la gente. En la última visita a los archivos de Estados Unidos (NARA), encontré una carta de un antiguo amigo de Alcázar que decía que había sido pistolero de José Antonio Primo de Rivera. Sugería al espionaje americano que dejara de seguirle, que no entendía el empeño en seguir espiándole cuando habían comprobado lo poco útil que era.

Con estos mimbres, lo más fácil ahora es reírse de Alcázar de Velasco. Era falangista, delator, mujeriego, pendenciero, violento, necesitado de dinero y otros cuantos epítetos más. Antonio Marquina escribió el primer artículo mofándose de su labor, titulado “TO. Espías de verbena” en Historia16 (vol. 32, 1978, pp. 11‑18) y Walter Oppenheimer, al reseñar el libro de Christopher Andrew, una historia autorizada del servicio de espionaje británico, el MI5, The Defence of The Realm (La defensa del reino), se refirió a los Anacletos de Franco (El País, 1 Nov 2009). En el último reportaje para Discovery Max me sugerían también que le pusiera más a parir. No quise hacerlo, aunque si hice algunas críticas e incluso eché una risilla. Al final, he acabado siendo un defensor de Alcazar. Por un lado, porque si decimos que la historia está escrita por los vencedores, no podemos hacer una excepción, ni con este señor, con una biografía tan execrable, ni con los perdedores en la II Guerra Mundial, por muy deleznables que sean.

Segundo, porque no creo debamos seguir a los tópicos. Sí, es mujeriego, tramposo, vivía de engañar, torero y demás, pero su estrafalaria pinta ha facilitado culpar a extranjeros de la derrota en la II Guerra Mundial. Iwashima Hisao (岩島 久夫) publicó Japón, derrotado en la guerra de información [Jōhōsen ni Kanpai shita Nihon 情報戦に完敗した日本 , 1984], y con esta idea se han realizado el programa en la televisión japonesa NHK sobre él y otros textos posteriores.

Tercero, porque como espía es uno de tantos: da algunas verdades y muchas mentiras y quienes quisieron seguir con el a pesar de sus mentiras fueron los japoneses. Tras constatar sus mentiras en la primavera de 1943 a raíz de unas conversaciones de paz falsas, hubo un embajador que avisó que no podían seguir pidiéndole información (no podemos poner el carro antes de los bueyes), pero el ministerio de Exteriores japonés le siguió pagando. No sólo con él, sino en todas las legaciones.

Cuarto, Alcázar ha sido objeto de chanza incluso por sus amigos. El propio Serrano, aun reconociendo su antigua amistad, le criticaba injustamente al declarar “Hubo quien hundió acorazados aliados desde el café Gijón”. Se refiere al hundimiento por Japón de los buques británicos Repulse y Prince of Wales a los pocos días del ataque a Pearl Harbor y acusa al embajador japonés de estar embaucado por Alcázar, como si él nunca hubiera sido un incauto. Quinto, Alcázar parece ser de los que estaban solo de un lado.  El presunto apuñalamiento que le quisieron hacer en el Retiro, junto con Serrano Suñer, y el intento de que se pasara a los Aliados en 1944 apunta a ello.

Algunas de las cosas que dijo Alcázar pasan por un cierto filtro de veracidad. Gehrard Krebs, el primero que escribió sobre las relaciones hispano-japonesas en tiempos de guerra fue el primero que aseguró que el recorrido que describe por Alemania y su salida a Suiza era factible, aunque parece fantasioso decir que había salido de España en submarino eran fantasioso: todavía funcionaban los trenes. En Japón pude leer sus telegramas descifrados por Estados Unidos y en uno se refería a unas bombas que emitían un 50% más de calor: no eran las atómicas, pero hablaba de un tipo de bomba con una energía más poderosa.

También hay confirmación de sus facetas más novelescas. El diccionario del toreo, el Cossio confirma que había sido banderillero, y con un nombre poco nazi, Gitanito. Pastor Petit estaba alucinado de haberle entrevistado con una bella rubia abrazada y dándole besos en medio del VIPS, hasta el punto de que el propio Alcázar decía que parara; Antonio Cesar Moreno Cantano escribió sobre sus amantes en “Infidelidad, espionaje y amantes: las desventuras de Alcázar de Velasco y Luis Calvo en Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial” en Diacronie (2016). Por lo que se ve, eran todas de servicios secretos y quien más, quien menos, se esperaba algo de información junto con el sexo. Su fama de mujeriego en España debía de ser paralela a la de su mentor, a juzgar por las risas que se echó mientras le entrevistaba.

He tomado fotos de https://elblogdeacebedo.blogspot.com/2020/09/angel-alcazar-de-velasco-un-confidente.html

 No me han faltado ocasiones para criticarle.

 

Rodao095 ESTADOS UNIDOS ESPIO A ESPAÑA DURANTE LA    GUERRA MUNDIAL Historia 16, año XX, 233 (1995): 17-24.

 

  • Ángel Alcázar de Velasco, un “confidente” en la Asturias de 1934
  • Un espía en la funeraria

Viñas016 En torno a la leyenda que se fabricó Serrano Suñer (I)

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