Un juez sofisticado rememora la imagen de España

26 de mayo de 1994, sobre las diez de mañana. Bahía de Umatac, Guam, el lugar donde atracaba anualmente la línea de navegación anual más duradera de la historia, entre 1580 y 1810, cruzando el Pacífico de costa a costa. Se llamaba la Nao de Acapulco, o Galeón de Manila, el nombre dependiendo del lado del Pacífico desde el que se mirara. 

 

La percepción de España 

Ese día entrevisté al juez Vicente Diaz, la persona que mejor ha sabido expresar la idea que entonces había de España en Asia. Estaba ya un poco harto de las anécdotas y las batallas personales. Además, iba acompañado de su hijo, con el que discutió en algún momento, Vicente M. Diaz, quizás el académico de Micronesia de mayor prestigio, que además ha comentado esta entrevista a alumnos suyos en sus clases, según me han dicho en varias ocasiones gente que nos ha conocido. Vince también ha escrito mucho más en extenso sobre su padre en «Pappy’s House: History, Pop Culture and the Reevaluation of Filipino-American “Sixty cents” in Guam», en Luis Francia y Angel Velasco Shaw, The Philippine-American War and the Aftermath of the Imperial Dream, 1899-1999 (New York University Press, 2002), pp. 318-328, de donde he tomado las fotos, autorizado por Vince, uno de sus diez hijos. Y, en especial, en su Repositioning the Missionary: Rewriting the Histories of Colonialism, Native Catholicism, and Indigeneity in Guam (University of Hawai’i Press, 2010)

Mestizo casado con Carolina

El juez Diaz era mestizo (Mestizon Bangus/ Madalin Ma-ubus. Bangus es una especie de pescado, Madeli, en seguida, y Ma-ubo, se termina; una provocación en la escuela que podía suponer peleas, aunque se riera a posteriori), había nacido en Filipinas y tras casarse con una mujer carolina recayó en Guam en 1951 y tuvo un hijo, Vince, que no habla español, pero lo entiende, como tantos otros que en la posguerra asociaban a Franco con España. Se acababa de jubilar y fue un placer hablar con un tío inteligente que hizo un análisis más allá de su situación personal, lo que es más normal en la historia oral. Pues, en fin, este juez es mestizo filipino y se casó con una micronesia de Ponapé con la que se fue a vivir a Guam en el año 1951, o sea que también me interesaba por la tesis de Filipinas.

El Círculo Cervantino de Guam

Quedamos en la bahía de Umatac porque allí está erigido un monolito del Círculo Cervantino de Guam, del que fue uno de sus fundadores. Creado para no olvidar el español, era utópico desde el principio. Se puso una multa de 25 centavos a quien utilizara una palabra de inglés, pero al final lo que hicieron fue poner los 25 centavos desde el principio. Con ese dinero recaudaron fondos para un quisco en Agaña, la capital, y para el monumento de marras en Umatac. Nos dijo que era una asociación grande con la intención de fomentar la historia española y que los que hablaban español en Guam eran pocos, algunos de ellos filipinos exiliados, pero muy respetados, como Bordallo, Martínez, Matías, Velarde o Schnabel. «Sobre todo eran hombres los que hablaban español en Guam, eran la inteligencia», como recuerda mi amigo y académico de la Universidad de Guam, Carlos Madrid, incluyendo también al almeriense (Mojácar) Pascual Artero. 

La bahía de Umatac

La entrevista me recordó la primera visita a la bahía con Robert Rogers, el autor de Destiny’s Landfall. A History of Guam (1995, 2011), que me dio un tour completo en 1990. En Umatac, me pidió en broma que no citara su nombre en alto, porque se la tienen jugada, ya que aunque el monolito dice que allí recaló Magallanes-Magalhães en la primera vuelta al mundo, él y Dirk Ballendorf lo niegan. Aseguran que llegó por otra playa, justo donde está su casa.

Política y la relación con Filipinas

Sobre Filipinas antes de la guerra, aseguró que los españoles eran bastante visibles y había mucha opinión a favor de Alfonso XIII, pero ni siquiera le suena don Juan. La mayoría de gente de clase media era de habla española. Calificaba a los «notorios» falangistas como «anticatólicos» y los asocia con el antitodo. Hasta la Segunda Guerra Mundial, había muchas becas para ir a España, tanto de España como de una fundación activa. No ocurrió lo mismo después de la guerra.

 

Percepciones de España

Su opinión sobre España era que los españoles no discriminaban tanto a los indios como los americanos. Sobre todo estaba vinculada al catolicismos: «Mi catolicismo lo veo mejor comprendido en la manera española o castellana, mientras que el americano es más de paripé»; luego insiste refiriéndose a Estados Unidos por representar «la falta de moralidad». «Los españoles para mí significan la religión católica, también su disciplina es la mejor manera de criar los hijos», insistió.

El juez jubilado me dio quizás la clave de la tesis, porque le pregunté «¿Qué significa España para usted?», y me dijo: «La religión». «¿Y qué significa Estados Unidos para usted?». «La inmoralidad». Ahi está la clave de por qué lo español se mantuvo tan bien en las Filipinas hasta la Segunda Guerra Mundial, en la identidad con la religión y la religión como lo filipino. Si le preguntas a un tailandés cuál es la característica principal de su país, quizás te dirá la monarquía; si le preguntas a un japonés, quizás te señale al emperador o la singularidad de su cultura; si le preguntas a un chino, es la cultura ancestral o la comida, y así. Si le preguntas a un filipino qué es lo que le define, te contestará que es ser el único país católico (o cristiano) de Asia. Y hasta la guerra mundial esa identidad con la religión estaba más asociada a España que a Estados Unidos, asociado a protestantes e incluso a «inmorales» y ateos. Las órdenes religiosas, compuestas principalmente por españoles, simbolizaban esa imagen de España. Los norteamericanos que gobernaron Guam lo tuvieron muy claro: precisaban tener a los curas a su favor. Si los curas les ordenaban a los chamorros algo en su contra, los chamorros harían más caso a los curas. Supongo que en Filipinas ocurrió lo mismo.

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