Cartas en papel de vómitos de aviones

Enero de 2021, justo en medio de la nevada de Filomena en Madrid. Mi hijo se había quedado a dormir. Le enseñé unas cartas escritas sobre el papel para vomitar de los aviones escritas en 1990 que me acababan de devolver. Le conté que fueron escritas de pura emoción por viajar a la isla sobre la que había escrito un año antes. Y por la mañana, entre que la nieve impedía salir de casa, que le pareció divertido el formato y que le pareció exótico el lugar, se puso a leerlo, por primera vez en su vida. Un hito.

Rebeliones contra el imperio español

Fui a Guam en diciembre de 1990 a un congreso de la Pacific History Association. Y desde allí viajé a la isla de Ponapé, la actual Pohnpei, donde esta Palikir, la capital de los Estados Federados de Micronesia (FSM), un país que en extensión se acerca a Estados Unidos, casi todo océano. Justo cien años antes, eso era territorio español y se habían producido una revueltas sobre las que había escrito un artículo publicado el año anterior: «Conflictos con Estados Unidos en Ponapé: preludio para 1898». En 1887 una rebelión acabó con una buena parte del destacamento enviado desde Filipinas: el gobernador español, Posadillo, tres oficiales españoles, 75 soldados filipinos y seis monjes capuchinos. España después mandó otra con 700 soldados y un nuevo gobernador, Luis Cadarso y Rey, y aun así, precisamente en 1890, una nueva masacre acabó con 30 soldados. Tampoco fue castigada, dijeron que rechazaron el destacamento enviado a reprimirla y pidieron refuerzos, pero no llegaron y la guarnición española se limitó desde entonces a cuidar sus estancias, y nada más. España, además, hubo de indemnizar a Estados Unidos por un misionero metodista. Un tema fascinante, Ponapé era un territorio que en los mapas figuraba como parte del imperio español, había habido manifestaciones tumultuosas declarando que Micronesia era española, pero a la hora de la verdad nada de eso era “verdad”. 1898 fue simplemente una certificación de un declive que esa exaltación popular se había negado a reconocer, como en tantas otras ocasiones.

 

Emoción por el viaje

Y yo iba a hacer el viaje más alejado de mi casa, al culo del mundo. Hacía unos días que había llegado al Pacifico, a Guam, pero ahora me adentraba en los Estados Federados de Micronesia, en ese antiguo territorio teórico del Imperio español donde había ocurrido una revuelta que tan bien permite entender lo ocurrido en 1898. La emocionado estaba a flor de piel y desde que monté en el avión escribí sobre lo que encontré, primero en las bolsas para vomitar, después en los papeles para la inmigración y, finalmente, en las hojas del hotel donde me alojé. 

 

Por primera vez, interés en mi vida pre-padre 

A Flochan le atrajeron esas bolsas y se puso a leerlas después de habernos hecho las fotos sobre la nieve. Quedó evidente algo de admiración hacia su padre, aunque le costaba entender que hubiera ocurrido cuando él ni siquiera estaba en el éter. Le enseñé el libro Estudios sobre Filipinas y las islas del Pacífico  y por primera vez lo miró con un cierto interés que se magnificó cuando le enseñé el mapa dibujado por su querido Emilio Alfonso. Le conté cómo lo había dibujado, apenas con un mapa de base y sin tener más datos geográfico, por lo que dibujó a boleo la desembocadura de un rio. Le hacía mucha gracia, le llamó a Emilio y le grabó un vídeo felicitándole y riéndose. Y un servidor, orgulloso por los cuatro costados. De mi hijo, y de ser historiador.

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