Desmadre en la universidad

17 de diciembre de 2016. Una de la mañana. El famoso y divertido periodista Carles Capdevilla visitó La Sexta Noche, para hablar sobre la educación. Durante mucho tiempo, ha dado charlas muy entretenidas contando por todo el país cómo al tener cuatro hijos sabía lo que los pequeños le pedirían en el futuro. Para preguntarle, buscaron cuatro profesores que le hicieran preguntas; de párvulos, primaria y secundaria, y para la universidad me escogieron a mí.

Como es fácil imaginar, fue una experiencia agridulce. Esa excelente periodista que es Andrea Ropero me cambió el nombre, me titularon como catedrático sin yo decirlo (entonces era “catedrático acreditado”) y salimos a las tantas. Además, limitaron a 20 segundos mi exposición y Capdevilla se fue por la tangente con una respuesta de libro: «Confío en la labor de los profesores». Pero fue una experiencia muy interesante. Es la televisión, con sus normas, sus limitaciones y su público. Y además, Capdevilla merece el mejor de los homenajes tras su muerte por cáncer y es un orgullo participar en un programa como La Sexta Noche. Por eso, incluyo aquí tanto mi pregunta que redujeron a 20 segundos como lo que tenía escrito y me grabaron en ese minuto y medio.

Mi pregunta en televisión 

¿Cómo podéis ayudar los padres a ese salto intelectual, cualitativo, que deben dar los hijos en los años universitarios? Los padres están más preocupados por el plazo corto que por el largo. En lugar de impulsar el salto intelectual de sus hijos al entrar en la universidad, se preocupan de sus juergas y sus feromonas, y en especial de limitar su progresiva pérdida de importancia en la vida de sus hijos.

El texto original de minuto y medio era: 

Hola, Carles. Yo veo mi función opuesta a la tuya: tú sientes que debes «intentar controlar» a tus hijos mayores y yo creo que mi obligación es fomentar que se desmadren, que den rienda suelta a las muchas ideas que rondan por sus cabezas. Tienen inquietudes intelectuales, y muchas, y deben aprender a pulir ideas, a estructurar argumentos, a diseñar sus propios proyectos… la de empresas que han nacido haciendo y discutiendo trabajos para un profesor, y no solo las que conocemos de la web. Esa es la función de la universidad: que el alumno acabe superando al profesor. Mira, precisamente en unos días tengo la presentación de un libro de un alumno mío que sabe mucho más que yo de la guerra civil, materia sobre la que yo le di clases hace años. Es el objetivo de todo profesor universitario.

¿Cómo acabar con la querencia a la memorización?

Nosotros ya no damos certidumbres como en bachillerato, no tenemos que preguntar partes de la célula ni fórmulas matemáticas. Las pruebas no han de ser de memorización y por eso mis estudiantes pueden utilizar libros, internet y demás en los exámenes. Y ahí viene el problema, porque en ocasiones noto que los alumnos prefieren volver al sistema que han conocido de toda la vida y que les pida repetirme lo que se les ha dicho en clase; un poco como el animal que prefiere seguir encerrado cuando le abren la jaula. Lo comprendo, en un examen de memorización, cuantas más horas de estudio se saca mejor nota. Pero no en uno donde hay que argumentar. Hace falta tiempo para acoplarse a este tipo de exámenes, estudiar de forma diferente; ese día puedes haber dormido mal, igual no sale la chispa, puedes tener un día espeso o yo mismo puedo no darme cuenta de que el alumno domina el tema… La calificación puede ser más injusta, pero es que la vida fuera de la universidad es así, los premios o los fracasos no tienen por qué corresponder con el esfuerzo dedicado.

Los padres no se enfocan en el salto cualitativo

Y aquí viene mi pregunta ¿Cómo podéis ayudar los padres a ese salto intelectual, cualitativo, que deben dar los hijos en los años universitarios? Perdona que te apunte mi opinión: el nudo gordiano es la obsesión por las notas, que para muchos son como el PIB para explicar la marcha de la economía. Son su único marco de referencia; los padres van a protestar a los profesores cuando sus hijos suspenden, pero no se quejan si sus hijos no saben defender argumentos en público, ni porque tienen opiniones superficiales ni, yo que sé, porque se creen todos los bulos de internet. Y con la obsesión por las notas descuidamos, pienso yo, lo más importante, que los chavales piensen. Que sepan pescar, vaya.

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