La estudiosa juventud de Santiago Carrillo

Era un día muy frio de febrero de 1996, pero Santiago Carrillo exhumaba felicidad. Estaba por fin donde tantas horas había pasado en su infancia, el Colegio Público Cervantes. Tras regresar del exilio, había pedido visitarlo, pero los profesores se lo habían negado y cuando le indiqué que estarían encantados de recibirle, Carrillo no puso ninguna pega. El director le pidió firmar un libro y luego le dieron un paseo por las aulas charlando con los chavales y diciéndoles que estudiaran, se preció de ser un alumno estudioso. Un chaval me preguntó si yo era su guardaespaldas, porque iba con chaqueta y corbata: a un personaje histórico nunca se le deja de tener respeto, me repitió varias veces lo mismo que al Rey, “¡¡No me llames Don Santiago!!”.

Eugenesia en el Cervantes

Le conté a Carrillo que el colegio había conseguido que le financiaran unas dobles ventanas para poder dar clase tranquilamente, ya que el ruido del tráfico era infernal, cuando todavía existía el paso elevado. Mi madre fue la que me dijo lo del intento fracasado de Carrillo y también les puso a los alumnos a escribir a Felipe González a pedirlas, y precisamente cuando vino el funcionario de Moncloa me preguntó a mí al llegar, allí di las clases para conseguir el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica).

Carrillo me explicó la razón de los ventanales tan grandes del colegio a propósito de las ideas eugenésicas de comienzos del siglo XX, se inauguró en 1918. Si un niño/a pobre tenía medios para desarrollarse intelectual y físicamente, como luz, agua y ejercicio físico, podía desarrollarse tanto como el niño rico, aseguraba la eugenesia; no era solo el origen familiar. Y cuando fuimos al patio me señaló la fuente: “¿ves? Era necesario tener agua limpia para desarrollarse”. Antonio Flórez Urdapilleta, formado en la Institución Libre de Enseñanza, lo construyó con las aulas recibiendo la luz de forma unilateral y fomentando un mayor contacto con el exterior a través de una estructura metálica para conseguir grandes espacios internos, como asegura Enrique Fidel en Antonio Flórez Urdapilleta, arquitecto de colegios en Urban Idade, memoria de las redes urbanas. Flórez Urdapilleta también abrió unas galerías grandes para gimnasia o para juegos y para evitar el aire viciado hizo que los cristales de la parte superior de las ventanas se abrieran. Plantó arboles de hoja caduca para que proporcionaran sombra en verano. El colegio, de hecho, se hizo con la idea de ensayar nuevos procedimientos pedagógicos, llevar la educación a las familias y dar cursos de perfeccionamiento para maestros y en Bravo Murillo Flórez construyó el Jaime Vera, donde yo estudié (para mí siempre será el Zuma), también con grandes ventanales y espacios interiores para gimnasia. Cuando yo estaba, para cantar las Flores a María en el mes de mayo.

Las mujeres anarquistas hicieron una “huelga de vientres caídos,” que se llamó así, tener no más de dos hijos para que pudieran tener un desarrollo intelectual lo mejor posible. El colegio hospedó la Biblioteca Popular Ruiz Egea, donde tantas veces fui a estudiar y pedí cientos de libros en la adolescencia (como los de los Siete Secretos, que me los leí todos) y al lado tuvo al Hospital de Jornaleros. Es la diferencia de la eugenesia en Francia o España de la de Hitler.

Cuatro Caminos revolucionario

La familia de Carrillo había vivido en la calle Federico Rubio y Gali, esquina a una calle pequeña (donde hace poco desalojaron un After Hours a las ocho de la mañana) y no era extraño que fuera comunista. En Cuatro Caminos, la izquierda revolucionaria estaba encapsulada, según un texto que me mandó David Jorge. Los comunistas, desde la confluencia de Santa Engracia con Bravo Murillo (antiguo Camino de Francia) y desde allí hasta Tetuán, con un quiosco como centro de debate; enfrente los anarquistas, y en momentos ocasionales ametralladoras del ejército en la huelga de 1917 y durante la República, cuando se llamaba Glorieta del 14 de Abril, los falangistas, que mataron Joaquín de Grado en un enfrentamiento.

Especulación por el Metro de Madrid

En 1919, además, acabó allí la línea 1 del Metro, provocando un gran movimiento especulativo, los edificios Titanic (1921), por las chimeneas que recuerdan al que entonces era el barco más grande del mundo. Fueron los edificios más modernos y más altos de Madrid (35 m.) por estar fuera del Plan Castro de Ensanche que solo permitía 20 metros de altura -hasta que en 1929 se levantó el de la Telefónica (90 m.) Se construyó incluso un callejón como un alley de Estados Unidos, que no parece haberse usado nunca.

Los Cisnes Salvajes de Jung Chang

Conocí a Santiago Carrillo a petición de Jung Chang. Su Cisnes Salvajes. Tres mujeres en la historia de China (1994) había sido un fenómeno editorial en todo el mundo; no solo te atraía, sino que era imposible minusvalorar lo que contaba, como decía la solapa. Yo fui uno de los ávidos lectores de su libro de una forma inopinada; me lo regalaron para un viaje por el Pacífico, y aunque estaba visitando por primera y única vez en mi vida Chuuk o Yap, era ligero y cabía en el equipaje. Además de esas visitas, coincidí con historiadores y con amigos en Kiribati en Kosrae lo abrí y me atrajo, y en las Marshall ya estaba pendiente de leerlo. Por lo que cuando acabó el congreso y fui a Tuvalu y noté que tenía diarrea, fue una pequeña alegría: tendría tiempo para acabarlo. Me alojaba en un hotel moderno construido por la cooperación japonesa y, por supuesto, me lavaba los dientes con agua embotellada y no tomaba ensaladas, pero he solido tener diarreas en todos mis viajes.

Diploma de Estudios Asiáticos de la Complutense

En 1995, Jung Chang accedió a venir para inaugurar el Diploma de Estudios Asiáticos de la Complutense, el 19 de septiembre. Presidido por quien fuera embajador de España en Indonesia y por el vicerrector de Relaciones Internacionales de la Complutense, el salón estaba lleno, en la foto veo a Consuelo Marco, infatigable luchadora a favor de los estudios de China, con su marido, Wang Tang, al diplomático filipino Rey Carandang, a Álvaro Varela, a Santiago Castillo, o a Jesús Neira. Le llevó a comer jamón y todas esas cosas que uno disfruta en Madrid y la gozó. Comentábamos si un plato estaba salado, delicioso o poco hecho, si tenía un regusto sabroso o no y demás, echó de menos esa costumbre en China pero inexistente entre británicos, como me dijo.

Después nos hemos encontrado varias veces, les fui a ver a su casa en Notting Hill, me contaron lo que había subido de valor tras la película de Julia Roberts y el 5 de junio de 1999 fuimos a comer a su restaurante chino preferido con el traductor de las conversaciones entre Mao y Jawaharlal Nehru, un personaje también. La última vez fue en el año 2017, que vino a dar una conferencia en el CEU.

Entrevista en la Ortega

Me pidió un favor. Estaba preparando un libro sobre Mao con su marido, Jon Halliday, y quería entrevistar a Santiago Carrillo. Lo conseguí gracias a Jorge Verstrynge, profesor también en la facultad de Políticas, y le llamé a Santiago el día ese que el Numancia ganó una Copa del Rey, o algo así. Jung Chang y Jan y nos vimos cuando vinieron, alojados en el Hotel Palace. El 29 de diciembre de 1995 quedamos en la Fundación Ortega y Gasset y le entrevistamos con ayuda de Magdalena Mora. El estaba dispuesto a hablar abiertamente, una vez que ya había roto con el Partido Comunista y que a si sobrina le había encantado Cisnes Salvajes. Fue un placer, al fin y al cabo, era (y quizás es aún) el dirigente español que más Jefes de Estado había conocido y era un placer verle relajado y dispuesto a criticar a todos, incluso a el mismo (o engañar con su versión edulcorada, que lo hizo).

Carrillo invitado a China

La entrevista fue reveladora para mí. Carrillo estaba contando como funcionaba la política mas allá del público, advirtiendo que lo importante en las reuniones de los comunistas era quien escribía el informe final. Tener esa capacidad era poder y normalmente estaba a cargo de los secretarios generales. Carrillo contó su vida tras salir de España, como llegó a la Unión Soviética tras el Pacto Ribbentrop-Molotov y que rechazó la oferta de Lin Piao (con quien tuvo siempre unas relaciones muy buenas y con un nombre que luego suscitó bromas previsibles cuando cayó) a él y a otros dirigentes de la juventud comunista española para ayudarles a organizar el movimiento en China. El prestigio del No Pasarán era inmenso en esos momentos entre los partidos hermanos, pero Carrillo no se veía en ese puesto: “¿Qué iba yo a hacer allí?”; parece que compartía la idea orientalista de Stalin relegando a China a escenario secundario de una revolución mundial. Además, como Jan Halliday comprobó en los archivos de la Internacional Comunista, y me dijo cuando le vi en 1999, el Secretario de la Internacional Comunista, Gueorgi Dimitrov, tenía unos encargos distintos para él. Por cierto, uno de sus hijos se llama Jorge. La Pasionaria era la voz de Moscú, aseguraba que cuando ella decía algo diferente tenían que tener cuidado, porque siempre seguía las directrices; lo estaba haciendo desde su primera retractación a comienzos de la década de 1930.

Kim Il Sung: yo empecé la guerra de Corea

Las risas vinieron cuando Carrillo se refirió a su buena relación personal con Kim Il Sung, que de todos los dirigentes comunistas era con quien había establecido la mejor reacción personal; no me extraña, los coreanos son los mediterráneos de Asia. Y comentó que Kim (el abuelo, se entiende) le dijo abiertamente que él había comenzado la guerra de Corea. Ahí saltó Jung Chang recordando que la propaganda comunista siempre había asegurado que era el imperialismo americano el que había comenzado el conflicto y saltó: “Ahí, ahí tenemos la prueba”.

Comer en el Palace

Tras acabar la entrevista, Jung Chang y su marido dicen, “pues vamos a comer, verdad?.” Yo me puse a cavilar adónde podíamos ir, porque estábamos en el Palace y pensaba que Carrillo no querría comer allí. Propuse varios restaurantes e incluso tomar unos vinos por la calle Jesús, pero Carrillo estaba encantado. Y tampoco era la primera vez. Le trataron fenomenal; pero tras cada plato su cigarrito, eran los tiempos en que era factible.

David Jorge, su biógrafo

De Carrillo puedo decir más cosas de lo que me dijo sobre Asia, pero quien lo podrá decir mejor será su gran biógrafo, David Jorge, el historiador que más tiempo le ha tratado y con quien más sincero ha sido, Carrillo siendo bien consciente que a su edad ya tendría pocas opciones adicionales. Espero que saque pronto su libro. Y me echo flores por lo que incluí en su vida: fue alumno en primero de carrera y un día cancelé la clase para que fueran a verle y escucharle, todos los días no hay la suerte de tener la historia enfrente de tus propias narices. Además, ese día hubo unos ultraderechistas que le quisieron pegar y fue un hecho determinante para David, me alegro por haber puesto mi granito de arena en formar a un historiador tan importante. Ser profesor tiene muchas satisfacciones, entre ellas poner el granito de arena para que gente más joven se vaya formando mientras la relación se va haciendo de igual a igual y acabas aprendiendo del otro más de lo que tú le enseñaste. David Jorge es el caso pragmático. Ha habido mucha relación, mucha complicidad y habrá mucha investigación. Entre ello, el que espero sea el mejor libro que se escriba sobre Carrillo, gracias a esas conversaciones a corazón abierto, sabiendo que sería su última cita con la Historia, comprobando datos en archivos y analizándolos juntos. David quiere ir más allá de la típica biografía porque está escribiendo una historia del Socorro Rojo y de la Komintern a través de sujetos y redes de acción transnacionales, con Vittorio Vidali y Santiago Carrillo representando las dos generaciones de “caballeros templarios” del movimiento comunista internacional, con fases, dilemas, y la típica tensión entre heterodoxia y ortodoxia, culminando en la Guerra de España. Ahora, gracias a una tesis doctoral dirigida por Ángel Viñas Martin con una pequeña contribución mía, ya se puede decir que David Jorge se ha convertido en un gran historiador con su Inseguridad Colectiva (Tirant, 2016) David es el mejor ejemplo de la nueva historiografía en España y México. Y espero que en Asia, a ver si finalmente hace el estudio comparando los debates en la Sociedad de Naciones (1937-38) sobre los bombardeos en España y en China

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