Asociados para el gol

Uff, creía que me iban a llamar cenizo. Recién llegado a Tokio, he visto el partido España-Irlanda en un bar brasileño. Había lleno pero no hasta la bandera, y predominaban los proespañoles. Los más ruidosos, el grupo de japoneses con camisetas y banderas, estudiantes de español e intentando duramente pronunciar “Hierro” y “Raúl”. Poco interés en el juego y preguntas de neófito entre los españoles: qué es eso del fuera de juego, cuándo tocan los penaltis, etcétera. Lo que yo no entendía era cómo se había organizado entre la colonia española una reunión de este tipo, de forma autónoma e invitando a los amigos para disfrutar juntos. Las únicas reuniones de este tipo son las organizadas por la embajada, donde se asiste con un ánimo lúdico imperioso que en una ocasión llevó a asaltar la bodega en busca de jamones y vinos adicionales. Se intentó organizar una cámara de comercio a principios de los noventa, pero no fue posible a pesar de las ayudas prometidas. Al contrario que los canadienses o los expatriados de otros países que se reúnen periódicamente en bares. O los asiáticos en España, que se agrupan para todo, organizando desde sus fiestas a sus periódicos propios, o para verse. Los grupos se reúnen también por intereses, por afinidades e incluso por ser graduados de la misma universidad. Y nosotros sin un bar siquiera para disfrutar de estos momentos. O para sufrirlos.

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2002/06/17/pagina-61/33975855/pdf.html

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