Una de guerras simultáneas

Después de la derrota japonés, el emperador le confió a su hijo que los militares no habían sabido detenerse a tiempo. Es fácil imaginarse que se refiere al otoño de 1937, con la guerra en China recién estallada. Los nacionalistas de Jiang Jieshi (Chiang Kai-shek) aceptaron las condiciones del ejército japonés y éste sacó nuevas peticiones, imposibles de cumplir. La guerra en España tuvo que ver en ello. Los nacionales buscaban el reconocimiento diplomático con el apoyo de los militares y el Ministro de Exteriores, para evitarlo, propuso una condición: Japón reconocería a Franco sólo si éste lo hacía al Manchukuo de Pu-yi, el estado títere de Japón. Era un órdago, porque hasta entonces sólo lo habían reconocido El Salvador y el Vaticano, pero los franquistas lo aceptaron, arrastrando a los italianos, que reconocieron el Manchukuo el 30 de diciembre de 1937, el día anterior que Japón lo hiciera a Franco, seguido por el de Franco al Manchukuo. Hitler también fue arrastrado y dos meses después dejó en la estacada a Jiang, a quien había mandado antes mucha ayuda militar. Las dos guerras radicalizaron el mundo y acabaron dividiendo al mundo en los dos bloques que se enfrentaron en la II Guerra Mundial. Pero lo malo es que el visto bueno de los franquistas a ese reconocer el Manchukuo se dio a la ligera, al poco de ser preguntados. Se desencadenaron hechos muy graves sin sopesarlo. Total, todos eran chinos. Y todos son iguales. Como se dice ahora.

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