Inmolaciones y haraquiris

De nuevo, otro bonzo en Corea. Es normal en periodo electoral que alguno lo haga en favor de su candidato preferido y también varios coreanos se autoamputaron dedos para protestar por la visita del primer ministro Koizumi al santuario Yasukuni, hace poco menos de un año. En Japón también se ha hecho, aunque por su devoción tan intensa e inexplicable hacia la espada han predominado los haraquiris y las amputaciones. Lo hacen para mostrar que sus deseos son sentidos de verdad. Escribir una pancarta exponiendo los problemas con la sangre propia es demostración de sinceridad. Ayuda a que sea efectivo. En los años treinta, siete militaristas mandaron sus dedos amputados al tribunal que juzgaba al asesino de un ministro y la presión popular hizo que el juicio se convirtiera en un recusatorio contra el político a quien habían quitado la vida. Pero es imposible que eso ocurra en España. Desesperados dispuestos a ofrecer su vida, haylos. Falta, no obstante, la otra parte. Porque si en Corea o en Japón el suicida puede conseguir que su acto provoque una reacción positiva, en los países católicos no merece mas que condena. Si el bonzo se queja contra alguien, tanto mejor para el acusado, que se libra de un paliza: nadie se siente presionado para cumplir su papel en la sociedad. Y si alguien se autoinmolara a favor de la selección, el dictamen sería unánime. Chiflado perdido.

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2002/06/26/pagina-50/33994780/pdf.html

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